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Los políticos nuestros y el cortoplacismo de seguir siempre a la última encuesta

El porqué del vivir en un atolladero del que no podemos salir

Cuando Néstor Kirchner llegó al poder en 2003, la recuperación económica ya había empezado. La gente no la sentía en la calle, pero Duhalde ya había hecho todo el trabajo sucio. Fue él y no Néstor quien nos llevó del ¨infierno al purgatorio¨ , una línea que siempre le gustaba repetir al santacruceño. Cuando Macri ganó las elecciones presidenciales en el 2015 se encontró con una economía descentrada, desequilibrada y en franca declinación después de varios años de estancamiento. De nuevo, como había pasado en el 2003, esa circunstancia era clara en los papeles pero recién se sentiría con fuerza y entre todos nosotros entrado en el 2016.

Como para hacer todo menos claro y confuso, en una actuación que con el tiempo se le volvería totalmente en contra, Macri se encargó de no cargar las tintas sobre el gobierno anterior, tal vez por miedo a que si agitaba las aguas la economía se resentiría más aún. Un esfuerzo que terminó resultando vano, la economía siguió enfriándose aun cuando Macri - y a contrario de lo que se instaló en el imaginario popular- decidió tomar la ruta del gradualismo evitando realizar un ajuste mayor, demorándose así el proceso de baja inflacionaria.

Desprovisto de estadísticas, como un piloto sin radar en el medio de una tormenta, los argentinos habíamos perdido hacía ya tiempo la noción de cuál era la verdadera inflación, disfrazada además por aumentos salariales importantes que se financiaban con la emisión sin respaldo de pesos que luego se utilizaban para financiar gastos corrientes. Así se pagó una fiesta del consumo que duró largo rato pero que ya estaba agotada para cuando terminó su mandato Cristina Kirchner. Nosotros, como casi siempre, nos dimos cuenta demasiado tarde, eventualidad que Macri se ocupó de no aclarar. Una vez más nos habían hipotecado el futuro y nadie nos lo dijo, ni Cristina, ni Mauricio, ni nadie.

Es entendible que en un país donde hay 30% de pobreza este grupo sea una minoría importante y atractiva para las garras de los políticos. Un discurso populista, con atisbos de delirio, puede calar muy hondo entre esa gente y le puede rendir abundantes frutos a quienes se ocupen de pronunciarlo haciendo de esas palabras una bandera. Decir las cosas como son no paga con este grupo, pero tampoco con clases sociales también numerosas y un poco más acomodadas que sufren -y cómo- para poder llegar a fin de mes. Totalmente faltos de convicción, lo que sea que hagan hoy en día se nutre casi exclusivamente de lo que le indiquen las encuestas, es entendible que Cristina Kirchner diga los cosas que dice, o que no dice, y que Macri haya callado la verdad cuando hacía falta que alguien la grite más que nunca.

Con el objetivo en mente de ganar la próxima elección, y todas las que sigan, el incentivo entonces está puesto en generar un efecto de corto plazo instrumentando políticas que tengan que ver con eso y nada más. Esto termina perjudicando a todos sin excepción y una prueba cabal de cómo nos ha afectado ese tipo de comportamiento es que Argentina ha venido decayendo, por décadas, en los rankings mundiales de desarrollo y progreso. Como resultado de políticas cortoplacistas, hace ya mucho tiempo que vivimos en un estado de continuo retroceso. La educación toca con su vara mágica a cada vez menos gente, la calidad de los trabajos posibles de realizar no deja de bajar y es cada vez más la gente que se cae del mercado laboral y que pasa a depender parcial o enteramente de la ayuda estatal, ya sea en la forma de planes sociales o subsidios.

Al estado entonces la plata no le alcanza y además de emitir se ve obligado a subir impuestos hasta la asfixia. Eso alimenta un estado enorme, poco práctico e inoperante que gradualmente va ahogando todas las posibilidades de un sector privado cada vez más oprimido. La inversión baja, los capitales huyen y somos así cada día más pobres e iletrados. Cada vez hay menos para repartir entre todos y la carga de la ayuda social se vuelve intolerable aun para un estado paquidérmico.

Así es como estamos hoy. En manos de políticos ocupados del corto plazo, amigos de la palabra irresponsable y del atajo fácil. Salir del atolladero en que estamos metidos no será cosa de niños. Ni las políticas irresponsables y alocadas del kirchnerismo ni el gradualismo fashion de Macri, que algunos insisten con llamar ajuste, habrá de llevarnos demasiado lejos. Mientras tanto, todos los seguiremos votando, esperanzados tal vez con que alguno encontrará alguna fórmula mágica para salvarnos. Tal vez los el gobierno de Cambiemos esté algo más lejos de los cantos de sirena que tan bien supo ensayar el kirchnerismo, y antes el peronismo, pero parece rehusarse también a abrazarse a cualquier política que implique sacrificios de corto plazo aun cuando nos permitan evitar el circulo vicioso en el que hace ya varias décadas estamos inmersos. Para reflexionar.

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