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Inflación y tasas: los objetivos claros

Pese a las críticas que recibe, el Banco Central sigue empeñado en no dar cuartel en su batalla contra la inflación

Sorprendió la suba del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo: 2,36%. También sorprendió que el índice "núcleo", que omite variaciones estacionales y aumentos por única vez como los que provoca una suba de tarifas de servicios regulados, trepara 1,8% por segundo mes consecutivo. Pero, para el mercado financiero y para los economistas, lo más sorpresivo fue la respuesta del Banco Central, que aumentó 1,5 puntos porcentuales la tasa de interés de política monetaria, en reacción a los números de inflación.

Los economistas criticaron con dureza al Banco Central, sugiriendo que esta decisión pone en riesgo la incipiente recuperación de la economía. Algunos, incluso, redujeron sus pronósticos de crecimiento para 2017.

Al parecer, el Banco Central se ha tomado en serio la meta de inflación de 12% a 17% que se fijó para el año. Meta que muchos consideran demasiado ambiciosa y que provoca, en la obstinación por cumplirla, reacciones contraproducentes por parte de la autoridad monetaria. Hay quienes, incluso dentro del equipo económico, acusan al Banco Central de poner en riesgo las chances electorales del Gobierno.

No es la primera vez que el Banco Central reacciona con énfasis a desviaciones de su meta de inflación. Aunque no queda claro qué significa exactamente esa meta numérica. De hecho, en 2016 el Banco Central se mostró satisfecho porque cumplió la meta para el año durante el último trimestre. ¿Inflación, para el Banco Central, es lo que dice el IPC o es la inflación "núcleo"? ¿Fue el desvío en este indicador el que motivó su reacción? Es muy probable que haya sido así.

Pero sea cual fuera la base teórica de la decisión, lo que cabe preguntarse es si las críticas recibidas están justificadas. No queda claro que el movimiento de tasas de interés tenga, en nuestro país, un impacto tan relevante sobre el nivel de actividad, como sí lo tiene en países en los que el mercado de crédito está más desarrollado.

Resulta que el mercado crediticio es tan pequeño en nuestro país, que suponer que una suba de tasas retraerá la demanda de crédito y, por ende, hará caer la inversión, como sugieren los libros de texto, es una exageración.

¿Y sobre el consumo? Es probable que tampoco juegue tanto, pues el consumo masivo sobre el cual podría creerse que el Gobierno tiene depositadas parte de sus ansiedades electorales es más sensible a la existencia de planes de cuotas que al nivel de la tasa de interés implícita en las cuotas.

Claro está que, si el efecto directo de la política monetaria sobre el nivel de actividad es reducido, tampoco queda tan en evidencia la necesidad de subir de tasas, pues por esa movida, en forma aislada, no alcanzará para aplacar las subas de precios.

Pero la suba de tasas sí puede jugar sobre nivel de actividad y precios de forma indirecta, a través del tipo de cambio. Si la suba de tasas desvía recursos hacia el ahorro en pesos, y presiona más sobre el tipo de cambio, podría desalentar la actividad industrial. De esto se quejan los productores. Desde el punto de vista del Banco Central, por el contrario, un tipo de cambio bajo ayuda a mantener a raya la inflación.

Una curiosidad de los contrapuntos entre la firmeza del Banco Central y las críticas abiertas de los economistas ha sido la aparente prescindencia del Presidente en la disputa. Aunque la tentación de muchos medios ha sido suponer que no estuvo contento con la decisión, desde su asunción el discurso del Presidente estuvo enfocado en que para que la economía se mueva se necesita un país más normal. Y la normalidad requiere estabilidad de precios. Y que la búsqueda de esa normalidad no esté desdibujada con las pujas electorales.

Mostrar firmeza en la lucha contra la inflación es una señal clara a empresarios y sindicatos para que en sus pujas por precios y salarios moderen sus expectativas. No por una cuestión de conveniencia cortoplacista, sino porque una menor tasa de inflación es la única forma de recomponer en serio el salario real y salir del cinismo circular que supone aumentar salarios nominales por un porcentaje enorme que, luego, la inflación acaba por licuar.

Al parecer, el Presidente está convencido de que no se puede crecer con alta inflación. De ahí que no critique al Banco Central cuando muchos en su Gabinete lo hacen. Dejar al Banco Central hacer su tarea y que las otras áreas de Economía se ocupen de las suyas es propio de los países normales.

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