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El principio del fin

Las imágenes del atentado ocurrido en Francia, son impactantes, tanto como las de cientos de muertos en manos del terrorismo organizado. Donde los límites son una vaga utopía, y el odio se viste de traje negro, descargando ira sin piedad, los inocentes son mayoría, pero funcionan de símbolo para una guerra que poco sentido tiene.

Los muertos inocentes duelen siempre, sean victimas de la inseguridad, la desidia, el terrorismo, o la locura de un asesino, como es el caso del hombre que asesinó a su novia, frente al hijo de 2 años, para luego suicidarse. Podemos relatar una larga lista de victimas, quienes en un instante caen en las manos ensangrentadas de sus ejecutores.

El estado, los estados y la comunidad en sí, poco pueden hacer a priori ante sujetos cargados de odio, dispuestos a matar y morir, sin siquiera analizar el daño ocasionado a sus victimas, en muchos casos justamente lo que los motiva es el efecto domino, usar la sangre derramada como principio de una escalada de violencia.

Estamos acostumbrados, lamentablemente, a la violencia, verbal y física, las imágenes en los medios de comunicación son cada vez más explicitas, generan menos impresión, la repitencia de hechos de violencia en el mundo entero transmitidos prácticamente en vivo, provocan el acostumbramiento visual, la pérdida del asombro.

Pensar vivir en paz en una sociedad violenta, es de una ingenuidad grave, máxime si poco hacemos para luchar contra un instinto irracional, primitivo y atentatorio contra la existencia de la humanidad.

El odio no conoce límites, solo sabe reproducirse, y conseguir socios circunstanciales, mediante la autovictimización, culpando siempre al otro, para lograr su objetivo.

Los problemas de violencia extrema, que tienen como emergentes la violencia familiar, de género, narcotráfico, delincuencia, y terrorismo son un tema que debe preocupar a la comunidad internacional, porque se violan sistemáticamente derechos humanos fundamentales.

La comunidad internacional, no puede hacerse la desentendida ante los problemas que cientos de países sufren, como consecuencia de grandes fallas de las potencias internacionales, que han fracasado- cuando lo han intentado- en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, y mediante la implementación de políticas económicas excluyentes, dejaron a varios países junto a sus pueblos en la miseria.

La exclusión social no se manifiesta solamente en problemas de carácter económico asistenciales, sino también en la violencia predominante, la cual no discrimina.

No tomar conciencia colectiva es el principio del fin, volver una vez más a la sensación del estado de naturaleza, donde nuestra supervivencia solo se garantiza por uno mismo, recurriendo a más violencia; proteger a los nuestros bajo el convencimiento que debemos estar preparados para destruir al otro.

Este no es un problema local, sino internacional, solo mirar a nuestro alrededor y vemos como también se padece la violencia, no sirve competir desde lo cuantitativo o cualitativo, cada vida humana que se pierde importa, las estadísticas poco le sirven a quienes lloran sus muertos.

En lo local estamos presenciando un clima pre electoral, donde varios se van probando el traje que dejará CFK, muchos preocupados por instalarse como marca, producto, al mejor estilo del marketing publicitario, poco dicen que piensan hacer, o la pregunta menos fácil de contestar, el cómo lo piensan hacer. Parece que la batalla es de colores y slogans, un clima de pobreza intelectual que nos pone una vez más ante la encrucijada de la inmadurez política del electorado, porque no debemos desconocer que cada movimiento está basado en las permanentes encuestas que se realizan para ofrecer un candidato a la carta, al estilo del mejor restaurant que se nos pueda ocurrir.

Además de los problemas domésticos, que lógicamente tenemos, es crucial conocer la política internacional a desarrollar por quienes pretender ser presidentes, y como esto podría repercutir en nuestro país; temas como narcotráfico y terrorismo son vitales.

La economía siempre presente, y en el concierto internacional no es un dato menor, a sabiendas que en las últimas décadas el capitalismo en sí sufrió grandes golpes, que llevaron a replantearse varios de sus dogmas.

Entre sombrillas, pileta o playa, la realidad nos invita a preocuparnos y exigir a nuestros representantes que se ocupen, pero sabiendo que nuestro rol no termina solo en la exigencia, sino en actuar en pos de la paz.

Muchos dirigentes ganan tapas de diarios mediante misiles verbales, acusaciones picantes o frases irónicas, dosis de violencia simbólica innecesaria, lo saludable es que quienes se crean con condiciones de administrar nuestro país, debatan en público, y si algo se deben criticar sea dentro de las reglas de juego democráticas

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