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Hacia un peronismo republicano

Todos sabemos que es el peronismo, pero al momento de definirlo no podemos, nos pasa como el tiempo, rememorando a San Agustín quien nos decía "¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente" (Confesiones, XI, XIV, 17).

El peronismo existe, de eso no cabe duda, tiene un pasado, quizás uno de los más cuestionados de la historia institucional de nuestro país, con defensores y detractores por doquier, con un marcado peronismo y antiperonismo, un presente muy particular, y estamos quienes creemos que también un futuro, pero de la mano del concepto republicano de la política.

El peronismo como tal fue definido muchas veces por su fundador, el General Perón, y quizás siendo una de sus mejores intérpretes Evita, con un claro mensaje pragmático, donde se debía "actualizar" la doctrina, y justamente su carácter de movimiento – diferenciándose del partidismo como tal- le ha dado un gen de supervivencia muy particular, logrando bajo un mismo paraguas aglutinar tanto a la derecha y a la izquierda, con un núcleo central, resumido en las famosas tres banderas: independencia económica, soberanía política y justicia social. La tercera posición, quizás uno de los pilares fundacionales, pero sin lugar a dudas el pragmatismo es la característica básica, ser la respuesta política a las necesidades de turno, de ahí su vocación genética hacia el poder, y esa incomodad insalvable a ser opositor.

Pero claramente el mundo fue cambiando, sin un mundo bipolar, luego de la caída del muro de Berlín, y un capitalismo que ha dado muestras de una fuerza imparable, donde se mimetiza y se refuerza, acudiendo incluso a estrategias antes impensadas, dan un marco geopolítico distinto al del nacimiento del peronismo.

Hoy, luego de años de ejercicio del poder, se encuentra en una crisis existencial, y debe necesariamente sufrir una mutación genética para la supervivencia, dicha mutación debe además hacerse de tal forma que mantenga su esencia, sino estaremos en la puerta del fin. La política tiene una frase célebre pero que nos describe como una radiografía: "te acompañamos hasta la puerta del cementerio, pero no entramos", haciendo alusión al valor lealtad, pero poniendo siempre por sobre todas las cosas a la supervivencia política. Nadie se suicida en política.

Quienes nos autodefinimos peronistas, nos encontramos en la disyuntiva de seguir siendo, pero al mismo tiempo entendiendo que las diferencias cada vez son más notorias, entre quienes creen en la confrontación como un mecanismo de construcción, y al mismo tiempo la justificación de atravesar la institucionalidad en el marco de un todo vale, el famoso lema del "fin justifica los medios", o la construcción de un peronismo republicano.

Y quienes nos enrolamos en esta posición – en la cual somos mayoría aunque quizás no tengamos claramente referentes nacionales- consideramos que la madurez cívica y democrática, nos tiene que llegar a todos, y los peronistas no estamos exentos de esta etapa de la vida política. Y esto no implica absolutamente ir en contra de nuestra esencia.

Comprender que respetar las reglas de juego es esencial, y sí las queremos modificar, lo debemos hacer por las vías institucionales. Entendiendo sí a la política como una herramienta de transformación social, donde habrá lucha de intereses, pero que esto no signifique una pelea sin cuartel, sin códigos.

Entendiendo que los liderazgos no se pierden por hacer del diálogo y del consenso un mecanismo de articulación política. Y este transitar en la cuerda floja, nos hace replantearnos el no caer en el extremismo que tanto criticamos del radicalismo, esa imagen seguramente distorsionada, donde los vemos debatiendo una y otra vez, sin tomar decisiones, y cuando se toman es tarde.

En parte el famoso trasvasamiento generacional, o renovación, por usar términos que van quedando en desuso, hoy tenemos que comenzar a hablar de la transformación del peronismo, donde el profesionalismo, la inclusión de todos los sectores sea una realidad, y en esto la democratización partidaria jugará un rol decisivo, como la grandeza de aquellos dirigentes que deberían dar un paso al costado, apoyando a nuevos dirigentes, que garanticen la existencia del movimiento, de lo contrario de ser los dirigentes, pasarán a ser los verdugos de un movimiento político transformador. Porque la credibilidad debe construirse, y difícilmente seamos creíbles que somos otros siendo los mismos. La verdad se va cotizando satisfactoriamente.

Cambiemos necesita de un peronismo opositor, que se convierta en una alternativa válida, la democracia en sí necesita del peronismo, pero de uno que haya comprendido que todos hemos madurado.

La transparencia, la honestidad, y la lucha contra la corrupción deberán ser banderas que el peronismo republicano deberá enarbolar, y defender, generando los anticuerpos necesarios para descontaminarse, sabiendo que la corrupción no es patrimonio exclusivo del peronismo, pero eso no es excusa para no empezar de una buena vez por todas a oxigenarse, pues quien pierde sin un peronismo republicano será el pueblo y la democracia.

Quienes somos peronistas, y nos sentimos republicanos estamos decididos a trabajar desde ese lugar, y aprendiendo incluso de la oposición, entendiendo que es una fortaleza la autocrítica, y aprender de los otros.

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