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El sentido de la oportunidad

¿Cuál es el beneficio de optar por un candidato, que a la postre resulta ser el equivocado, a horas de una elección?

El miércoles pasado, los titulares de los medios de prensa resaltaban que la canciller Susana Malcorra intentaba gestar una comunicación telefónica entre Mauricio Macri y el presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump. También destacaban un tuit del presidente argentino en el que desea "trabajar juntos por el bien de nuestros pueblos".

Lo cierto es que, pocas horas antes de la elección presidencial en Estados Unidos, Malcorra había salido a apoyar a Hillary Clinton y a criticar, sin mencionarlo, a Donald Trump. La canciller sugería que si éste ganaba habría un replanteo de la relación entre Latinoamérica y los Estados Unidos, y que, en particular, habría un "parate" en la relación bilateral con nuestro país.

Cabe suponer que estos comentarios los hizo Malcorra con la confianza que le inspiraba en ese momento la multitud de encuestas que descontaban la victoria de la candidata demócrata. Una confianza que, como ya había ocurrido este mismo año con la votación por el Brexit y con el referéndum por el acuerdo de paz en Colombia, los hechos hicieron añicos.

Mucho se ha escrito sobre los motivos por los cuales Donald Trump fue elegido. Pero lo importante es que sucedió y ahora la Cancillería deberá trabajar para desandar un camino que no era necesario transitar. Porque cabe preguntarse: ¿qué beneficio adicional hubiéramos obtenido de los Estados Unidos, luego de los dichos de Malcorra, si Clinton hubiera resultado electa?

El tema clave de la reapertura argentina hacia el mundo ha sido la necesidad de atraer inversiones. Inversiones en la economía real, idealmente. Pero también inversiones financieras para solventar la transición hacia un nuevo modelo productivo. Desde diciembre pasado, la diplomacia argentina estuvo orientada a mostrar una nueva cara con el fin de lograr del exterior, más que nada, recursos financieros.

En esta orientación, la relación entre los Estados Unidos y Argentina han venido jugando un papel destacado para lograr la apertura de mercados financieros que parecían clausurados. Bancos, mercados financieros y organismos multinacionales han redescubierto a la Argentina y la han inundado de dólares, en una apuesta a que el cambio de Macri funcionará.

Pero no cabe aquí conceder que el dinero hace apuestas por simpatía; el inversor financiero sólo busca generar ganancias y decide en base a expectativas que pueden ser volátiles: aquello que hoy parece atractivo mañana podría dejar de serlo. Parecer que se está lejos del ganador no es una buena señal.

Que la elección en los Estados Unidos no es inocua para los mercados lo demostraron los precios de los activos argentinos. Bonos y acciones se desplomaron, y el peso se depreció 2% pese a que las reservas del BCRA treparon por encima de los 40 mil millones de dólares. No hay pánico, pero sí preocupación.

No está claro que la preferencia de Malcorra por Clinton haya sido el corolario de una deliberación dentro del Gobierno. Tampoco si respondió a alguna presión del gobierno estadounidense. Por eso, cuesta entender su extemporánea decisión de tomar partido por Clinton. De hecho, el Presidente se abstuvo, en general, de expresar públicamente sus preferencias.

Es que existe, entre Macri y Trump, una relación personal nacida a partir de un negocio inmobiliario fallido de Franco Macri en Nueva York en los años '80. La historia, narrada en la biografía Trump: The Deals and the Downfall del periodista Wayne Barret y en la autobiografía de Trump, The Art of the Deal, subraya la buena relación que quedó entre las familias luego de que Macri vendiera aquel negocio a Trump. La historia no escrita no tiene tanto color de rosa y habla de que Macri fue apretado para vender su negocio.

Sea como fuere, si este vínculo comercial podía ayudar a mantener la buena relación con los Estados Unidos luego del cambio de autoridades, los dichos de Malcorra no contribuyeron.

Argentina necesita inversiones externas y ha hecho un giro radical en su política exterior en el afán de obtenerlas. Con ese afán, y con cierta sobreactuación, la diplomacia del país se ha hecho eco de batallas que no le competen y en las cuales no queda claro que le convenga involucrarse. Una de ellas es la de haber tomado partido por uno de los candidatos presidenciales en los Estados Unidos.

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