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Convenciones y convencionalismos

En 2008, con la reforma de la Constitución, se avanzó, al menos en la letra, en muchos aspectos de la vida institucional y política como económica de la provincia. Sin embargo, ese paso hacia adelante quedó opacado por la política partidaria cuando el peronismo de Jorge Busti y Sergio Urribarri se enfrentaron en una interna que ahora promete terminar.

A casi una década del cono de sombra que le impuso Urribarri a Busti, algunas novedades del escenario político transforman esa dialéctica y lo hacen de una manera tan inexpugnable que, si todo confluye como aparenta, los dos serán parte del mismo frente que en estos días, con evasivas y elipsis, van cimentando camino a las legislativas de octubre.

De esa época, de la reforma, quedó truncado el convenio colectivo de trabajo de los estatales, una herramienta que a la hora de las paritarias y de la negociación, es vital, aunque en este caso específico se trataba de los municipales que no alcanzan nunca la categoría de "estatal".

En 2008, el entonces diputado peronista y municipalista, Juan Carlos Almada, pujó desde su banca de convencional constituyente por una ley que reglamente las convenciones colectivas de los municipales pero, fue en vano, porque al margen de los acuerdos políticos del momento, esa ley nunca vio la luz.

Ahora, la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) anunció que fue convocada por el gobernador Gustavo Bordet para avanzar en una norma que establezca la convención colectiva de los estatales provinciales, lo que constituye un paso institucional que pronto y con este antecedente, van a comenzar a saborear el resto de los municipales de la provincia.

La definición no es menor en un contexto económico complejo y si se tiene en cuenta que la medida tiene que ver más que nada con la decisión nacional de trasparentar el gasto público y darle trazabilidad a la gestión.

Fue el propio gobernador Gustavo Bordet el que reconoció este jueves por la tarde que "acá no hay milagros: o se aumentan los impuestos o se reduce el gasto" al hablar de la decisión de su gobierno de pedir un nuevo empréstito por cuatro mil millones de pesos.

"Tal como manifesté en reiteradas oportunidades, encontramos a la provincia en una grave situación financiera, con grandes déficits tanto fiscal como de caja, y con muchas dificultades para sortear la situación", introdujo el mandatario, al tiempo que evocó "momentos muy complejos" entre los que destacó el mes de diciembre de 2015, a poco de asumir en el cargo.

Bordet , en síntesis, reconoció hoy que lo que recibió de Urribarri es lo que todos sabemos: Una provincia en rojo.

"En esto no hay milagros: o se aumentan los impuestos o se reduce el gasto", sintetizó el gobernador y aseguró que se tuvo "la precaución de no aumentar aún más la presión fiscal" y de cumplir con el compromiso de "no ajustar a costa de salarios o de despidos de trabajadores públicos", dijo a FM Litoral

La opción de los impuestos no es la que se espera. No sólo porque ya son altos sino porque sin aumento salarial, una suba impositiva sería una retracción letal en la microeconomía local ya resentida.

El sinceramiento de Bordet dejó al descubierto que recibió y también la gravedad de los números que a más de un año de gestión cuesta mucho torcer.

En la cola de los que esperan un cambio a favor están los docentes que, aglutinados en un frente sindical, empujan una conversación que no está dando resultados.

De los 45 mil maestros que tiene la provincia hay 900 cobrando el básico. Si esto es así, como dice el gobierno local, la propuesta no es mala y más aún si se sostiene la ecuación que lanzó Bordet el año pasado: Por un pizarrón hay cuatro maestros dijo, demostrando lo laxo del régimen docente y la razón por la que el gremio no quiere discutir el presentismo.

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