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Tránsfugas

La Legislatura provincial recibió su primer sacudón con las elecciones generales. Las paredes de los recintos, acostumbradas durante años al discurso unívoco, debieron aggiornarse a la heterogeneidad de muchas voces. Otros, en tanto, más ágiles, recuperaron la persuasión para alcanzar los consensos, cosa que antes estaba asegurada de primera mano.

Sin embargo, y a casi un año de asumir en sus mandatos los actuales legisladores, y con una constitución política variopinta, la Legislatura ha salteado todas las vicisitudes. Entre las más recientes, por ejemplo, por mencionar alguna, la posibilidad de darle el desafuero al ex gobernador y ahora presidente de la Cámara, Sergio Urribarri. Para adelante les espera el reto de lucirse con una solución decorosa al debate por la derogación de la ley de la Madera y como broche de oro la sanción del presupuesto provincial que, a juzgar por la opinión de muchos, carece de un plan para el despegue de la provincia.

En síntesis, casi en el ocaso del primer año de labor legislativa, son muchos los que aprendieron a leer entre líneas el lenguaje parlamentario.

En Diputados, por ejemplo, el oficialismo se ha apoyado en la pata del radical Ricardo Troncoso para asegurarse los tercios toda vez que los necesitaran. En el Senado, el voto del millón le pertenecía al massista Torres que en cada sesión empondera al ex candidato a gobernador devenido en ministro, Adríán Fuertes.

Troncoso, a diferencia de Torres, llegó a la banca con la boleta del frente Cambiemos y el desaire de los radicales a algunas de sus pretensiones vinculadas con los cargos nacionales, lo impulsó a sentarse sobre un bloque unipersonal que administra a piachere, aunque generalmente más en favor del peronismo. Troncoso siempre fue tildado en la arena política de urrikirchnerista, cosa que no alcanzó siquiera a ruborizarlo porque como contraste exhibía el crecimiento aritmético de su gestión como intendente en Maciá.

Esta semana, en el Senado un cimbronazo modificó la relación de fuerzas en el recinto. De los 17 senadores, 9 están aglomerados en el oficialismo y 8 en el frente Cambiemos. La ecuación cambió el martes cuando el peronista César Blanco, que llegó a senador en la boleta del frente opositor dio el salto hacia un bloque unipersonal y dejó a sus ex compañeros en una franca desventaja numérica.

La decisión de Blanco no fue una sorpresa. Antes había dejado en soledad a su bloque cuando no los acompañó al rechazar el pliego de José Luis Panozzo, propuesto por el Ejecutivo para la presidencia del Consejo General de Educación y luego al desertar al momento de cuestionar el impuesto para los cero kilómetros.

El frente Cambiemos evaluó entonces una medida disciplinadora, pero relativizaron la inconducta del peronista que ahora se armó rancho aparte.

Hugo Pitura, el intendente de Rosario del Tala, es uno de los que más sufre estas borocotizaciones. Es que ahora, los vecinos de ese departamento no tienen en los recintos los legisladores que votaron en el lugar donde los votaron. Por eso el presidente municipal no descarta reclamarle a Blanco que devuelva la banca.

Pitura se mostró defraudado y reveló que se vio sorprendido por la decisión de Blanco. "Desde Cambiemos a nivel departamental, se analizarán los pasos a seguir y pueden llegar a pedir que abandone la banca. Este frente se conformó en Tala y nos llevó a ganar las elecciones" por lo que Blanco "no se lo puede atribuir como propio porque lo conformamos entre todos", aclaró el intendente que ahora no tiene quien lo empuje con las gestiones desde la Legislatura.

La decisión del senador Blanco no es original y tampoco el primer caso. La borocotización es un fenómeno viejo que sufrió el radicalismo cuando el socialista Lisandro Viale se fue, a pocas horas de haber alcanzado el escaño, con un bloque propio. Más tarde, la media docena de diputados bustistas saltaría, sin sonrojarse, al urribarrismo y más cerca en el tiempo, Claudia Monjo dejaba el urrikirchnerismo para ser una renovadora que finalmente junto a su marido, el ministro Fuertes, estrecharon filas con el oficialismo antes de que se contara el último voto. también sucede con las bancas nacionales. Cristin Cremer abandonó Cambiemos para pasarse a la renovación cuando todavía muchos seguían contando votos en las escuelas.

A un costado de la anécdota y de los nombres, lo cierto es que ha quedado una definición pendiente acerca de a quién pertenece la banca: A la persona o al partido?

Para zanjar esta discusión, el radical Jorge Monge propuso un proyecto de ley que quedó cajoneado en Diputados. Propuso revocar en la provincia los mandatos de legisladores que cambian de identidad política. Su objetivo fue evitar los cambios en las pertenencias a determinados sectores que tergiversan la voluntad popular, bajo el concepto de que las bancas pertenecen a los partidos.

"Cada partido tiene la atribución de determinar si la forma en que es ejercida su representación o mandato, responde al programa y doctrina política que sirvió para la exaltación del candidato al cargo que ocupa", se manifiesta en la propuesta. La iniciativa dispone que las bancas de toda la representación legislativa provincial, municipal o comunal "pertenecen a los partidos políticos que han intervenido en el acto electoral y han nominado sus candidatos", con lo cual ante el caso de un legislador tránsfuga, "cada partido tiene la atribución de determinar si la forma en que es ejercida su representación o mandato, responde al programa y doctrina política que sirvió para la exaltación del candidato al cargo que ocupa".

En caso de "incumplimiento en el ejercicio de su mandato", y a solicitud del órgano deliberativo máximo del partidario "se podrá requerir la revocación del mandato del representante y su sustitución por el suplente correspondiente ante la Justicia Electoral", definió Monge en su iniciativa.

El proyecto permite afectar el orden normal de reemplazo cuando la elección del representante removido hubiese sido a través de un frente o alianza electoral a efectos de permitir el ingreso de un reemplazante del mismo partido que hubiese conformado el frente o alianza electoral.

El proyecto de Monge no prosperó. Es que esa decisión depende de muchos que se transfugaron sin suborizarse (y no quieren agotar la posibilidad). Los partidos políticos se deben una discusión sobre el tema y otro tanto la Legislatura. En el medio de esta cuestión sin resolver, quedan los vecinos que votaron pato y tienen gallareta.

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