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¿Qué cambia con los enroques en Economía?

No cambia la política económica ni la calidad de los ejecutantes, pero las decisiones y su ejecución quedan concentradas en el Presidente

La salida de Prat Gay, la división del ministerio de Hacienda en dos y los nombramientos para cada una de las nuevas carteras no traerán aparejados demasiados cambios en materia de política económica. Tanto Luis Caputo como Nicolás Dujovne representan, con matices, una total continuidad total en materia de orientación.

Poco cabe decir, asimismo, de la calidad moral y técnica de los nuevos ministros. Ambos parecen pertenecer al grupo de intachables y han dado probadas muestras de capacidad en sus exitosas carreras.

Si hasta el mercado financiero, que nunca se priva de opinar de manera exagerada, mostró una mínima reacción en el tipo de cambio, las acciones y los bonos. Todo sugiere que el cambio de nombres no provoca resquemores entre los operadores. Es más, con esa simpleza para sacar conclusiones apresuradas, los bancos de inversión se agruparon detrás de la idea de que Dujovne sería más cuidadoso de lo que lo fue Prat Gay con el déficit fiscal.

Cuando anunció la salida de Prat Gay, el jefe de gabinete Marcos Peña resaltó que la renuncia le fue pedida por "una discusión del diseño organizacional del Gobierno, y respecto al proceso de toma de decisiones".

Es lógico preguntarse cómo será que la división del ministerio en dos generará mayor coordinación. Resolver el problema de coordinación entre los ministerios no es una cuestión que deba depender de los nombres que integran cada cartera. Cabe pensar que para limar asperezas y lograr una ejecución eficiente de los planes que atañen a más de un ministerio están las novedosas funciones de los coordinadores Mario Quintana y Gustavo Lopetegui. No en vano, el Presidente les dio un respaldo contundente a Marcos Peña y a estos dos coordinadores, al decir de ellos que son "mis ojos y mi inteligencia, y cuando ellos piden algo lo estoy pidiendo yo".

El tema es que, al hacerlo, en esencia comunicó a todo el gabinete que las decisiones finales quedarían centralizadas. Es posible que la personalidad de Prat Gay no haya sido capaz de asimilar semejante merma en sus funciones. Merma que se hizo evidente en su corrimiento de la discusión por Ganancias, un tema sobre el cual su competencia era indudable.

Hasta hoy, la multiplicación de ministerios no aceleró la toma de decisiones, sino que pareció entorpecerlo. "Los ojos y la inteligencia" de Macri han debido ocupar demasiados espacios en los cuales no pueden ser expertos y su rol coordinador no ha sido estelar. La coordinación no puede consumirse en la subordinación de cada decisión a la inteligencia del Presidente, sino en dotar a cada Ministerio de la autonomía necesaria para ejecutar un plan prefijado en el Presupuesto Nacional. Sino, ¿para qué necesitamos 21 ministerios y una Jefatura de Gabinete?

Del otro lado, el ego de Macri también debe haber tallado en el asunto. Siempre existió la presunción de que la independencia y el alto perfil de Prat Gay lo incomodaban. Ahora, se ocupó de aclarar que él le había pedido que se fuera. Justo cuando la economía parece, por fin, haber comenzado a despegar. No vaya a ser que Prat Gay se lleve esos laureles.

La salida de Prat Gay no puede leerse demasiado separada de la salida de Isela Costantini de Aerolíneas. Ambos funcionarios no salieron por su mala praxis, sino por su independencia más allá de lo tolerable para el círculo cerrado de Macri. Dentro de un equipo bastante endogámico, Prat Gay y Constantini eran partículas sueltas.

La llegada de Dujovne, que aunque tampoco forma parte del grupo íntimo formó parte del equipo que trabajó en el programa económico de Cambiemos durante la campaña de 2015, asegura la llegada de un técnico de perfil muy bajo que, sin duda, calzará mejor en el "proceso de toma de decisiones".

No hay cambios en la política ni en la capacidad. El gran cambio que generan los enroques en Hacienda es el de concentrar las decisiones en una sola persona: el propio Macri.

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