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Sociedad virtual: una elección de todos

La tecnología está muy lejos de ser un simple “instrumento” al servicio de sus usuarios, ya que afecta y modifica la vida de quienes la incorporan.

Coincido en que de algún modo, total o parcial, cambia la vida en sociedad: modos de relacionarnos, de sentir, percibir y hasta condiciona nuestro lenguaje. Sin embargo, no termina de conformarme la “teoría” de que-al igual que un gobierno dictatorial- nos ha sido impuesta, así sin más...de la noche a la mañana. Afiliarnos a esta mirada me resulta conformista, ya que la mayor parte de las veces la implantación se produce gracias al consenso, más o menos amplio, y en masa.

Así como aceptamos pagar el tomate, la nafta, el pan, y hasta nuestra propia salud a un precio disparatado… de igual modo hemos cedido un rol primordial a la tecnología, aquello que creemos un “ser todopoderoso” y salvador de nuestras vidas.

El dilema es propio y debemos hacernos cargo. Si somos parte de una montaña receptora y ciega, que aún no ha configurado sus deseos, no podremos huir de la dependencia política y económica que la implementación de las tecnologías surgiere.

Pero ya es tarde. El “otro” ha llegado, y con muchas ganas de quedarse. Como una epidemia, se expandido a lo largo y ancho del mundo.

El sociólogo y semiólogo entrerriano, Héctor Schmucler sugiere: “Difícilmente podría encontrase un país donde la presencia de estas tecnologías no haya producido algún tipo de influencia que, con el correr de los procesos de implantación, determina fuertemente el tipo de sociedad”.

Cabe destacar que para Schmucler las nuevas tecnologías no solo tienen que ver con nuevos dispositivos de comunicación(o incomunicación), ni con los diminutos aparatitos que nos mantienen online, ni las computadoras. Para él, las nuevas tecnologías tratan de un cúmulo de instrumentos materiales, conocimientos, e incluso habilidades con las cuales la comunidad modifica el medio ambiente físico.

Schmucler atribuye a las tecnologías el don y la magia de condicionar el “qué ” y “cómo” hacer de la sociedad. Las tecnologías tienden a modificar los procesos de comunicación y participación social. Los ejemplos sobran: el voto virtual, el aprendizaje en las escuelas a través de computadoras, los mensajes de texto, la escucha solitaria a través del walkman, y la ausencia de aquella fabulosa y anticuada “caja de fotos" que ya no encontramos en el hogar, gracias a las posibilidades “ilimitadas” que nos ofrecen las cámaras digitales.Y lo peor de todo es que en nuestros chips mentales no tengamos registros de cómo y cuándo llegaron a nuestras vidas.

Paulatinamente fuimos abandonando la “vida casera”. Recuerdo con lujo y detalle una foto de cuando era pequeña: posaba de vestido rosa junto a un oso de peluche marrón oscuro y una carretilla de juguete, que me había obsequiado “la Licha” una amiga de mi abuela Angélica. De fondo, un primo aparece cortando la enredadera.

Hoy, los recuerdos nítidos sobre las imágenes no son habituales. Llenamos la memoria de nuestros dispositivos con tantas que ya ni recordamos de qué año datan.

No considero que el cambio esté mal, pero sí añoro y sueño con volver a una época en que “heredábamos” una foto. Hoy, hacemos múltiples copias y tenemos más de 40 versiones de una fiesta.

La radio no quedó afuera en este embrollo. Allá por los años 30 la escucha era “familiar” y por qué no comunitaria. Quizás no muchos recuerden las famosas “radio capillas”, artilugios de épocas de gloria. Ante ella se pactaba un punto de encuentro: el día y la hora en donde congregarse a disfrutar de ese momento mágico en donde se volaba con la imaginación de manera grupal.

¡Carajo que han cambiado las cosas! Hoy necesitamos de la máxima cantidad de imágenes posibles, y explicaciones, para adentrarnos en una historia. Antes solo bastaban dos o tres voces-aunque desconocidas- para ser parte de una trama que no se ve pero se siente…como si fuese real.

No considero que la tecnología haya arruinado nuestras vidas, pero sí pienso que le hemos dado silla, ropa y cama en nuestra cotidianeidad. No se trata de despojarnos de las comodidades que nos ofrece, sino de hacer un uso medido .Y cada tanto, propongo volver a encontrarnos para escuchar en familia un radioteatro. Volver a esas viejas reuniones donde nos entusiasmábamos tanto que olvidábamos sacar fotos.

No voy a culminar sin antes recordar aquellas reuniones donde los tíos se disfrazaban, con cualquier cosa: un mantel, un collar, y hasta las pulseras de las “señoritas” servían de atuendo. Las payasadas y la música eran lo que hoy son las tecnologías. Nunca faltaba uno que se paraba en la silla, y hacia de “comandante” como mi tío Aníbal. Hoy, ese papel lo tienen los artefactos, que nos emboban con una estúpida y sensual pantalla…

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