Blogs Ver todos los posts

No hay trabajo sin educación: El mercado laboral y los cambios que se vienen

En el mundo, el futuro del mercado laboral abre día a día nuevos debates como los efectos de la robotización o la necesidad de que se instaure el ingreso universal. Los robots, o grandes computadoras que son conocidas como tales, ya han comenzado a dejar gente sin trabajo en Estados Unidos por ejemplo, mientras que el ingreso universal se vuelve una realidad en Finlandia. El mercado del trabajo comienza a sufrir entonces una metamorfosis acelerada en el mundo desarrollado y lo propio terminará pasando en el nuestro, tal vez años más tarde, pero de manera indefectible.

La situación de inestabilidad del trabajo en el mundo preocupa y mucho a las economías más avanzadas, pero por otro lado, lo que trae cierto alivio es la certeza de que el sistema capitalista por el que se rigen casi todos los países del mundo hace de los consumidores su columna vertebral. El trabajador es un consumidor y sin trabajadores no habría consumo y el sistema todo colapsaría.

En nuestro país, la robotización no es un tema que esté en el centro de la escena pero hay ya incipientes muestras de un creciente desempleo friccional. Esto es que la masa laboral disponible no esté preparada para atender la demanda que plantean la innumerable diversidad de nuevos trabajos que se crean. En realidad, es el desempleo estructural el que todavía sigue al tope de la agenda. Son ya varios años los que lleva la economía con serias dificultades para crear empleo en el sector privado. En todo este tiempo, el generador casi exclusivo de empleo, y de muy baja calidad por cierto, ha sido el sector público. Una suerte de desempleo encubierto, con consecuencias fiscales notorias de la mano de una mayor presión fiscal y elocuentes consecuencias negativas para el estado general de la economía.

Mientras tanto, la mitad de los chicos que inician el secundario no lo terminan, y de los que lo hacen, la mitad tiene problemas comprendiendo textos. Y la pobreza, encima, ataca a uno de cada tres argentinos. Un contexto desgraciado, que tiene consecuencias previsibles, como que haya 1.5 millones de desocupados y 4.5 millones de empleados en la informalidad. Un coctel explosivo, baja creación de empleo, informalidad laboral, y cánones de educación de una bajísima calidad. ¿Cómo salir de ese atolladero?

El camino parece largo, larguísimo, pero ante la desazón del momento uno no puede sino rescatar una frase de uno de los triunviros de la CGT, el sindicalista Juan Carlos Schmid: "Si la educación es cara, prueben entonces con la ignorancia". La clave está precisamente en mejorar la calidad de la educación en Argentina -un proceso más que extenso-, mientras tratamos de atender los cambios que se están viviendo en la dinámica laboral. Además de educarnos más y mejor tenemos que entender muy bien cuales y cuantas van a ser las nuevas fuentes de demanda laboral.

La tecnología juega definitivamente un papel central en este nuevo mundo que está asomando. Y los desafíos del futuro laboral hay que enfrentarlos de cara a ella y no dándole la espalda. Mucha gente teme que sea el avance de la tecnología el que los deje sin trabajo, pero la clave está en reconocer los cambios y adelantarse a ellos. Como por ejemplo tratar de identificar cuáles van a ser los empleos del futuro, muchos de los cuales están asociados con el trato -buen trato- humano, que ninguna máquina o tecnología están en condiciones de reemplazar. Hoy gracias a los avances tecnológicos la pobreza extrema en el mundo está en aproximadamente el 9%, todavía un número altísimo pero infinitamente inferior al de más de 40% de 50 años atrás.

La tecnología no provoca entonces pobreza como muchos temen, todo lo contrario. Pero si no hay que tenerle miedo al avance tecnológico, sí hay que tenerle miedo a la falta de educación. Para los años que vienen es central que en todos los ámbitos, y particularmente desde el estado, se estimulen procesos formativos que nos permitan romper la actual inercia de creciente ignorancia en la que estamos inmersos. Y como este es un proceso que lleva muchísimos años hace falta que apuremos el diagnóstico, coincidamos en la solución y avancemos en un plan de ejecución. Para que esto suceda hace falta la colaboración de todos, pero quienes más tienen que aportar en el proceso son nuestra clase política y el sindicalismo, todos los cuales deberían dejar sus ideologías y la defensa de los intereses sectoriales del lado de afuera de la puerta.

¡Comentá esta nota!

Para escribir un comentario, antes deberás seleccionar una identidad.

[X]

* 600 caracteres disponibles

Comentarios

El comentario no será publicado ya que no encuadra dentro de las normas de participación de publicación preestablecidas.