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Camuflaje electoral

La Cámara de Diputados en el Congreso de la Nación avanzó esta semana con un dictamen de comisión para llevar al recinto la reforma política que se había anunciado al inicio de la gestión. Entre sus puntos principales se cuentan la Boleta Única Electrónica, la paridad de género, las candidaturas únicas y el marco para las internas con algunos de los puntos que establece la nueva norma.

En Entre Ríos, el debate está demorado aunque subyace cierta opinión favorable a un cambio de fondo en el sistema que, a juzgar por las últimas elecciones, reclama medidas concretas que lo pongan al ritmo de los tiempos que corren.

El reloj del Congreso marcará, sin duda, la agenda legislativa local ya que una vez convertida la reforma en ley nacional, la provincia podrá adherirse al nuevo sistema. De todos modos y antes de ir a la cuestión de fondo, resta saber cómo se van a salvar algunas otras cuestiones que no son menores y que también son electorales.

En la provincia la resistida ley de internas abiertas, más conocida como Ley Castrillón, es uno de los puntos a salvar a la hora de asegurar un verdadero cambio. La norma, que ha unido a todas las fuerzas tras el reclamo de su derogación, subsiste a pesar de sus propios mentores.

Los cambios que se introdujeron horas antes de la última elección, con el fin de que los partidos que no hayan constituido alianzas antes del comicio no pudieran hacerlo después, dejó escapar la posibilidad de plantear una reforma seria y de fondo para ir hacia una modificación de corto plazo que apuntaba sólo a la conversación política de esos días.

Transcurrido el tiempo y desde una mirada retrospectiva, la censura a las futuras alianzas fue más un paraguas que una acción que trató de evitar una suma que aún hoy está dentro de las posibilidades del menú electoral.

Ahora, la incertidumbre arranca antes de la discusión preelectoral y está asentada sobre el desenlace de la interna radical. De su resultado surgirá el nuevo interlocutor del centenario partido no sólo hacia sus afiliados sino, fundamentalmente, hacia el resto de las fuerzas y sobre todo hacia adentro de Cambiemos que es el marco donde hoy conviven radicales y macristas como vecinalistas y otras expresiones políticas.

Al margen de ese destino, confluyen oficialistas y opositores en la necesidad de darle a la política mejores herramientas. El estilo de los nuevos gobernantes se diferencia del anterior de modo superlativo y la expectativa de los vecinos está puesta en una mejora en el ejercicio electoral.

Aún así, las últimas semanas han dejado varios eslabones sueltos que demuestran que los cambios que vendrán por ley no alcanzan para hacer de la política el arte de lo posible. Antes de eso habrá que alcanzar algunos acuerdos que sellen las heridas que quedaron de la última elección y logren encolumnar las fuerzas bajo una contienda de medio tiempo que promete un par de cargos para muchos que quedarán afuera.

Hasta ahora, la discusión ha sido geográfica y de costa a costa. Y, de vez en cuando pero cada semana con mayor intensidad de más confrontación entre la provincia y la Nación. Si bien hasta acá Gustavo Bordet se desurribarrizó, cierto es que cada foto con el macrismo caló en los huesos de sus mentores del urrikirchnerismo con quienes comparte buena parte del gabinete.

Señales en varias direcciones es el común denominador de estos días en los que una fracción de la vieja guardia peronista se reaglutina, el kirchnerismo provincial se camufla como parte de una segunda renovación, el bustismo vuelve a retocarse para una nueva contienda y la oposición busca cuál serán las patas peronistas que le permita andar con firmeza la próxima elección.

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