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La utilidad etérea de los votos

El año 2016 atravesó el calendario sin más expectativas que las definiciones hacia 2017. De él, en sí mismo, poco se pudo decir, incluso aún cuando se trataba del primer año de gestión del gobernador Gustavo Bordet, un mandatario que piloteó la campaña cuesta arriba y que en el peor momento del kirchnerismo logró imponer al peronismo en Entre Ríos.

Sin embargo, el saldo fue insípido porque ese ciclo no tuvo una síntesis que merezca la pena recordarlo por sí mismo, sino excepto, por ser la mera antesala del año en curso , decisivo, sobre todo, por las elecciones que le dieron a Cambiemos en Entre Ríos un espaldarazo definitivo y al peronismo un mensaje sin posible doble interpretación.

La hilera de dirigentes de larga trayectoria del peronismo deglute todavía el sinsabor de esa derrota que no es la tragedia más oscura de sus años de vida, sino solamente la más reciente, aunque quizás la única ante un adversario tan contrastante y ajeno a la tradicional bipolaridad argentina de pujar las contiendas entre peronistas y radicales.

De todos modos, sería una simpleza extrema pensar que la cuestión se remite sólo a eso. De hecho los reposicionamientos post electorales son una constante en estos días, y como ejemplo el bloque peronista en la Cámara de Diputados local sumó a esa bancada los votos de dos renovadores, pero resta a la hora de votar los proyectos que propone el gobernador a la Legislatura.

Así se vio, por ejemplo, cuando Diputados tuvo que votar los acuerdos con la Nación, ocasión en la que desde la bancada peronista faltaron algunas manos de la propia fila que fueron suplantadas por los votos de Cambiemos a la hora de la cuenta final en la que Bordet se va con el proyecto bajo el brazo gracias al apoyo de la oposición más que al del propio oficialismo.

Pero ese no fue el único escarceo que tuvo que sobrellevar el gobernador en su rol de conductor del peronismo entrerriano. También la dificultad de asegurar los votos de los legisladores nacionales por Entre Ríos en el Congreso, conspira contra la buena relación que tanto Nación como la provincia apuntan a construir.

Es que al fluido diálogo que mantiene Bordet con la Nación contrasta la persistente actitud de dos de los diputados nacionales entrerrianos que, casualmente, son los mismos que no pueden asegurar ningún triunfo en Paraná.

La emancipación en el recinto provincial pasó desapercibida en los medios locales y en el nacional, el foco estuvo puesto en los flamantes diputados Mayda Cresto y Juan José Bahillo, después de la obvia y deslucida presentación mediática de la diputada nacional de cuyo linaje político hacía esperar más que un whatsapp "filtrado" o una reivindicación de la "resistencia" cuando han sabido siempre acomodarse sin pudor a todos los matices del peronismo.

La indiferencia hacia el voto paranaense que representa Guzmán en la Cámara baja o el cuestionadísimo sindicalista José Ángel Allende y del mismo modo a los nacionales Julio Solanas y Juan Manuel Huss, define también la posición de Bordet. Y, consecuentemente la de todo un entorno.

La paradoja, sobre estos casos, es que es el pataleo de los que no pudieron asegurarle un triunfo al gobernador en la capital de la provincia donde Cambiemos ratificó una performance de crecimiento respecto incluso de su última elección.

La carta que enviaron al gobernador exigiendo la renuncia de los legisladores que acompañaron la reforma nacional se escribe desde la legitimidad de los cargos, aunque curiosamente el afiliado no los acompañó con el voto que era la única manera visible a la hora de revalidar ese título.

Avergüenza a la dirigencia que traslució ese comunicado, la desmentida colectiva de todos los dirigentes de las unidades básicas que al unísono se despegaron de la obvia estrategia del peronismo paranaense.

El ex diplomático Raúl Taleb, ahora condenado por enriquecimiento ilícito, fue uno de los que, con viento a favor o en contra, abonó siempre la idea de que los gobernadores peronistas no debían ser simultáneamente los titulares del PJ. Sugería hace ya tiempo el ex embajador en Cuba que el Partido debía funcionar como un órgano de consulta para el gobernador y no subsumirse al ejercer ambos roles en una misma cosa.

Más allá de esa discusión que nunca ha sido saldada sino por el estricto cumplimiento de una tradición que otorga al gobernador , como cláusula automática, el poderío en el peronismo, sorprende que a la luz de los resultados de la última elección, el peronismo de Paraná exija actitudes de dimisión que nunca tuvo, incluso en estos meses de recapitulación post electoral.

Podría Guzman renunciar a la presidencia del peronismo paranaense luego de fracasar esa fuerza en la elección?. ¿Debería, en su defecto dejar la banca que no pudo legitimar en esta segunda elección?

Los votos legitiman a los candidatos para los cargos en los que se han postulado y detrás de ese voto, la cantidad de personas que así se expresaron. El peronismo de Paraná camufla con este reclamo a Bordet su propia desventura del mismo modo que rechaza las reformas que el presidente del PJ y gobernador avalan. Ese desencuentro conceptual obliga, como un clásico, a sugerir aún entrecasa, el cumplimiento de una sagrada máxima peronista: El que gana gobierna y el que pierde acompaña.

Diciembre, siempre bajo la amenaza de la tragedia social, volvió a mostrar su peor cara y reveló cuánto nos falta aún para aprender a vivir en democracia. La violencia no alcanzó para camuflar el interés particular de los que sabían que estaban a horas de marchar presos pero mostró, nuevamente que no puede nunca ser ese el camino.

Diciembre en sí mismo no tiene otra connotación que la del fin de un ciclo; de las navidades y el fin de año. Sin embargo, pesa sobre él la tragedia de la irreversible de la intolerancia y el destino infértil de la discusión sin sentido.

Seguramente, muchos de los temas en debate tenían otra vuelta. Seguramente el oficialismo hubiera podido encantar con propuestas más abarcadoras, pero también, es casi seguro, que los otros ya deben abandonar la cómoda silla amocosada de la oposición para pasar a ser parte activa de la solución.

Suele decir el macrismo que los problemas no son de derecha o de izquierda, son sólo problemas a los que la gente demanda una solución. La violencia aplica la misma fórmula. No es de derecha o de izquierda, es sólo violencia y nos aleja siempre un paso más del país y la sociedad que pretendemos ser. El voto, para cada uno de los casos, no es etéreo, pero sí volátil. A la luz de los resultados de la última elección, esa cualidad es una clara conclusión para cada una de las partes.

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