Columnistas Ver todas las columnas

Los vice y sus sombras

Los habituales cierres de año traen aparejados, casi como una condición sine qua non, los balances que muchas veces están medidos bajo una lupa fuera de contexto. Así, el saldo a favor o en contra suele pesarse con el humor político del cansancio de diciembre y la necesidad de fijar nuevas metas para el año por venir.

Para el gobierno, el broche estuvo en el Presupuesto aprobado por unanimidad en Diputados y que tendrá idéntica suerte en el Senado. Así y aunque todos coinciden en la aguda situación de la provincia como en la ausencia de un plan que la haga despegar, hubo luz verde para la propuesta de Bordet. El gesto fue político porque sobre lo financiero habrá mucho más para discutir.

Acerca de lo que viene, la presión está puesta en lo electoral. Esa discusión distrae otros temas que son centrales porque de un modo u otro cada elección es también una encuesta de la gestión.

Hasta ahora el pago de los sueldos en términos y la tranquilidad prematura del aguinaldo como la certera decisión de no generar expectativas con un bono estatal, han servido de contención. Los casi 80 mil estatales que tiene Entre Ríos ya tienen el anuncio que esperaban.

Abajo de la alfombra queda la discusión salarial con los docentes que aún no se han percatado de que no hay margen en el presupuesto para mejorarles el sueldo como la inequidad que representa que los estatales nacionales perciban un bono y el resto no.

La negociación del bono revela además el fracaso de las charlas para lograr mejores sueldos y también cierta actitud acomodaticia de la dirigencia gremial de ir a golpear la puerta sobre la hora, amenazando elípticamente con una caos social que muchas veces arengan por lo bajo.

Al margen de estas cuestiones, la gran cincha de la gestión Bordet es su economía y el impacto negativo de la retracción de estos primeros meses. Las sucesivas moratorias como las modificaciones a leyes impositivas muestran que se ensayan fórmulas para recaudar pero que la receta siempre apunta al mismo bolsillo que ya está raído de tanto rascar.

Para algunos entendidos la resquebrajada economía no permite otra salida que no sea una nueva suba de impuestos en marzo. La práctica se hizo costumbre, lo que cambiaría en ese caso es la temporada: Urribarri aplicó sus impuestazos entre diciembre y enero. Bordet en tal caso, esperaría un poco más. En el mientras tanto, el oxígeno lo aportará, con tacto, la Nación.

Por eso, preocupa a los intendentes y presidentes de Juntas de Gobierno cómo serán los números del año entrante. El mapa que ofrece el Presupuesto 2017 no es alentador. Quedaron afuera de los aumentos y de la coparticipación de los impuestos provinciales. Encima enfrentan un año electoral.

La asistencia de la Nación, a través de programas específicos, ha descomprimido cierta tensión. Sin embargo, muchos intendentes miran de reojo el costo político de la foto.

Más sorprendidos se mostraron cuando Bordet convocó a los vice intendentes a la Casa de Gobierno. Con la reforma de la Constitución, los presidentes de los Concejos se jerarquizaron. Ahora hay que darles poder político. Constituidos en una Liga, los vice oficialistas se encumbraron en un espacio colectivo que los nuclea tal como lo hacen sus compañeros de fórmula, los intendentes.

Pocas veces los vice intendentes ocuparon las primera planas de los medios. En Paraná hizo su intento Gastón Grand enfrentándose al oficialismo de Blanca Osuna, pelea en la que salió herido de muerte. Gualeguaychú tuvo también un historial y ahora, hay un efecto dominó en las viceintendencias. Chajarí, Victoria, y Paraná que enfrentan con turbulencias la gestión y han perdido en muchos casos las apretadas mayorías que le garantizaban gobernabilidad al intendente como el caso de La Paz.

Como las vicepresidencias, las viceintendencias han quedado sumidas bajo un cono de sombra que injustamente desdibuja el poder político de sus titulares. Responsables de los Concejos Deliberantes, son los que deben tener la muñeca política para asegurarle al intendente los votos que necesita.

Sin embargo, así como muchos vicepresidentes pasaron desapercibidos y otros fueron más famosos por irse antes que la previsible fuga en el helicóptero, hoy los viceintendentes padecen el mismo síndrome: El cono de sombra que eclipsa su labor.

El gobernador ya advirtió que estos laderos de los intendentes acumulan un poder superlativo. Tejen los hilos de las leyes que entretejen los municipios. Hacia el año entrante y aún con poco presupuesto son muchos los que anhelan alcanzar sus orgánicas municipales, para trabajar, con normas propias y a gusto personal. Para entonces, la muñeca de los viceintendentes será la que concentre más poder. De su mano penderán las maniobra que le den al jefe municipal más o menos margen para llamar a una reforma o posponerla para el caso de que finalmente se celebren las elecciones de medio término.

Las grandes líneas están planteadas. Sólo resta saber cómo vendrá el año. Por lo pronto, legisladores de diferentes líneas, es decir el provincial y municipal, advierten que los vice intendentes están rengos porque frente a la decisión de renunciar no hay legislación que establezca el mecanismo a seguir. La posibilidad de que un concejal suba al estrado desdibuja la relación de fuerzas, y, en algunos casos termina complicando al intendente. Por eso, hoy son varios los debates que apuntan a salvar esta acefalía que pone más sombra sobre una institución ya poco conocida.

¡Comentá esta nota!

Para escribir un comentario, antes deberás seleccionar una identidad.

[X]

* 600 caracteres disponibles

Comentarios

El comentario no será publicado ya que no encuadra dentro de las normas de participación de publicación preestablecidas.