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Las chauchas y palitos de la coparticipación

La contienda electoral de este domingo no generó el suficiente entusiasmo en los ideólogos de campaña que, a la busca de argumentos para instalar opinión, echaron mano a un tema que tiene, como común denominador, la preocupación de todos los gobernadores y que, paradójicamente, en el caso del oficialismo entrerriano, abroqueló la historia de los últimos treinta años en los que gestión tras gestión la provincia fue echando mano a ese recurso tanto para ofrecerla como garantía como para resignarla sin remordimientos.

A la hora de la política los vaivenes y reacomodamientos obligan a varios a pararse en un mismo lugar, cuestión que no es en absoluto reprochable, sino porque en los últimos años la visión enfrentada sobre un mismo tema tenía la misma fuerza que el reclamo que hoy los une.

Asombra que ex gobernadores y copoblanos hayan caído todos en un mismo lugar común y que luego de dos décadas de diferencias irreconciliables, comulguen el desprecio a una mecánica que imprime el gobierno nacional, rango al que antes le facilitaron las cosas para que haga de los dineros del interior una gran caja de financiamiento del gasto porteño.

Pero, en el contraste de la discusión, están los intendentes peronistas que con mucha energía pugnan por la coparticipación nacional pero poco pelean sus recursos en la provincia donde la ley los dejó como convidados de piedra porque no reciben un peso. En ese punto, en el ojo de la tormenta, es donde pusieron el dedo algunos legisladores que le recordaron al actual gobierno provincial, que brama por la coparticipación nacional, que acá, en Entre Ríos, ese principio no se cumple.

Es que la ley tributaria de los últimos años, que establece los aumentos progresivos de los impuestos, dejó intencionalmente afuera de esa recaudación a los municipios, aún a pesar de la Constitución.

Es tan firme esa decisión que tampoco prosperó en diputados el proyecto de la paceña Maria Alejandra Viola que propone cambios en la ley para favorecer las arcas de los intendentes, derogando la falla.

"Dichas estipulaciones contrarían en forma absoluta lo dispuesto por la Constitución Provincial, colisionando con el orden institucional provincial y municipal. Sabido es que la Constitución Provincial establece que la coparticipación a los Municipios deberá hacerse en forma diaria y automática, en defensa de los recursos propios de los mismos, que redundarán en beneficio de los servicios que se prestan en ellos", recordó la legisladora. Y enfatizó: "Dichos montos obtenidos por la mayor recaudación de tributos provinciales, no son de propiedad del Gobierno provincial, sino que son recursos coparticipables con los municipios", denunció la diputada en su iniciativa que el peronismo rechaza tratar aunque puede vociferar, por lo mismo que pujan los intendentes, hacia el gobierno nacional.

La historia de la coparticipación federal está atravesada, además, por los humores internos de la vida política que en calor del tiempo electoral diluye hasta los momentos más ásperos.

Sin embargo, ni fue hace mucho que el ex gobernador y actual presidente de la Cámara, Sergio Urribarri, le reprochaba a su copoblano y mentor, Jorge Busti, la firma de los pactos fiscales, uno de los cuales rubricó Mario Moine, en las épocas del informe Domenicone y la 8706 que sacaba por la ventana a los empleados públicos que habían entrado por los balcones.

"Sinceramente no sé cómo calificar semejante desatino, Busti al igual que Montiel y Moine han firmado Pactos Fiscales e impulsaron leyes ratificatorias de resignación de recursos. El único gobernador que no resignó recursos, por el contrario, he sido yo y al cabo de 8 años de gestión le dejamos a Gustavo Bordet una provincia con 150 escuelas nuevas, con hospitales de alta complejidad, con un centro de medicina nuclear, con el índice de mortalidad infantil más bajo de la historia, con el incremento del trabajo registrado, con más de 8.000 nuevas viviendas, la extensión de las redes de gas natural, con el 92 por ciento de las familias entrerrianas con agua potable, el 90 % con servicio eléctrico y un crecimiento exponencial de turismo. Una provincia muy distinta a la de 2007 y ese es mi orgullo", apuntó Urribarri en 2015 cuando se dio cuenta en vísperas a su despedida del poder, que durante años había dejado el esfuerzo de los entrerrianos en los bolsillos sin fondo del kirchnerismo.

Pero el reproche de Urribarri no fue sólo hacia atrás, sino que le dejó un inventario a Bordet de la herencia que le dejaba y que hasta el día de hoy el actual gobernador está buscando porque de ese detalle, faltan la mayoría de las cosas, incluso las más esenciales como el agua potable que, a esta altura de la humanidad, ya es considera un derecho humano que en muchas ciudades aún no llega a la canilla.

Busti, el tres veces ex gobernador, no se quedó callado, y fiel a su estilo retrucó a su delfín.

"Urribarri se transformó en un aplaudidor converso de un modelo que fue perdiendo progresivamente los pilares en que se sustentó con éxito desde 2003 a 2007: superávits gemelos, tipo de cambio estable y competitivo, baja inflación y equilibrio fiscal. A medida que el kirchnerismo se radicalizó y comenzó a provocar peligrosas divisiones en el pueblo argentino, Urribarri dejó de ser un gobernador digno y fue mutando en un mero delegado obsecuente del poder central.

Uno de los "mayores logros" que dejará la gestión Urribarri para la posteridad es el haber convertido a Entre Ríos en una de las jurisdicciones con la más alta presión impositiva del país y, por contraste, la prestación de servicios más deficientes. Esto quiere decir que nunca en la historia se recaudó tanto como en esta época y, sin embargo, los saldos negativos en las cuentas públicas no han parado de acrecentarse, año tras año".

Según un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal, Entre Ríos resignó entre 2006-2015 un total de 10.875 millones de pesos, en favor del gobierno nacional.

Al fragor del cierre de las campañas, la coparticipación protagonizó el eje de los debates , pero fue el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, quien sintetizó el problema y aseguró que el presidente Mauricio Macri recibió "un país quebrado desde el punto de vista fiscal y financiero" y, al referirse a la provincia, garantizó que el gobernador Gustavo Bordet "también recibió una provincia quebrada" pero remarcó que la transferencia de recursos a Entre Ríos creció un 80 por ciento en los primeros seis meses de este año respecto a igual período de 2016. "Pongamos la verdad sobre la mesa", pidió el ministro y a la luz de los dimes y diretes, chauchas y palitos, parece todo un desafío, más aún si se tiene en cuenta que llevamos treinta años endeudados y contrayendo más deuda para pagar lo que debemos a lo que se suma lo que seguimos gastando.

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