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¿Es el paro la única opción?

El año entra en su recta final, comenzamos a tratar de ir finalizando los asuntos pendientes, atento que la ansiedad crece a ritmo del stress. Ya comenzamos a palpitar el 2017.

Todavía no entramos en esa faceta de balances y reflexión, estamos justamente en el periodo previo, donde todo aquello que no hicimos en los primeros nueve meses se tiene que hacer en tres.

Esto incluye desde bajar los kilos de más para estar esplendido para la temporada estival, pasando por aprobar las materias pendientes, pintar la casa, pagar cuentas, y la lista no termina más, porque el año se nos escurre de las manos de una forma tal que pareciera imperceptible, hasta que lleguemos al 31 de diciembre y caigamos en la cuenta que ya el 2016 es parte del pasado.

Entonces no resulta descabellado que, como padres, nos pongamos a pensar también en los avances académicos de nuestros hijos, y quienes ejercemos la docencia universitaria por ejemplo, nos demos cuenta que quedan pocas clases, y tenemos varios temas por desarrollar, y se nos vienen las mesas de exámenes, estamos inmerso en estos maratónicos meses.

¿Cuántos días de clases han perdido nuestros jóvenes?, es una de las preguntas que se me vienen a la mente, ya en reiteradas oportunidades manifesté como docente que no comparto la idea del paro como medida de fuerza, aunque reconozco el derecho constitucional de ejercer la huelga.

Pero mi pregunta va más allá, como egresado de secundaría pública, y haber sido graduado y pos graduado de Universidad pública, no puedo mejor que contar brevemente mi experiencia, todos los lunes o los viernes en mi secundaria era "paro", al punto que había materias que teníamos clases solo una vez en el mes, que generalmente era para exámenes porque debíamos tener nota.

Nunca empezábamos las clases pos vacaciones el lunes, ya dábamos por descontado que sería un martes o miércoles, al punto que posponíamos nuestra visita a la peluquería u otro compromiso relacionado con la escuela, por eso si llegásemos a arrancar en fecha, lo más probable era que no estábamos preparados.

En lo personal no me consideré el mejor alumno, pero tampoco el peor, lo que sí estoy seguro que iba a una escuela secundaria que tenia, y creo según comentarios, mantiene un prestigio en su labor educativo, pero en el primer año de la facultad me di cuenta que no todos partíamos del mismo capital cultural.

Muchos compañeros de facultad tenían adquiridos conocimientos que yo siquiera había visto, y después solo el tiempo sumado al esfuerzo permitió que, esa diferencia inicial al menos no se note tanto.

Ya en la facultad, el mayor temor no era no tener clases, porque por la carrera que elegí podía igualmente avanzar estudiando en casa, el terror era perder mesas de exámenes, y con esto atrasarme, fue así que muchos de mis compañeros optaron en las épocas de mayor conflicto por ir a una universidad privada.

En síntesis, yo obtuve los beneficios de la educación pública, ejerzo la docencia en ella, pero no puedo ser más que crítico con el paro como herramienta de protesta, siendo que mi experiencia de alumno- docente, siempre arribó a la misma conclusión, no se afecta al poder, sino a quienes hemos elegido para el centro de nuestra vocación "los alumnos".

Quienes realmente se ven afectados por cada minuto de clase que se pierde, son nuestros alumnos, no los gobernantes de turno, y piénsese que mi experiencia implico mínimo 6 gobernadores, un tanto igual de presidentes, etc.

Nadie creo que piense realmente que los docentes no deberían ganar más, ni creo exista docente en la faz de la tierra que considere que está ganando por sobre lo que debería, pero en la administración de la escasez, porque no nos olvidemos que pensar en un aumento salarial a los docentes implica necesariamente pensar en un aumento a todos los empleados públicos, porque no debería siquiera pensarse que hay empleados públicos con mayor o menor derecho a recibir un aumento por sobre los demás, hay que pensar en las posibilidades reales de poder dar un aumento.

Esto significa que al discutir aumentos, hay que discutir la capacidad real de pago de los mismos, y proponer realmente como el Estado puede hacerse de aquellos recursos necesarios. Justamente el haber logrado instalar la práctica de la paritaria nos conmina a debatir en base a argumentos acompañados de números, y esto no significa que no pensemos que los salarios se han afectado por la inflación.

Simplemente considero en la experiencia que uno tiene, que no puede ser igual a la de otros, que el paro no contribuyó a mejorar la educación, y de fondo tampoco logró una verdadera composición salarial del sector docente.

Quizás el mayor desafío para quienes han elegido ser representantes gremiales, sea el encontrar las vías menos extremistas para encausar los conflictos, mientras tanto el tiempo corre y estamos cerca de terminar el año, y otro paro se avecina?

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