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Electricidad casera para todos

La ley que habilita a los hogares a vender energía a la red abre un nuevo horizonte para el desarrollo de las energías limpias en el país.

El pasado 30 de noviembre, el Senado de la Nación votó por unanimidad y convirtió en ley el Régimen de Fomento a la Generación Distribuida de Energía Renovable, que contaba con media sanción de Diputados desde septiembre pasado. Desde el Ministerio de Energía y Minería (MINEM) de la Nación se anunció que la ley será reglamentada durante el primer semestre de 2018.

La ley, que nació de un amplio acuerdo entre el Ejecutivo, legisladores y empresarios del sector, autoriza a los usuarios particulares a volcar energía excedente de fuentes renovables que ellos mismos generen al Sistema Argentino de Interconexión (SADI). En otras palabras, cualquiera que instale en su casa un generador de electricidad de fuente renovable podrá vender a la red de distribución el excedente de aquello que consuma para sí mismo. Antes de la sanción de la ley, sólo los agentes del mercado mayorista podían vender electricidad.

El hogar o la pequeña empresa, entonces, se convierten en generadores además de demandantes del fluido eléctrico, previa instalación de medidores de medición bidireccional a cargo de la empresa distribuidora. El monto de la factura de luz resultará del balance neto, o compensación de saldos entre el valor de la energía demandada y el de la energía inyectada al sistema.

Además, a partir de su reglamentación, la ley estipula que cualquier proyecto de construcción de edificios públicos deberá "contemplar la utilización de algún sistema de generación distribuida proveniente de fuentes renovables".

El neologismo prosumidor, una combinación entre productor y consumidor, queda definido para referirse a quien instale un equipo de generación eléctrica distribuida, así llamada porque es generada en el lugar en que es consumida. Esta cualidad importa un ahorro no sólo en transporte y en la infraestructura de distribución, sino que también reduce las pérdidas técnicas (entre 8% y 12% de lo generado) que se producen al llevar la electricidad desde la central hasta los hogares.

En 2015, nuestro país generaba apenas 11% de su electricidad a partir de fuentes renovables, de las cuales la principal era la hidráulica. En ese entonces, el MINEM se fijó el objetivo de llevar en diez años esa proporción al 20%. La nueva ley es más ambiciosa: aspira a que en 10 años, el 15% de la energía eléctrica sea de generación distribuida, es decir, no sólo de fuente renovable sino generada por pequeños productores en el lugar donde es consumida.

Parece una utopía, pero no lo es. En muchos países europeos, una parte sustancial de la electricidad es generada por los hogares. En Alemania, casi el 30% de la generación proviene de fuentes renovables, y alrededor de 6% es generada en los hogares. El objetivo es llegar a que el 85% de la electricidad consumida provenga de fuentes renovables en 2050.

El cambio que busca Argentina no parece, entonces, utópico. ¿Lo será el plazo de 10 años para alcanzar un 15% de generación distribuida? La respuesta está abierta: el cambio tecnológico está haciendo caer los costos a gran velocidad. El precio de los aerogeneradores y los paneles solares han caído de manera estrepitosa en apenas un par de años.

No es un hecho fortuito, sino planeado. Muchos países desarrollados están dedicando cuantiosos recursos a desarrollar fuentes de energía renovable a menor costo. En los EE.UU., la SunShot Initiative aspira a lograr una reducción del 75% de los costos de instalación de equipos entre 2010 y 2020.

Un análisis del Centro de Estudios en Medio Ambiente y Energías Renovables (CEMAER) revela que en Argentina, el costo de los paneles solares casi duplica al promedio de América Latina. Hay un problema de escala y de costos de instalación; hasta el 30 de noviembre también faltaban incentivos para involucrarse. El Régimen de Fomento a la Generación Distribuida de Energía Renovable viene a corregir este problema, con incentivos tributarios para los prosumidores, créditos blandos para quienes instalen generadores hogareños y un fondo fiduciario para incentivar la adopción de la tecnología.

No se trata sólo del altruista objetivo de colaborar con la lucha contra el cambio climático. Quienes instalen generadores de electricidad de fuente renovable no sólo ayudarán al medio ambiente sino que pagarán menos por sus facturas de luz.

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