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Los 45 cajoneados

El escenario era inmejorable. Un día de cielo despejado y sol esplendoroso enmarcaron a los 45 convencionales constituyentes que en Concepción del Uruguay juraron, hace ocho años, la nueva Constitución entrerriana. Antes, con igual solemnidad pero con otros debates, el gobierno nacional había dado el puntapié al reformar la carta nacional en 1994.

Una suelta de palomas en la histórica plaza cerró el acto frente al Colegio del Uruguay fundado por Justo José de Urquiza. Dos únicos oradores se lucieron en ese acto: Jorge Busti, como presidente de la Convención y Sergio Urribarri, como gobernador. Cristina Kirchner, especialmente invitada no estuvo. Es que la espesa tensión de aquellos días ( y que aún persiste) dejó fuera de juego varios actores que prefirieron ser prescindentes de la interna local.

La reforma que lograron los 45 convencionales constituyentes se hizo sobre el texto de 1933, (considerado de los más avanzados en derechos sociales) a los que se sumaron con esta reforma los de tercera generación como el cuidado del medio ambiente, el habeas data, los concursos para el acceso al empleo público y otros cambios que se valoraron, sobre todo, por el abuso de autoridad frente a la ausencia de la norma.

Pero volviendo a la arena política, los actores principales de aquella reforma siguen enfrentados en una discusión irreconciliable y muchos de los que plasmaron el "espíritu de la ley" fueron cómplices luego de la desarticulación del proceso de reglamentación. Muchos de los que escribieron la Constitución del 2008 fueron y son los mismos que posteriormente y ya en las bancas de algunas de las Cámaras frenaron su puesta en práctica. Primero, como bustistas, alentaron la nueva carta y luego, ya sumados al urribarrismo, la abandonaron en el olvido en el que aún apenas sobrevive.

Así, y a ocho años de la jura de la Constitución muchos de sus institutos, gran parte de sus artículos y de su alcance cayeron en la amnesia intencional de los que confundieron el Estado con la interna personal y partidaria. De esa confusión resultó que el Tribunal de Cuentas quedó bajo el gobierno de un amigo que nunca concursó el cargo; que los organismos de control como Tesorería y Contaduría no tienen orgánica, que la pauta oficial no tiene marco y que muchos institutos de participación ciudadana quedaron rengos.

De esa indiferencia resulta que la provincia carece del Código Ambiental, el Consejo Económico Social y de la reglamentación de las regulaciones sobre el manejo del agua y la tierra.

La carta que dictó el reconocimiento de los pueblos originarios como el límite en la reelección del gobernador y de los intendentes y la ampliación a 34 integrantes en la Cámara de Diputados, no es operativa.

Los protagonistas de los debates son hoy aún actores principales de la discusión política. Paradójicamente los mismos que la escribieron, hicieron poco y nada para ponerla en práctica.

Augusto Alasino aseguró, a la hora de aprobarse todo el texto constitucional, que con ese acto "muere esta Convención y nace su única hija legítima que es esta Constitución" a la que, con desparpajo, hundieron en el olvido.

También arrastradas por la indiferencia y presas de la falta de memoria y de presupuesto quedaron las cartas orgánicas municipales. El primero en prometerla fue el entonces intendente de Concepción del Uruguay, Marcelo Bisogni. El resto de los municipios, algunos con más empeño que otros, como el caso de Gualeguaychú y Paraná han intentado retomar ese debate este año cumpliendo con la premisa de que la carta orgánica debe lograrse en un año que no sea electoral.

Otro daño ciudadano colateral de la estratégica omisión de la nueva Constitución es la ausencia, hasta el día de hoy, del defensor del Pueblo en la provincia. Su figura ha resistido embates, discusiones mediáticas y también la eterna promesa del presidente de Asuntos Constitucionales en el Senado, Aldo Ballestena, de constituir nuevamente la bicameral que antes diluyó la interna peronista y radical.

Recordarán algunos que para llegar a elegir el defensor no sólo estaba conformada la bicameral sino que hubo un proceso de selección que finalmente quedó atravesado por la disputa del peronismo en un momento en el que urribarristas y bustistas se contaban cada costilla.

En síntesis, del esfuerzo de los 45, a los que asistieron técnicamente nada más y nada menos que los constitucionalistas Alberto Dalla Vía y Horacio Rosatti, se cumplieron ocho años en los que a la falta de avance se sumó la conspiración política que cajoneó una Constitución entera con derechos y obligaciones para todos los entrerrianos.

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