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Salto Grande y el realismo mágico: De los pedidos de indemnización a los llamados a hacerse cargo

El viernes de la semana anterior se juntaron en Concordia los intendentes ribereños del lado argentino en el marco de una reunión que se dio en llamar "Agenda Litoral". La reunión, que había sido convocada no solo por el intendente de Concordia sino por el de Salto -Andrés Lima- quien finalmente no asistió, tenía por objeto abordar "la situación de las localidades aguas debajo de la represa binacional Salto Grande".

El corolario fue un documento, donde las autoridades presentes plantearon, además de un "protocolo de actuación de Salto Grande ante crecidas extraordinarias", "la necesidad de un sistema de indemnización para las localidades que sufran inundaciones que superen la cota de riesgo de las ciudades de Concordia y Salto", con los montos determinándose a partir del "análisis de las crecidas medias extraordinarias de los últimos diez años, y proporcionalmente a cada una de las localidades ubicadas aguas debajo de ambas ciudades".

Casi como una muestra de realismo mágico. Debo decir que cuando leía esta parte del documento me sentí trasladado a Macondo, a la tierra de fantasía de Gabriel García Márquez. Es que frente a una propuesta tan pobre, casi delirante, uno no puede sino relacionarla con la literatura fantástica del gran escritor colombiano. Más inteligentes, Lima y el resto de los intendentes de la otra costa eligieron no participar de un evento que dejó en evidencia la alarmante falta de ideas de nuestros jefes comunales para ocuparse de una problemática bien grave y compleja. Los mismos que - por las razones que sean- no terminan de instrumentar la única medida efectiva y contundente para derrotar el agua. Prohibir expresamente y por todos los medios que se siga construyendo por debajo de las cotas permitidas. Y en menor medida terminar con las obras civiles pendientes de defensa en ciudades como Concordia y Concepción del Uruguay.

El intendente Lauritto, de Concepción del Uruguay, es el único que salvó la ropa. El único. Si bien no llegó al extremo del intendente de Salto, el convocante ausente, de felicitar a Salto Grande por la manera en que gestionara la crecida, sí se atrevió a cuestionar el manejo que se hizo de la represa y también de sus excedentes durante los doce años de gestión del kirchnerismo, los últimos cinco de los cuales tuvo a su cargo la delegación argentina en la CTM Juan Carlos Cresto, padre del actual intendente de Concordia.

Mientras lo escuchaba una incómoda audiencia, y haciendo gala de una independencia que es bien conocida en los medios políticos de la provincia, Lauritto aseveró que "la verdad es que se nos va a hacer complicado, y lo digo sin tapujos, explicar que en estos 12 años de nuestro gobierno hemos sabido perder cosas. Por ejemplo, los excedentes de Salto Grande, porque no hay que tener temor en decir que algunos malos compañeros, más que malos funcionarios, no quisieron atender los reclamos que tenían que ver con la tarifa, porque desde ahí viene el origen de los problemas". "El dinero que nos falta hoy, porque hoy tenemos que reclamar lo que es justo, pero los que dejamos de cumplir fuimos nosotros. Esto tiene que quedar claro. Porque si no estamos buscando los enemigos donde no existen. Por eso, a nosotros hoy se nos hace mucho más difícil reclamar lo que es nuestro" continuó. En el remate, su consejo fue el de "ir a una instancia absolutamente de diálogo con Salto Grande".

De los demás se escuchó más de lo mismo, ni una coma diferente a lo que estamos acostumbrados. Tal vez valga la pena resaltar la cifra de 2.500 millones de pesos que recibió la región en concepto de excedentes en estos últimos 20 años, según comentó el senador provincial Angel Ghiano, cifra que si no fue mayor es exclusivamente por culpa de quienes ahora se quejan, según las propias palabras de Lauritto. Y también tal vez valga la pena preguntarse dónde fue todo ese dinero que es mucho a pesar de todas las quejas. Donde quiera que haya ido, la verdad es que no se ve, así que serían más que bienvenidas las explicaciones del caso.

En definitiva, a pesar de toda la cháchara, la reunión puede calificarse como productiva en el sentido que ayudó a poner las cosas blanco sobre negro y se terminaron de delinear con claridad las responsabilidades del pasado, que no son cosa de hoy como se las quiere hacer aparecer. Habrá que ver en qué queda eso del llamado al diálogo. Hoy claramente las partes no parecen estar escuchándose y el bloque de intendentes del lado argentino aparece encerrado en una posición de confrontación inexplicable, como si pretendiera evitar hacerse cargo de las culpas -que son varias- y que le competen en esta situación difícil que están viviendo nuestras ciudades y pueblos de la costa del Uruguay.

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