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Algo está mal

Dos de enero, aproximadamente a las 18 horas, estábamos con mi familia en casa, algo atípico considerando la hora, pero justo coincidió que estamos de feria, no hay clases, y al mismo tiempo recién comenzaba el año. En eso suena la alarma del auto, algo habitual por las vibraciones que se producen cuando pasa un colectivo, o una moto a gran velocidad.

Mi esposa fue hasta la puerta, y desde ahí desactiva la alarma, para volver a activarla, hasta ahí nada nuevo, pero no habrán pasado ni cinco minutos, que una vecina toca el timbre, y nos pregunta sí teníamos la ventana rota de la puerta del auto, porque estaba por empezar a cortar el pasto y no quería que pensemos que ella había sido.

Cuando miramos, efectivamente, estaba rota la ventanilla del acompañante, vidrios esparcidos en mil pedazos, empezar a ver que nos robaron, cuando descubrimos que lo único que robaron era el cenicero del auto, que quizás tendría 10 pesos, o menos. Pero el dato que nos descolocó fue que justamente había una llave de nuestra casa ahí, que accidentalmente quedó, así que tener que cambiar la cerradura, hacer la denuncia, tramite ante el seguro para que nos cubran el daño, etc, etc.

El stress que produce, el costo económico, son ya parte de la rutina, porque la realidad que no es el primer robo, es más quizás vamos por el número 10, dependiendo como uno contabilice, ahora lo más dramático y triste fue la reacción de Mateo - mi hijo mayor de 5 años- quien ante la escena, atino a decir "papá para que vas a llamar a la policía, sino hacen nada, ni buscan las cosas", "los ladrones hacen lo que quieren", esa frase demolió como un castillo de naipes toda la construcción jurídica y filosófica que uno tiene, voló por los aires la confianza en el Derecho, y por sobre todas las cosas, puso en crisis mi rol en la sociedad, en la vida, y me puso en la encrucijada de darle la razón a mi hijo, o contradecirlo con el temor de no tener los argumentos necesarios para explicar la importancia del derecho, de vivir en sociedad, de no optar por la ley del talión, ni la ley de la selva.

Pensaba en mis alumnos, y la unidad dos de la materia cuando hablamos del Estado, del origen del estado, pensaba también en la filosofía del derecho, y ese estudio por el ser, por la esencia, y las distintas corrientes que lo analizan.

Pensaba en todo eso mientras miraba a mi hijo con su mirada asustada, y esa sensación de sentirse inseguro, al mismo tiempo Sofía con sus 3 años no entendía lo que pasaba, sólo podía decir palabras como ladrones, vidrios rotos, policía.

Mateo convive con el derecho como todos, pero particularmente él desde que nació fue viendo y escuchando sobre "el derecho", es más muchas veces nos acompaña al estudio, cuando no está ayudando a acomodar – a desacomodar también- los libros en las bibliotecas, libros que contienen el deber ser, la explicación de las normas, entre tantas cosas.

Algo está mal sí a los 5 años perdemos la fe en el derecho, algo está mal sí uno no puede convencer al hijo de que las instituciones sirven, algo está mal sino podemos darles seguridad a nuestros hijos.

Esto no quiere decir que todos son iguales, pues las generalizaciones son de por sí arbitrarias, pero es una verdad irrefutable que lograr la confianza en el Estado no será fácil, y debo pensar que diré en marzo, cuando deba dar una vez más la unidad dos de Derecho Público, cuando deba convencer a mis alumnos de que el estado sirve.

Algo está mal sí yo mismo no creo en definitiva en lo que digo, porque ante la mirada triste de Mateo, mí única respuesta fue "tenés razón".

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