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Convergencia hacia las metas de inflación

La meta de inflación del Banco Central ya no parece una entelequia, pero depende de las paritarias que se pueda concretar

La meta de convergencia de la inflación hacia niveles de 5% en 2019 se ha mantenido invariable desde la asunción de Federico Sturzenegger al frente del Banco Central. Y también ha mantenido inalterada la trayectoria hacia ese objetivo, con metas intermedias de 12% a 17% en 2017 y de 8% a 12% en 2018.

En pos de cumplir la meta, el Banco Central no parece haberse conmovido con los reclamos del Ministro de Hacienda por una reducción más acelerada de la tasa de interés de referencia que establecen las licitaciones semanales de Letras (Lebacs). Fiel a su mandato, las ha reducido sólo cuando los indicios de que la inflación retrocedía eran suficientemente convincentes, y las ha subido y mantenido fijas cuando sintió que la coyuntura así lo requería. Al parecer, su política comienza a dar fruto.

Mientras que la variación interanuales de la inflación sigue en niveles muy elevados por los impactos provocados por la devaluación del peso, la quita de retenciones y las subas de tarifas de transporte, luz y electricidad, las lecturas recientes sugieren que la inflación ha empezado a converger, lentamente, hacia las metas del Banco Central.

Como recalcó Sturzenegger en un reportaje reciente, la inflación ya está por debajo de 20%. Esto sugiere la inflación núcleo que calcula INDEC, que lleva cuatro meses cayendo y ahora se ubica en 1,5% (o 19,6% anualizado).

No está solo el presidente del Banco Central en este optimismo. Si los inversores del exterior compran títulos en pesos a 10 años con un cupón inferior a la inflación y a las tasas de interés de corto plazo, lo hacen porque esperan beneficiarse del éxito de la política anti-inflacionaria. El Banco Central está construyendo una reputación de ser creíble.

Esta reputación parece también haber comenzado a extenderse localmente. El relevamiento de expectativas de inflación de la Universidad Torcuato di Tella acumula seis meses de caída. En los últimos dos meses la mediana de la encuesta se ubicó en 20%. Algo parecido pasa con el Relevamiento de Expectativas de Mercado que hace el propio Banco Central: las expectativas de inflación se ajustaron hacia 21% para los próximos 12 meses.

Pese a la notable mejora de expectativas que muestran ambos relevamientos, éstas aún se ubican por encima de la meta del Banco Central. Pero éste tiene con qué ilusionarse: la inflación mayorista lleva meses estacionada en el 13%. Es decir, las presiones inflacionarias sobre el costo de producción de bienes es mucho menor que la que pesa sobre los costos de distribución. En los precios mayoristas, la convergencia hacia la meta del Banco Central es una realidad.

Para que la realidad termine por encontrarse con la meta del Banco Central serán claves las negociaciones salariales de 2017. La clave pasa por conectar la negociación con la inflación esperada y no con la inflación pasada. Se trata de una premisa que favorece a todas las partes.

En 2016 quedó claro que negociar sobre la base del pasado no funcionó para nadie: aumentó la inflación y no sirvió para proteger el valor real del salario. Si en 2017 los salarios suben 30%, la inflación será mayor a la meta del Banco Central, o bien la recesión y el desempleo serán mayores, o bien todos estos males se darán al mismo tiempo.

Mantener una meta inflacionaria clara y tomar decisiones de política monetaria consistentes con esa meta dotan al Banco Central de una credibilidad que hace más fácil la vida para todos. Para Hacienda, cuando busca fondeo en pesos a largo plazo, para el ala política del Gobierno, cuando deba encarar negociaciones salariales, para los empresarios, que pueden pensar en invertir con un horizonte predecible y para los asalariados que sufren la erosión de sus ingresos por causa de la inflación.

La meta de 2019 que plantea el Banco Central es la meta a la que podría aspirar una Argentina normal, que no es poco decir. Muchas veces las noticias se encantan con los roces entre Prat Gay y Sturzenegger, y los exageran. Pero ignoran que estos roces ocurren en todos los países normales, pues los banqueros centrales y los ministros de Hacienda tienen objetivos que parecen estar en conflicto y siempre prefieren que el trabajo sucio lo haga el otro. No es mala noticia que tengamos estos roces: son roces propios de un país que se quiere normalizar.

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