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Segundo tramo

Septiembre trae además del arranque de la primavera, el inicio de un segundo tramo de campaña caracterizada por su brevedad y porque en ella, la provincia, sólo pone en juego cinco bancas en el Congreso en una contienda que tiene cuatro listas para disputar esos cargos. De ellas, sólo los frentes "Somos Entre Ríos" y "Cambiando Juntos" concentraron una masa de votos que, al tiempo que los separa cuantitativamente de un modo inobjetable del resto, los empareja en una elección que más allá de las bancas de 2017, pinta el mapa político de 2019.

La novedad de estos días ya no pasa por la lectura del resultado, sino por el comportamiento de los protagonistas tanto por ser ganadores como por ser los perdedores. El botón de muestra de ese mosaico es el reclamo que a viva voz instaló el ignoto diputado nacional Jorge Barreto que pasó desapercibido por el Congreso pero no por la vida interna del partido peronista entrerriano donde reclama un lugar por la minoría, a pesar de que el oficialismo cerró esa posibilidad.

La disputa no alcanzó sólo la cuestión del cuarto puesto sino que se derramó por los intersticios del peronismo que solapado, y como siempre público, puso el debate en los medios lo que generó una cataratas de réplicas de forma pero no de fondo que enfrentaron dirigentes, generaciones y papeletas pero no fueron a la cuestión técnica sobre si corresponde o no dar lugar al reclamo de Barreto que sostuvo la bandea kirchnerista que resignaron otros que hasta hace pocos eran fervientes cristinistas.

La apelación del diputado, que nunca se lució en el Congreso, puso en remojo argumentos apasionados pero sepultó los técnicos que hasta ahora no se han escuchado.

De todos modos, el debate de las minorías no es una exclusividad del peronismo que, en todo caso, tiene en esta elección, el privilegio de esa discusión pública, pero en rigor, el tema es una vieja deuda pendiente que, de tanto en tanto, recobra vitalidad interpelando el concepto de poder de las mayorías.

El viejo paradigma que asigna al que gana el rol de gobernar y al que pierde el de acompañar, no define per se cuánto puede gobernar el que gana sin el que pierde y tampoco precisa cuánto acompaña el que quedó derrotado.

La frase, que generosamente comparten todas las fuerzas políticas ha sobrevivido los ciclos políticos, ha marcado, con una sinceridad poco usual, la magra generosidad de los partidos que proponen la renovación, llaman a la participación pero cierran la puerta a la hora de la distribución del poder, aún puertas adentro.

La decisión del peronismo, más allá de todas sus legitimidades, y del razonamiento obvio y entendible de evitar el cogobierno con la oposición interna, se traslada, de fondo a un tema más importante que es el de la representatividad. Quizás una vez zanjado con honestidad el truco de mayorías y de minorías, la política, sus dirigentes y dirigidos pondrán sobre la mesa el debate de la representatividad, como una nueva etapa de la política que se viene.

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