Columnistas Ver todas las columnas

Ortodoxia

Las últimas décadas han oscilado entre la falta de ideología, los extremos fanatismos y cierto pragmatismo que alumbra aún a la hora de hacer los más idealistas acuerdos. Sin embargo, sobre el final de las acciones, los liderazgos propenden a la consolidación de bases ortodoxas que les garanticen tropas fieles pero también, y simultáneamente, una construcción propia capaz de enfrentar los embates propios que atraviesan al poder.

La Ortodoxia es una noción que procede del vocablo latino orthodox?a, aunque sus orígenes más remotos se hallan en el griego. Etimológicamente hablando, deriva de la suma de tres componentes griegos: "Orthos", que puede traducirse como "correcto"; "Doxa", que es sinónimo de "opinión". Y el sufijo "-ia", que viene a indicar "cualidad" o "acción".

El virtuosismo de la ortodoxia está dado en su génesis. Sin embargo, la propensión a las construcciones sólidas, fundadas con los más ortodoxos de las filas, no garantizan la continuidad de un proyecto.

A la vista está la suerte del kirchnerismo que, abandonado por el electorado y asolado por la Justicia (que antes no tuvo capacidad de reacción frente a los mismos hechos que ahora juzga), sobrevive a la deriva si se hace un juicio retrospectivo de valor.

Claro está que el rol de oposición que hoy ejerce no es menor, pero respecto de la gloria que lo antecede merece al menos, un replanteo sobre los resultados de ciertas prácticas políticas que son ineficientes en el tiempo y costosas para el Estado, lo que deviene en una ecuación fatal.

En la provincia, el urribarrismo atravesó la misma sangría. Como una historia cíclica el ahora presidente de la Cámara de Diputados y ex gobernador de la provincia, Sergio Urribarri, bebe de su propia medicina porque advierte con la perspicacia que lo ha destacado siempre, que muchos de sus soldados se fugan , con la misma excusa con la que el logró hacerlos desertar de otros de filas amigas.

Del fanático "sueño entrerriano" hay pocos fieles. En el recinto, son pocos los urribarristas de la primera hora, ya que en el peronismo, el común denominador de la dirigencia actual es que son , guste o no, hijos políticos de Jorge Busti, Urribarri incluido y el gobernador también.

De sus orígenes a la fecha, Urribarri sabe exactamente cuánto ha debido invertir para contenerlos. Lo que cambia ahora, es el principio rector de esos acuerdos y en esa modificación está inserta una dirección que no todos comparten.

El gobernador Bordet, oportunamente luego de las elecciones, limpió su gabinete y aunque aún quedan algunos pendientes, cierto es que redobló su círculo asignando a sus hombres de confianza más poder al subsumir bajo su mando organismos y dependencias.

El peronismo de Paraná, que protesta por algunas decisiones, fue uno de los más dañados en esa reestructuración que le asigna a Humberto Bahl, el vicegobernador una mirada expectante hacia 2019.

Retomando esa situación, el Senado aún con tensiones previas y desencuentros logró estrechar filas para sancionar definitivamente el acuerdo fiscal que propuso la Nación a las provincias. Algunos, como el vecinalista Pablo Canali, que tiene experiencia como intendente, reprochó desde la banca la decisión mientras que el paceño Aldo Ballestena no asistió al recinto. En Diputados también hubo pataleos peronistas a la hora de aprobar el convenio legitimado nada más y nada menos que por el gobernador que contó con más apoyo de Cambiemos que de su propia fila.

Retomando la cuestión de la ortodoxia, aparece en la escena política una nueva conversación que ya no aglutina sólo en forma binaria o en peronistas y radicales, sino que permite acuerdos más amplios que resignifican la política tradicional, volviéndola más pragmática, por una lado, pero también más real porque quizás lo increíble e inverosímil era que un presidente dialogue sólo con los que piensan como él.

Quizás esa dinámica nueva es la que genera resistencia porque cierto es también que los cambios cuestan y que habiendo aprendido ciertas reglas de juego, impera luego la tendencia a persistir en lo que sabemos cómo funciona y la comodidad de entenderlo y prever el resultado.

Por otra parte, las nuevas construcciones son aún más ortodoxas porque van al centro de la cuestión y sientan a la mesa sólo a los decisores, con lo cual, muchos de los pseudo dirigentes sienten limada su autoestima al quedar debajo de la mesa y, porque no, fuera de juego.

El teléfono limitado sólo a los que tienen poder de decisión exacerba el humor de muchos que han hecho de la política un medio de vida que en las urnas no tiene respaldo.

2018 trae un nuevo diálogo social y político y claramente, nuevos armados. En esa ingeniería está la base de lo que se juega en 2019. El radicalismo ya conoce cierta lógica en la experiencia que ya tiene como socio político del PRO en el frente Cambiemos donde el peronismo ensaya sus primeros pasos.

El gobernador no ha descartado una reelección y un breve repaso por el resultado de la última contienda permite poner blanco sobre negro las zonas seguras y las de riesgo, incluso aunque sean propias con lo que se justifica que como muchos, Bordet reúna a lo más ortodoxo de su manada para estrenar la segunda parte de su primer mandato, que es nada más y nada menos que la rampa hacia un destino común en disputa: 2019.

¡Comentá esta nota!

Para escribir un comentario, antes deberás seleccionar una identidad.

[X]

* 600 caracteres disponibles

Comentarios

El comentario no será publicado ya que no encuadra dentro de las normas de participación de publicación preestablecidas.