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Nuevo año, nuevos paradigmas

Finalmente, llegó otro año electoral. En el cajón de los temas por venir están las leyes que empujará el gobierno nacional y en lo local, el equilibrio en la relación de fuerzas de la provincia en el Congreso. Y también, en las cuentas públicas.

El año que nos dejó licuó en un espacio atemporal el pasado, el presente y el futuro. Pasos hacia atrás y hacia adelante, atravesaron constantemente la línea del tiempo en 2016. Medidas nuevas y descubrimientos viejos, denuncias y anuncios se traspapelaban entre sí y se unían en un mismo tiempo: El presente.

Ahora, el poder mutará, como pocas veces, de forma. Este año, la gran herramienta de la política será el diálogo. No sólo el que desde hace un tiempo construyen la Nación y la provincia, sino y fundamentalmente, el que puedan consolidar cada una de las fuerzas políticas y todas entre sí. Un gran pacto de la Moncloa, en su versión local, podría poner un punto de partida diferente en una contienda electoral que, a juzgar por los últimos números de la general, viene muy apretada.

Aún con variables de peso intervinientes, como puede ser liderar la gestión, tanto en el orden nacional como provincial, a nadie escapa que las elecciones de medio tiempo son, en sí mismas, escasamente atractivas. De todos modos, desde el año reciente año pasado, el tema está instalado y es parte de la agenda que se discute hacia adentro y fuera de los partidos.

Esa discusión también será parte de las conversaciones por venir, pero sin duda, lo más interesante, es que son el nuevo paradigma de la política que viene tan ajustada de votos que necesitará de la palabra para articular los nuevos acuerdos partidarios y de gobierno.

El gobierno nacional, tiene el poder, pero le faltan gobernadores y votos propios en el Congreso. La provincia, tiene también el poder, pero al igual que la Nación, está obligada a negociar las leyes en la Legislatura, al menos las que requieren mayorías especiales. Este mapa, es el que vuelve a poner en valor la honorabilidad de los acuerdos tanto entre oficialistas y opositores como en aquellos que lucen el mismo color político aunque provengan de diferentes corrientes internas.

La búsqueda de unidad es un común denominador de los partidos políticos que quieren evitar, con justa razón, la también justa sangría de las internas. Hasta ahora, propios y extraños dan constantes muestras de que ese no será el camino y que la década del dedo ya terminó. Si estas afirmaciones nos reales, no queda otro camino que el de recuperar el poder de la palabra.

A este cambio en la metodología de las decisiones políticas debería sumarse el de la renovación. Una promesa de amor que se repite cada cuatro años a pesar de que desde hace unos treinta, se reiteran los nombres a las candidaturas, aunque paradójicamente , cambien de listas.

Como en el juego de la silla, cada uno cuida su lugar. El punto es que la permanencia no siempre asegura buenos resultados. Como muestra de ellos sobran los botones. Están los agotados gobiernos que se suceden a sí mismos, pero también los que sentados en la perpetuidad de su poder, se olviden de cuidar las formas. Un ejemplo de esta falta de memoria es la que sacude el Poder Judicial que apoltronado en sus propios vicios, quedó enredado en los intersticios de la política y en la desconfianza de los ciudadanos que ven con malos ojos el teje y maneje de la impunidad que les otorga la eternidad, por un lado, y por el otro, su propia inconsistencia moral.

Frente un año electoral, lo mejor de las ecuaciones es que todos tienen, en mayor o menor medida, una cuota interesante de poder pero ninguno el necesario para tomar las decisiones en solitario. El único que puede hacer semejante hazaña es el ciudadano al votar.

Que el año nuevo traiga más innovaciones en dirección a la gente para abonar el diálogo, terminar con los que aseguran que son la renovación pero nunca dejaron a otros ocupar los cargos y recuperar finalmente el poder de los partidos y el de la política para que la esperanza vuelva a ser parte de la agenda pero también de la conversación de los políticos.

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