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Caciques, bancas y viceversa

La elección del domingo 22 asoma, para muchos, como un capítulo superado de una historia de tiempo infinito, es que concluido el 2015 ya se discutía el 2017, lo que opacó cualquier logro del año intermedio que no sirvió sino para otra cosa que para ser un constante disparador de un comicio al que hoy, el oficialismo provincial le quiere restar expectativa pero que al gobierno nacional le da un espaldarazo de cara al 2019.

"Se eligen diputados nacionales, no se plebiscitan gestiones" sintetizó el gobernador Gustavo Bordet al reunirse con la Liga de Intendentes peronistas a los que les pidió que salgan a buscar a los indecisos y también a los que no votaron en las primarias de agosto.

Sabe el gobernador que la debacle del kirchnerismo puede arrastrarlo y que buena parte de la posibilidad de que eso suceda, es que lleva, pegado en la gestión y sobre su hombro nada más y nada menos que a los protagonistas de las décadas del sueño entrerriano de las que él está pagando los platos rotos interna y externamente, moral y económicamente.

Cierto es que las elecciones de medio término son poco atractivas y que es el tecnicismo del Congreso el que impone la distancia entre el vecino y la banca. De todos modos, para cada gobernador, cada escaño cuenta a la hora de hacer valores su poder de negociación y mucho más si el que lo ocupa es un delfín.

Para Bordet la cornisa sobre la que camina es cada vez más delgada. Por un lado se puso al hombro una campaña que tuvo un resultado poco feliz en las primarias y por otro, apunta aseparar una cosa de otra, pero sabe que de la buena relación de sus legisladores depende también su buena relación con el gobierno nacional con quien tiene un fluido diálogo desde el inicio de la gestión pero también a quien cuestiona con severidad en la provincia.

Está fresca en la memoria de todo el arco político la compleja relación de Bordet con los cinco diputados nacionales por Entre Ríos que se resistieron, sistemáticamente, a acompañar los proyectos del gobierno nacional en el Congreso, muchos de los cuales contaban con el expreso apoyo del gobernador y con el agravante de que en muchas ocasiones los legisladores rebeldes ni siquiera estaban en el recinto para sostener su negativa a los proyectos a los que públicamente tanto se resistían.

Pasada ya esa situación, y con el resultado de las primarias en la espalda, la provincia puja por remontar ese revés y presiente que la diferencia de agosto puede repetirse el domingo 22, fecha en la que más allá del resultado se pone en juego el 2019 pero sobre todo, quién ejercerá el poder en la Legislatura local pero también en el Congreso.

Juan José Bahillo que comanda la bancada peronista deberá ceder su lugar a Raúl Riganti que llegó a los medios nacionales por la denuncia de su sucesor, Darío Benedetti, que alertó sobre una operación con sobreprecios en el municipio por unos 13 millones de pesos.

La llegada de Riganti no es la mejor noticia para Bordet que prometió deshacerse de todos los que tuvieran algún procesamiento en la Justicia. De todos modos esa no sería la cuestión más álgida a salvar luego del 22 donde el peronismo deberá definir quién conducirá la bancada en lugar de Bahillo y cómo negociará de aquí a dos años en adelante.

La elección puede transformar a su vez el mapa de bloques de la Legislatura local, ya que las minorías podrían elegir una subsistencia cómoda o un acuerdo político que los catapulte al 2019, ya que si el oficialismo vuelve a perder la contienda, serán cada vez menos los que, como en el juego de la silla, puedan ocupar un lugar expectante para la próxima elección en la que se pondrá en juego mucho más que las cinco bancas que se disputan ahora.

La variable del futuro es un paradigma que también atraviesa al Senado donde hay algunos repitentes que ya olfatean que de no ganar esta elección no habrá lugar en la futura lista para ellos en 2019, lo que, en síntesis, y afortunadamente, le da más margen de maniobra al gobernador que con un mal resultado en la mano, tendrá la excusa perfecta para desplazar a los que ya o serán parte en la próxima pulseada.

En el Congreso, una aritmética compleja alumbrará con el resultado de la elección del 22 ya que, por ejemplo en el Senado son varios los bloques unipersonales que se convertirán en caciques de sus propias bancas, dado que hay una veintena de legisladores que quedaron en el Senado pero se diluyeron las estructuras con las que llegaron.

Así, la discusión estará dada en cómo se designan las nuevas autoridades de bloque y cómo se traspola a las cámaras, locales o nacionales, el resultado de una elección. Como ejemplo, ilustro, o pregunto si se dará la posibilidad de que un presidente de bloque continúe en funciones con una derrota en su departamento que le dobla la espalda.

Ciertamente la elección legislativa dará una nueva geografía al Congreso y una encuesta fresca a todo el país, pero seguramente también pondrá en debate los roles de los que, sin estructura tienen banca, y viceversa.

En el caso de Entre Ríos, al tener la gestión la impronta del peronismo, la conversación política no exigirá demasiado pero la sensibilidad de los que han vivido siempre del Estado, aceitará los diálogos para que los ex fervientes ultra kirchneristas encuentren su mejor versión moderada. De hecho cierto clima nuevo se impone en los pasillos de la casa gubernamental, no sólo por lo que puede venir como resultado de la elección, sino y sobre todo porque ese será el disparador de 2019 y en la grilla hay muchos, para poco que repartir.

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