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Previsibles, pero políticos al fin

Sin sorpresas cayó el primer plazo del cronograma electoral que, tal como se preveía, dejó un menú de cuatro ofertas para octubre: Dos frentes y dos partidos políticos que aglutinan, cada uno a su manera, las expresiones políticas de la provincia que en esta elección pondrá en juego cinco bancas: 3 que hoy ocupa el peronismo, una de un radical y la quinta, que está en manos de la renovación.

Los acuerdos no hicieron otra cosa que legitimar las conversaciones que, desde principio de año, y también antes, están manteniendo los distintos espacios políticos aunque algunos tuvieron, a la luz de los resultados, más suerte que otros.

Entre ellos y sobre el rigor de las conclusiones, surge que el GEN y el massismo, que tercian a nivel nacional entre el kirchnerismo y el macrismo, cerraron en Entre Ríos una fórmula diferente a la que acordaron en la Nación.

Así, el partido de Margarita Stolbizer jugará en la provincia con Cambiemos mientras que el massismo, estará enrolado en el peronismo que conduce Bordet y que de ahora en más será "Somos Entre Ríos".

Por fuera de esa decisión federal, no hay muchas novedades en los armados lo que no quiere decir que ese efecto ( poco novedoso) no se produzca a la hora de las listas, nómina que deberá presentarse en unos diez días más. En el medio, seguramente serán agitadas las conversaciones para llegar a un resultado que es por sí difícil: Dejar a todos contentos.

Desgajando cada una de las propuestas, resta saber, para el caso del peronismo, cuál es el lugar que tiene para el kirchnerismo el nuevo sello, sector que a excepción de Jorge Busti, aglomeró a casi toda la dirigencia provincial bajo el ala del ex gobernador Sergio Urribarri, el ex soñador que ambicionó presidir la Nación de la mano de Cristina que ahora, sin pena, se deshizo del sello peronista como antes de la simbología, la marchita y los retratos de Evita y Perón.

Una reacción a destiempo lanzó, sobre la hora de los cierres, la posibilidad de que el ahora presidente de la Cámara sea el candidato a diputado nacional. Esa hipótesis, al margen de asegurarle los fueros que necesita para sortear la Justicia, que en su favor investiga sin ninguna prisa la denuncia por su presunto enriquecimiento, no generó un operativo clamor pero avaló el rumor de que el kichnerismo, aún herido de muerte, tendría un espacio en la lista o propio para poder jugar.

Rápido de reflejos, el gobernador convocó a los que rumiaban la posibilidad de empujar una opción como la de Urribarri, y los sentó a la mesa de la organización de campaña lo que le permitirá además al mandatario distribuir la carga de una presión como esta en la que, por propiedad traslativa, el gobierno (nacional y provincial) se pone en juego.

Lo atractivo del cierre es que al menos en el peronismo quedaron aglutinados propios y extraños, y también viejos adversarios, además de copoblanos, como Busti y Urribarri que en la última década partieron lo mismo que hoy vuelven a juntar, pero ahora de la mano de Bordet, el mismo que ellos empujaron y que ahora lidera el armado local ungiendo bajo el mismo ala a todos los que antes protagonizaron la gran división del peronismo local, que no son otros que los que se sucedieron en los cargos elección tras elección para amargura de todos los que aspiraban a meter la cola en esa herencia sin linaje pero con mucha práctica a la hora de juntar los votos.

Además de esa acción, (de estar en un mismo lugar) los une también el reclamo, (también de toda una década), por la derogación de la cuestionada Ley Castrillón, que sin embargo, resiste con total entereza los embates de propios y extraños y sigue normando el proceso electoral entrerriano, a pesar de que todos la miran de reojo y con desconfianza.

Enfrente, la oposición se aglutinó en una fórmula que ya mostró bueno resultados como la de Cambiemos, que esta vez, sumó al GEN y al Movimiento Social Entrerriano, pero que, como el peronismo, definirá sus nombres para el Congreso un poco más adelante.

El socialismo, dará amparo bajo su paraguas que es nada menos que su personería jurídica, a un conglomerado de expresiones políticas que, flojas de papeles, tienen, en cambio, firmes convicciones y quieren competir en octubre aún cuando los pronósticos afirman que la cosa se resolverá entre dos que se quedarán con tres de las cinco bancas en juego.

Después de su acuerdo con los radicales, el socialismo se fue desgranando internamente y tanto, que sus fracciones internas, aún divididas, no se encuentran a pesar de que en la provincia podrían tener un peso relevante no por sí mismos sino por la magra diferencia que mostró la última elección entre oficialistas y opositores lo que inflacionó el poder de las pequeñas fuerzas , entre ellas la que lideró el propio Adrián Fuertes, hoy subsumido por el oficialismo en un ministerio que todavía no tiene brillo propio.

Cayó la primera posta del calendario y no hubo, en su final, nada nuevo. Excepto, claro está, que al final del día algunos advirtieron que en los acuerdos "no están todos los que son y tampoco son todos los que están".

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