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Un diálogo de iguales

Quizás en el lugar adecuado, en una librería, buscando un libro más para ser parte de mi biblioteca, me encuentro con una colega, abogada, docente y académica como uno, inexorablemente empezamos hablando de libros, editoriales, ciencia e investigación.

Después de concluir ambos que en la ciencia, el mercado que la rodea (centros de estudios, editoriales, etc.), no es neutral, sino que siempre representa algún grupo de poder (empresas, países extranjeros, grupos políticos, el propio gobierno de turno, etc.), naturalmente terminamos hablando de política.

Al comenzar cada uno mostró su identidad política, ella radical, yo peronista, su novio socialista, y en el devenir de todos los temas, analizando el nuevo escenario político no pude más que sentir que hablaba con un igual.

Porque ambos coincidíamos en las políticas de Estado que se deben mantener, al mismo tiempo de la cantidad de cosas que se deben mejorar, dejamos los dos en el diálogo cualquier extremismo, o defensa por la defensa misma, nos paramos desde nuestros principios y formación.

En el recorrido histórico ambos hicimos autocrítica, como la contextualización de los hechos en cada momento, es fácil juzgar la historia desde un escritorio 50 años después, sabemos que se debe analizar junto con el contexto.

También rescatamos el valor del bipartidismo, como la certeza que ni el radicalismo, ni el peronismo han dejado de existir, porque ambos tienen detrás no solo una historia, sino que cada partido (aunque en lo personal sigo la tesis que el peronismo es un movimiento político), cuenta con cuadros dirigenciales muy potables, muchos jóvenes preparados que están esperando su oportunidad.

No podíamos eludir hablar del nuevo gobierno, del escepticismo que nos generaba, y al mismo tiempo, el sentir republicano que nos unía, que implicaba la necesidad que al gobierno le vaya bien, para que a todos nos vaya bien.

En este diálogos de iguales, entre está radical y este peronista también concluimos que ambos desde nuestro pequeño lugar en el mundo, debíamos defender los derechos reconocidos, plantear una oposición constructiva, siempre cada uno desde su espacio, sin inmiscuirse en la vida interna del otro, porque ninguno de los dos, seguramente entenderíamos la cultura política que nos destaca a ambos.

Un día cualquiera, en una librería, se dio un diálogo entre iguales, personas que creen en la democracia, desde ideologías que parecen distintas, pero no son tales, convencidos de la necesidad de encontrar coherencia, ambos con la pasión por la investigación académica y sin transar con el poder oculto detrás de la ciencia, como dije al principio un diálogo de iguales.

Quizás se piense que es una columna contra el Pro, en absoluto, también dentro de sus filas conozco gente de diálogo, inteligente y trabajadora. La mirada absolutista, el pensar que todos los peronistas son iguales, todos los radicales son iguales o todos los del Pro también, es de un reduccionismo que no nos debemos permitir.

Todos debemos tomarnos el tiempo para leer la voluntad popular, más de la mitad eligió un candidato, casi la otra mitad otro, esto no nos habla de una división tajante, nos habla que todos los políticos deben escuchar a su electorado, y también al del otro, porque el diálogo entre iguales, es el diálogo con el prójimo.

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