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En esto se ve un cambio

La reacción del Gobierno en PepsiCo debe evaluarse dentro del marco de su foco en un patrón de crecimiento liderado por la inversión.

Llaman la atención muchos de los últimos indicadores de actividad. El PBI del primer trimestre, el nivel de actividad industrial y de la construcción en mayo, la suba de la recaudación impositiva en junio, entre otros, dan fe de una recuperación económica que, en el llano, cuesta encontrar.

De hecho, no se encuentra tal vigor entre los productores, comerciantes y empresarios hoteleros de nuestro departamento, quienes no perciben indicios de que la cosa mejore como el Indec sugiere.

Quizás la explicación radique en que el Gobierno pretende que la economía crezca según un patrón distinto al que buscaba el gobierno anterior. Un patrón liderado por la inversión, en lugar del consumo subsidiado. Por lo pronto, la obra pública, la inversión privada en generación eléctrica y en la producción de gas en Vaca Muerta son puntos evidentes de mejora.

Recientemente, nuevos sectores se han mostrado dispuestos a invertir. Cuando hayan terminado los períodos de suscripción, los bancos Macro, BBVA, Galicia y Supervielle habrán aumentado su capital en más de US$ 2.000 millones. De igual manera, las desarrolladoras IRSA Propiedades Comerciales y TGLT buscan tomar otros US$350 millones, en tanto que Pampa Energía intentará recaudar hasta US$500 millones. Todo el nuevo capital será destinado a crecer los respectivos negocios, algo que eventualmente conllevará a un aumento del número de empleados.

Lo cierto es que existe, entre los empresarios, un sentimiento de mejoría que no ha alcanzado a la mayoría de la población. Que esta semana PepsiCo haya decidido cerrar una planta en Vicente López, dejando cesantes a 536 operarios, no contribuyó a generar una sensación de mejoría en la gente de a pie. Pero la forma en que el Gobierno respondió a un intento de toma de la planta seguramente reafirmó la confianza de los empresarios.

El asunto es que la empresa cierra la planta porque PepsiCo dice que le quedó mal ubicada. Concentrará capacidad de producción en Mar del Plata y reasignará a 155 personas que trabajaban en Vicente López a otras plantas. Incluso, El Entre Ríos pudo averiguar de manera informal que podría donar la planta a alguna dependencia estatal.

PepsiCo llegó a un acuerdo con el sindicato, por el cual pagará los haberes de los empleados cesanteados hasta fin de julio, pagará doble indemnización por antigüedad y extenderá la cobertura médica por seis meses. Condiciones que hicieron que casi el 80% de los afectados aceptara el trato. Pero los delegados gremiales tomaron la planta y debieron ser desalojados en cumplimiento de una orden judicial. Aunque la empresa no lo reconociera, es probable que tener que lidiar a diario con estos delegados combativos haya sumado a la hora de decidir el cierre de esta planta.

Resultan novedosas tanto la decisión de la justicia de hacer respetar la propiedad, como la del Gobierno de hacer cumplir la orden judicial. Ambas cuestiones marcan un contraste radical con la manera de encarar problemas similares durante la administración anterior.

La cuestión es que tan acostumbrados estamos a movernos según la ley de la jungla, por la cual el animal más fuerte manda, que nos sorprende descubrir que es posible hacer cumplir la ley sin que caer en un escándalo. En el desalojo no se registraron manifestantes heridos.

Saber que hay una ley, y que esa ley se cumple, es primordial para atraer inversiones. Es probable que futuros inversores se sientan más amparados por la ley cuando miren al caso PepsiCo. Hay un nuevo patrón de crecimiento, y sobre ese patrón enfoca el Gobierno la mira. Un patrón más basado en la inversión y el trabajo que en el consumo subsidiado. Es un patrón de crecimiento que demanda paciencia y que no se siente en el corto plazo.

En perspectiva, para los trabajadores nada cambió entre dejar que los delegados tomaran las plantas de manera indefinida o, por el contrario, usar la fuerza para desalojarlos: los puestos de trabajo se perdieron en ambos casos. El tema es que cumplir la ley permite una solución menos estresante (el acuerdo de indemnización de PepsiCo, por ejemplo) y soñar con que llegarán nuevas inversiones que podrían crear nuevos puestos de trabajo. Cuando nos manejamos según la ley de la jungla, ese sueño resulta utópico.

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