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La suerte de los mitos tras una elección

A la categoría de mito se llega a partir de una construcción colectiva capaz de impregnar un hecho de cualidades tales que, con el paso del tiempo y cierto acuerdo colectivo, se consolidan como verdades. Pasada esa instancia, ese mito puede ser odiado o amado, pero ya nunca será puesto en tela de juicio.

También y según la Real Academia Española, el mito es "una narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico".

En cualquiera de los dos casos, el carácter imaginario y la intervención del hombre, imprimen en la vida real una cuota importante de irrealidad que día a día construye el "personaje" que será protagonista de una epopeya que por el tiempo que nos toca es política.

La suerte de los mitos es la que se pone en juego en cada elección. Tanto para aquellos que están consolidados y en el mejor momento de su esplendor como los que con aspiraciones legítimas disputan un espacio propio.

De las PASO, por ejemplo, salieron heridos de muerte varios de los míticos líderes del peronismo que se jactaron, hasta el primer minuto del primer dato del escrutinio, de ser dueños de los votos.

Sin embargo, los datos de la elección demuestran que la fidelidad a los partidos se ha esfumado y que los patrones, ya no mandan tanto.

La magra suma de afiliados a las fuerzas políticas habla por sí sola del crítico momento que viven estas instituciones que son fundamentales y celosas guardianas de ideas como grandes forjadoras de nuevos escenarios. No podría concebirse sin ellos, las nuevas construcciones políticas que desde un tiempo a esta fecha han virado desde el bipartidismo a los acuerdos menos pensados que han deglutido a su paso otras expresiones y aggiornaron la forma política a las necesidades del nuevo tiempo del electorado.

Al margen de eso, y retomando el planteo de los mitos, esta elección derrumbó de cuajo la verdad histórica del peronismo donde tres de las cabeceras más importantes de la provincia le daban un triunfo rotundo. Concepción del Uruguay, Gualeguaychú y Concordia son, en sí mismas, un enorme botón de muestra.

Eduardo Lauritto, jefe político del peronismo de Concepción del Uruguay y Martín Piaggio de Gualeguaychú redoblaron su apuesta esta semana cuando, después de haber perdido de una manera absolutamente inesperada en sus municipios, pegaron el faltazo al polémico asado con el gobernador Gustavo Bordet, donde según algunas versiones se le pidió la renuncia a todo el gabinete y en el que , según otros, sólo reclamó "más compromiso".

En uno u otro caso, el destinatario del mensaje es el mismo, y el objetivo también: La elección de octubre sobre la cual el oficialismo provincial no tiene demasiadas expectativas porque sabido es que las primarias son un adelanto del resultado que se profundiza en la general.

A punto de ser echados, o más comprometidos, lo cierto es que toda la plana gubernametal sintió el cimbronazo de un final esperado y de un desenlace obvio. Bordet tiene ahora una oportunidad inmejorable para renovar su gobierno dejando atrás buena parte de lo que heredó aunque deba, para eso, quebrar viejas relaciones que son las mismas que lo llevaron al poder, con lo cual, en síntesis, no se trataría de otra cosa que de repetir una vieja historia entre peronistas.

Acerca del reto del gobernador, esa liturgia es bien conocida por todos los dirigentes que encarnan una elección. Sobre todo si lideran la boleta y la práctica, en verdad, no es propiedad exclusiva del gobernador, sino una acción necesaria y post electoral de todas las fuerzas políticas, en todo el país.

De todos modos, ese "repaso colectivo" del resultado tiene como ejercicio subliminal la puesta en escena de los perdedores a los que, ante todo el espectro, se les llama sutilmente la atención. Visto desde otro lugar, también puede resultar un gran escenario para un aviso que en rigor ya está decidido, pero que se ejecutará en el tiempo justo.

La depuración que propone el oficialismo en la provincia es un paso más que se añade a otros anuncios poco ejecutivos como el de expulsar del gobierno a funcionarios denunciados.

Sobre este punto, la semana que viene, el jueves, concretamente, el ex gobernador Sergio Urribarri deberá responder ante los tribunales locales por tres causas en las que se investigan hechos de corrupción ocurridos durante el ejercicio de su mandato. Los casos, todos resonantes, son un desprendimiento de la denuncia que pesa en su contra por enriquecimiento ilícito y que lo tendrá el jueves, en una maratón de indagatorias.

En unos días comenzará el segundo tramo de la campaña hacia las elecciones de octubre. Los que triunfaron, optimizarán sus recursos que ya tienen probados buenos resultados, el desafío está en la cancha del que perdió al que esta nueva elección se le presenta como una oportunidad para revertir su mal resultado. Para empujar esa acción, el gobernador dio un gran primer paso, ahora la pelota quedó del lado de los comensales del asado que huraños a la renuncia cargarán con la boleta al hombro al margen de que van hacia un destino ya marcado que los deja fuera de juego y que algunos hubieran debido haber elegido de motus propio, incluso para asegurarse una salida más honrosa, al menos pour le galerie.

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