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Para los mercados, sólo importa el costo político

No queda claro quién perdió más con la votación por Ganancias

Los grandes medios de comunicación no dudaron en calificar la media sanción que el proyecto opositor de reforma de la Ley de Impuesto a las Ganancias obtuvo en Diputados como una gran derrota del Gobierno.

Por cierto, el desenlace no fue el esperado por Cambiemos y lo tomó por sorpresa. De haber anticipado el resultado, probablemente no lo hubiera incluido en la agenda de las sesiones extraordinarias. A menos que el maquiavelismo del Gobierno haya llegado al punto de desear esa derrota legislativa con el único afán de obtener la foto que coronó tal derrota.

Mostrar juntos a massistas y kirchneristas le ha caído como anillo al dedo para desprestigiar a quien asomaba como su mayor rival para las elecciones de 2017 en la provincia de Buenos Aires. Los asesores de imagen de Sergio Massa deben estar maldiciendo la foto que, con o sin razón, lo ha asimilado a aquello que el legislador decía despreciar y a un pasado kirchnerista que se empeña en borrar: director de ANSES, Jefe de Gabinete y candidato testimonial en 2009.

La votación por la Ganancias saca a la luz lo peor de la política y deja de manifiesto sus contradicciones. Quienes durante 12 años se opusieron a aumentar la base imponible son quienes ahora aprueban la ley. Y quien en la campaña se comprometió a ajustar las escalas es quien ahora se vería forzado a vetarla.

La sucesión de sorpresas electorales en todos los continentes obligan a repreguntarse si no serán erróneas las conclusiones lineales con que dirigentes, periodistas, analistas y encuestadoras interpretan cada evento político. Trump, el Brexit, la caída del referéndum de paz en Colombia, la derrota de Renzi en Italia o la estrecha derrota del neonazismo en Austria deberían dejar de ser considerados eventos aislados. A veces, los votantes parecen preferir lo grotesco, o lo absurdo, antes sostener opciones lógicas que no les han servido.

Calificar la votación en Diputados como una victoria del FPV y de Massa a costa de Macri es lo que el pensamiento lineal sugiere. Macri impulsaba un proyecto y los otros dos se aliaron para aprobar otro. Pero la noticia de la victoria legislativa no puede separarse de la foto posterior.

Esto no significa que Macri haya salido victorioso. Pues si bien las encuestas reflejan que el Presidente conserva una buena dosis de confianza popular, en algún momento la sucesión de errores de cálculo dejará de ser atribuida a que "no lo dejan hacer" y pasará a sembrar dudas respecto de su capacidad para gobernar.

Esa habilidad con que en los primeros meses el Gobierno supo construir consensos para aprobar las leyes que le permitieron salir de gran parte del atolladero heredado del kirchnerismo parece haberse perdido, quizás porque ha comenzado a tallar en las negociaciones la proximidad de las elecciones, o quizás porque el macrismo parece haber perdido el toque mágico y luce timorato en las negociaciones.

Al fin de cuentas, en su afán por pasar un diciembre tranquilo, el Gobierno se ha mostrado manirroto con los fondos públicos, dando la sensación de que todo aquel que llore, mamará. Piqueteros, organizaciones sociales, sindicalistas, gobernadores han sido conformados con millonarios subsidios, pagos a las obras sociales, acceso al crédito internacional y transferencias de fondos. Esta prodigalidad contribuyó al déficit fiscal de 2016 y explica en parte el que contempla el Presupuesto para 2017.

Por ahora, el mercado de capitales ha sido el puente de Macri hacia las elecciones, financiándole un ajuste fiscal gradual. Todo en aras de asegurar que en 2017 se asegure la continuidad de la racionalidad económica macrista hasta 2019. No es una cuestión banal: la votación por Ganancias le demostró al mercado que la alternativa Massa podría no ser tan potable.

Macri necesita del mercado para llegar bien a 2017. Y el mercado necesita de Macri para seguir confiando. La votación por Ganancias le ha hecho preguntarse si no estará en juego la gobernabilidad, y si el peronismo no habrá entrado en modo golpista. Por eso, busca determinar qué evento es más relevante: ¿la votación o la foto?

El déficit fiscal es el punto débil del Gobierno. Con financiamiento externo es un problema que deberá arreglar en el tiempo. Sin ese financiamiento, podría convertirse en un camino directo al infierno.

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