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Efecto dominó

Con las boletas que sobraron de la elección del domingo sobre la mesa, y el listado de flamantes ex funcionarios en la mano, si algo le faltaba a la postal del post urrikirchnerismo en la provincia, era la certeza de que uno de sus principales contactos en el gobierno nacional iba preso con el acuerdo tácito de la soledad que enmarcó su camino a los tribunales, trayecto en el que no tuvo el escudo de Cristina y tampoco las espadas de los diputados que antes, al menos, habían bajado al recinto a dar pelea.

En Entre Ríos, ese cimbronazo, puso en jaque el armado que se sostuvo durante dos períodos a fuerza de amenazas, aprietes y dineros públicos, y el efecto fue inmediato: El urrikirchnerismo tambaleó en todas las direcciones.

Es que para los que pasaron por la gestión, en los años del sueño entrerriano, De Vido, es una figura cercana no sólo por su trascendencia pública y su poder, sino también por la obra pública provincial que, tiene varios expedientes en la Justicia con un común denominador: Sobreprecios.

Paralelamente, y por otras razones, la renovación del gabinete era un paso casi ineludible del gobernador Bordet que puso, en ese recambio, la tensión del resultado de la elección para desplazar del eje de discusión la derrota y el presente del ministro nacional.

De todos modos, algunos de los nombres de la lista de reemplazables por la que pujó en las últimas horas el periodismo , la oposición y el oficialismo, estaban cantados. Por un lado, por sus magros resultados, y por otro, porque ahora hay que empezar a diagramar un nuevo armado de poder propio y para eso nada mejor que lugares vacíos para llenar con nombres propios.

Excepto Eduardo Kueider, y algún que otro colaborador, no son muchos los hombres y mujeres propios que tiene el gobernador en los despachos. El recambio que arrancó este jueves permitirá el inicio de una construcción propia, lo que queda por resolver es en qué dirección será.

Una lectura apropiada de las razones de la derrota permitirá, sin dudas, una recomposición sólida y en corto plazo, sobre pilares firmes. El simplismo de adjudicar el triunfo de Cambiemos, por 15 puntos, en el acierto comunicacional o en que la gente esta vez no votó con el bolsillo, se agota en un reduccionismo impensable.

Menos aún si los que perdieron quieren recuperar el poder. Y más aún y más dificil todavía sino se plantea una severa autocrítica que revele, guste a quién guste, cuáles fueron las razones de un triunfo que arrasó incluso con los departamentos más peronistas de la provincia.

Al margen de esa discusión, que deberá darse puertas adentro de cada despacho, de cada fracción interna, y del partido, lo primero que asoma en el imaginario colectivo de toda la dirigencia es el 2019.

Para entonces, quizás el común denominador de todas las fuerzas políticas es que no tienen dirigentes encumbrados disputando el mismo espacio de poder. Habrá en algunas fuerzas algunos más posicionados que otros, pero para gobernador, la única certeza es que son pocos los que miden per se.

Retomando el planteo inicial, y sobre los episodios de este miércoles, los medios nacionales centraron su lectura en el impacto que tendría en Cristina la caída de un hombre de su extrema confianza, como De Vido.

En contraste a esa lectura, en la provincia no fueron pocos los que se preguntaron cuál será su suerte si el hilo se corta por lo más delgado.

Es que los más memoriosos, recordaron incluso con fresca amargura, el momento en que De Vido apadrinó el lanzamiento presidencial de Urribarri en el estadio de Ferro. Pero ese esfuerzo, recordaron otros, tuvo la recíproca, cuando Urribarri premió a un hijo del ex ministro al contratar directamente una consultora que rápidamente desmintió que Facundo De Vido fuera parte de la empresa que hoy lucha en la Justicia para justificar la contratación de 4 spots televisivos por casi 30 millones de pesos.

En Ferro De Vido apoyó a Urribarri y llevó unos 36 gremios nacionales para reforzar la imagen del entonces gobernador entrerriano que estuvo acompañado además por el padre Molina que en esos años además de conducir el Sedronar, era la persona de confianza de la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner.

Como se ve, la historia común del gobernador y el ministro no es corta, tampoco quiere decir que uno haya sido responsable de las acciones del otro o que haya estado en conocimiento de ellas. Lo único que surge a simple vista es que el impacto que puede tener el arresto de De Vido hacia arriba, debe tenerlo, lógicamente , por una cuestión propia de la ley de gravedad, hacia abajo, justo donde esta Urribarri, por haber sido contemporáneos en la gestión y en la administración de los recursos.

Sobre esas cuestiones giró la semana política: El resultado de la elección, el arresto de De Vido, los cambios en el gabinete. La trivia post electoral es rica, pero no completa. Falta que la Justicia diga su parte, que es el único actor con el cargo asegurado y en algunos casos, con garantías de los que deben ser investigados.

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