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La reválida de la Justicia

Las elecciones dejan más allá de un resultado, un sin fin de reinterpretaciones posibles que, son en definitiva, las conjeturas que se entretejen con los porcentajes en la mano y que no se vinculan sólo al reduccionismo de perdedores y ganadores, sino y sobre todo al impacto que tiene en la trama social toda como en los poderes, cada uno de los votos que construye un mandato nuevo tanto hacia el dirigente electo como, irreversiblemente, al que debe dejar el poder.

De esta suerte, el protagonismo del poder político está sujeto al simplismo de un pensamiento binario que contemple sólo dos posibilidades: Perder o ganar, pero, en cambio, otros, pueden resignificar su suerte dentro de un contexto más general.

Claro está que al momento de votar un candidato, lo elegimos por un sin fin de motivaciones, que no implican, de modo alguno, que al momento de la gestión, sus decisiones nos representen. De esta suerte, es que sólo votamos un hombre que podrá, según el día y en mayor o menor medida, alcanzar algunas soluciones que esperamos, en la mayoría de los casos coincida con nuestras expectativas.

El nivel de acierto o de frustración dependerá de dos vectores: Uno, precisamente, las expectativas, el otro, indudablemente, será la capacidad del dirigente para la resolución de los conflictos pero también para diseñar nuevas matrices que definan la búsqueda de horizontes con más futuro.

En ese plano, la Justicia es hoy, y luego de la elección, uno de los segmentos más mirados, no sólo por su oscilante posición sino también por la reacción tardía frente a muchos casos que, en estas semanas han ocupado las primeras planas, como consecuencia de avances de causas que tienen casi la misma antigüedad del gobierno que se fue, pero que sin embargo nunca prosperaban y lo paradójico es que ese común denominador sintetiza la realidad provincial y nacional.

A un costado de ese lento accionar está el debate sobre la pertinencia o no de las fotos y el peso simbólico de ese testimonio gráfico que vale más que cien palabras y que pone, en imágenes, toda una definición del cambio: El fin de la política del aguantadero y de vivir a costa del Estado.

De todos modos, a la reconstrucción de la política, desde un punto de vista antológico y necesario, se suma la necesidad de que otros poderes den el mismo paso. El caso puntual de la Justicia, es uno de los más complejos porque, siendo uno de los pilares que genera mayor expectativa, es sin dudas el que tiene una reacción más lenta.

Apoyados aún en la falacia de un axioma que no tiene lógica, como el de pensar que a los jueces hay que pagarles bien para que conserven su honestidad, los magistrados, vocales y juristas, se encuentran hoy en el banquillo de los acusados. Es que las mismas virtudes de las que adolece la política son las que carece, a su vez, el poder judicial y no porque sus miserias sean intrínsicas al poder, sino y más sencillamente porque las fallas, como en el control vehicular, y en a mayoría de los casos, son siempre humanas.

Sobre el aprovechamiento político de cada caso, lo cierto es que si aglo sobreabundaba era una declaración, un texto o una opinión, dado que el peso de la imagen, reemplazó cualquier expresión.

Desde los bolsos de López en el convento, la comunicación política ha dado un giro en el que puede prescindir de la palabra porque la imagen, es por sí misma, más que elocuente. De Vido, Boudou, y una galeria de ex poderosos que sucumbieron y una lista de jueces que se dejaron seducir por la codicia.

La política ocupó, desde algunos pocos años atrás, uno de los lugares de desprestigio donde también quedó empantanado a su vez el periodismo, sobre todo, por ciertas actitudes genuflexas, pero donde ahora reside, opaca, deslucida y falta de reflejos la Justicia que debe explicar no sólo cómo se filtran las fotos, sino por qué los que robaron van presos tan tarde aún cuando las causas son tan, pero tan, viejas

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