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Protestar trabajando

Cuando sin darnos cuenta somos funcionales a otro

Hoy es jueves 6 de abril, día del paro general convocado por la CGT. Las razones del paro esgrimidas por la central obrera son "el malestar general" y la necesidad de manifestar un "desahogo". Tal vez en la vaguedad de las consignas se encuentre la verdadera motivación de los organizadores, el sindicalismo argentino, y también de todas las expresiones políticas y sociales que los acompañan en la ocasión, esta es la egoísta defensa de sus intereses corporativos. Aterrados ante el posible final de un status quo de largos años y que los tuvo de principales beneficiarios, espantados ante un potencial cambio que nos convierta otra vez en un país normal, sin curros, prebendas y capitalismo de amigos, los une todavía una cruzada en la que ahora se preocupan de arrimar a todas las almas inocentes posibles.

En las marchas docentes, -fogoneadas por un gremio corporativo, anquilosado y ahora en franco conflicto con una izquierda que amenaza su hegemonía de décadas-, en la marcha anterior de la CGT y en la disputa de ese día por el palco, en la marcha del 24 de marzo pasado donde por primera vez en democracia se reivindicó al ERP, Montoneros y grupos afines, en todas ellas se ve la mano de un grupo de gente preocupada por la posible transformación de un país tomado de rehén en beneficio propio, mientras nos hacían creer a todos que en realidad lo hacían por el nuestro. Tan bien han hecho su trabajo, sobre todo desde la política, que en la zona más pobre de Argentina, el conurbano bonaerense, el peronismo y varios de sus grupos satélites siguen disfrutando de una popularidad importante. ¿Cómo se puede explicar lo inexplicable? ¿Cómo es posible que después de décadas de tanta postergación todavía ahí quede gente dispuesta a votar por quienes los han liderado durante todo ese tiempo y con resultados catastróficos bien a la vista? En pequeña escala, en Entre Ríos tenemos en Concordia una situación parecida, con una población que a pesar de años de pobreza y decadencia sigue votando a los mismos que los han ido hundiendo cada vez más en el hoyo.

Más allá de que no ir a trabajar el día de hoy es una manera válida de expresar frustración, bronca, e impotencia ante las dificultades del momento, hay que tener bien claro que el único y contundente objetivo que se alcanza con este paro es el de darle poder de fuego a toda esta gente que lucha por la supervivencia de su poder, de sus intereses, y en muchos casos de su fortuna. Que no vayamos a trabajar tiene un costo para todos como sociedad y no nos enaltece ni nos dignifica. Incluso para muchos significa resignar un ingreso diario muy necesario para poder seguir parando la olla. Claro que esa no es una circunstancia en la que necesite reparar toda esta gente que convoca y promueve el paro ya que ellos cobran igual aunque no vayan a trabajar.

Tan preocupados están ante la posibilidad de perder sus privilegios que algunos que no han hecho un paro en quince años ahora aparecen como fervientes defensores de los trabajadores, mientras otros acuden a la amenaza y al agravio como una forma de disuadir a los que, por necesidad o convicción, querían asistir a sus trabajos este día jueves. Cuando trata de "carneros" a los laburantes de su gremio que no pueden darse el lujo de tomarse el día, Viviani, por siempre a cargo del sindicato de peones de taxista, sintetiza de alguna forma lo que siente ese gran grupo de poder amenazado, la gran mayoría de los cuales no habían apoyado una medida de este tipo desde los días de Alfonsín, de De la Rúa, acaso de Menem.

Para todos los que alguna vez sentimos que éramos los grandes beneficiados de la década ganada es indispensable que nos ayuden a correr el velo, y que nos demos cuenta que no hubo milagro y sí mucho engaño. Ni la pobreza, ni la miseria, ni la indigencia se pueden ocultar ya más, y encima tenemos un país devastado y quebrado que será muy difícil de poner en marcha otra vez, una tarea que se haría aún más difícil, diría imposible, si quisiéramos volver a recuperarnos echando mano a las fórmulas de los últimos diez años.

Este país necesita un cambio. Necesita de gente esforzada y dispuesta a abrazarse a la cultura del trabajo y que entienda que la dedicación general al estudio es tal vez la única forma de que todos y no solo algunos podamos salir adelante. Necesita de un compromiso que haga que las frustraciones y las broncas se dejen de lado y que eso de poner el hombro y agachar la cabeza y seguir laburando no sea solo cosa de unos pocos. De la queja, la indolencia, del insulto, de la vagancia, de creernos más que el otro, de no aceptar las diferencias en el marco de respeto, de todas esas cosas deberíamos ocuparnos de excluirlas de un proceso de construcción republicana que necesita de lo mejor de cada uno de nosotros. Yendo a trabajar hoy y siempre sería una buena forma de comenzar a recorrer ese camino.

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