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Los nuevos transversales

En los albores del kirchnerismo, una de las consignas del poder fue la construcción de un núcleo donde pudieran convivir distintas expresiones orientadas en una misma dirección. Jorge Busti, años más tarde, definió esa situación de coexistencia como "matices" dentro de una misma fuerza política. Antes, Néstor Kirchner había asegurado que a la hora de gobernar el país "no importan los partidos a los que pertenecemos cuando tenemos una tarea así por delante. Yo creo en una Argentina transversal, ya vimos lo que pasó cuando teníamos una Argentina uniforme", repasó entonces el ex presidente que finalmente concluyó una década en el más absoluto hermetismo político.

Sin embargo, de aquellos primeros discursos, algo parece haber quedado en la memoria privilegiada de algunos dirigentes que hoy buscan retomar el camino de la construcción colectiva para abandonar definitivamente los soliloquios del poder que, en el caso de Entre Ríos, han demostrado pésimos resultados.

Si se cumple el axioma político y matemático que afirma que todo lo que no suma, resta, el peronismo ha entendido que será ese el camino a seguir en el corto y mediano plazo. El interrogante es cuáles serían los nuevos socios a seducir y con qué se los invita al juego. El debate público sobre los nocivos efectos del dedo y el reclamo sostenido de dirimir en internas las próximas candidaturas ha cobrado vida, pero no con la robustez que se necesita como para dejar de ser una conversación de café y transformarse en una verdadera acción política.

La ambulancia peronista que fue en busca de los heridos, salvó a muchos pero, según aseguran en los pasillos de la casa gubernamental, abandonó a otros tantos con la segura intención de que mueran al menos hasta la próxima elección, en lo que algunos denominaron el primer parricidio de la política o bien y más criollo aquello de que al que a hierro mata, a hierro termina.

Urribarri, como un gladiador en sus últimas arenas, pelea en soledad contra sus propias herencias y despilfarros mientras la capa de piedad que le otorgó la Legislatura, le da un poco más de vergonzoso oxígeno. Todos perdimos la posibilidad de que vaya a la Justicia (aunque sea sólo por su inasistencia a las audiencias por calumnias y nos por la denuncia de enriquecimiento ilícito), sino que además y en nuestras narices se violentó el principio de igualdad ante la ley que nos empareja.

Pasado el fervor antikichnerista hasta Urribarri es poco rentable y ha caído en desuso. No sólo en términos políticos sino también periodísticos y resulta que su devenir está más acompañado por el ojo lento de la Justicia que por sus ex seguidores, algunos de los que ahora forman parte del gobierno de Bordet que lo eclipsa día a día con su aplomo, moderación y pocas palabras.

En esa conversación busca su propio espacio el vicegobernador Adán Bahl, que desde intendente a gobernador no descarta ningún cargo. La plataforma desde la que habla no es menor y son muchos los que advierten que su figura, a pesar de haber sido el ministro político de Urribarri, no se desgastó, lo que, combinado a la ausencia de nuevos dirigentes, puede ser una interesante ecuación.

En esa misma línea, los renovadores tironean del saco de Sergio Massa para ver cuál es el más renovador. El ex gobernador Busti y el diputado Bahler están bajo un mismo paraguas pero a los codazos.

En la otra vereda, el radicalismo ha logrado superar una interna que aventuraba un resultado pírrico. Superada esa instancia queda observar, en el resultado de la ecuación tiempo y acción política, cómo resulta un armado tan fresco en el plano de las decisiones concretas.

El común denominador de todas estas fuerzas, entre las que se cuentan también vecinalistas, el GEN y una fracción de peronistas, es que todas dialogan con el macrismo con quien gobiernan aunque conservan su propia identidad. Resta que encuentren un propósito conjunto.

Esa construcción ha logrado una verdadera transversalidad porque el diálogo también suma al peronismo gobernante en una etapa en la que aún son innegables los fuertes liderazgos de Cristina y de Mauricio, lo que polariza la opinión y desalienta a los que pensaron que el cambio pondría en un cono de sombra al pasado. Aunque, desde otra perspectiva nada mejor que un contrincante que ya fue vencido.

Oficialistas y opositores han consolidado en estos largos meses de lo que va del año una nueva forma de entendimiento que pone, por sobre las diferencias, la necesidad de darle solución a los problemas. De todos modos a nadie escapa que la elección de medio término cambiará los humores que hoy caracterizan las relaciones fluidas.

Al margen de esos contextos, cierto es que todos a su manera han llegado al gobierno, el desafío en adelante es saber quién tiene el poder.

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