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Precios Transparentes, o cuánto nos engañaron

El programa sincera una situación que, por oscura, afectaba sobre todo a quienes no disponían de una tarjeta de crédito.

Para quienes son enemigos de las deudas, o para quienes no tienen una tarjeta de crédito con la que pagar en cuotas, una novedad de los últimos días hará sus futuras experiencias de compra más satisfactorias. Durante años debieron sufrir por la ineficiencia financiera de pagar al contado frente a la posibilidad de hacerlo en cuotas sin interés.

Fueron muchos años escuchando esta cantinela de las cuotas. Demasiados para lograr captar cuán drástico es el cambio que la política de Precios Transparentes lanzada por el Ministerio de Producción supone para las compras minoristas.

La mayoría de la gente jamás se preguntó quién se hacía cargo, en una economía con una alta tasa de inflación, de este financiamiento gratuito. Que ahora queda en claro que no sólo no era gratuito, sino que además era un mecanismo por el cual los comercios minoristas o los emisores de tarjetas, abusando de una legislación que les impedía diferenciar los precios al contado de los precios en cuotas, se apropiaban de una súper-renta por cargar implícitamente intereses al precios aunque se pagara al contado.

La novedad es que ahora pagar por un producto al contado es mucho más barato que hacerlo en cuotas, como siempre debió haber sido. Precios transparentes es un premio tardío para quienes pagando al contado fueron esquilmados durante años. Desde el Gobierno estiman que con el plan podrían encontrarse rebajas de precio de hasta 20% en algunos segmentos.

Ahora, los comercios están obligados a exponer la diferencia de precios que supone cada forma de pago. Con la ayuda de Internet, es fácil navegar por las páginas de las mayores cadenas de electrodomésticos y ver que un producto al contado cuesta alrededor de 14% menos que si se lo paga en 12 cuotas. Un número que no impresiona, pero que supone un costo financiero total (la letra chica de los contratos o esas palabras dichas a gran velocidad en los anuncios radiales) de más de 30%.

Llama la atención que el Gobierno no haya hecho más alharaca respecto de este asunto, máxime cuando muchas veces luce ansioso por vocear buenas noticias. Sincerar los precios al contado parecería haber redundado en rebajas importantes en varios precios. Dos relevamientos separados que fueron llevados a cabo por consultoras privadas detectaron rebajas de precios de un 7% en promedio desde que comenzó a regir el nuevo sistema de información.

Uno de los temas que más desvela al Gobierno son los altos precios internos en comparación con los precios de los mismos productos en el exterior. Esas largas filas de viajeros a Chile para comprar ropa y electrónicos a un gran descuento respecto de los precios internos hacen ruido, sobre todo porque allá no hay fabricación local, como sí la hay en Argentina.

Este desvelo incentivó a los fabricantes locales de electrodomésticos a impulsar el proyecto de transparencia. Con ello buscaron frenar las acusaciones en su contra y demostrar que las diferencias de precios con el exterior no sólo derivan de ineficiencias en la cadena productiva sino también de una legislación que fomentaba los abusos por parte del comercio minorista y los emisores de tarjetas.

En tanto generó rebajas de precios, el programa Precios transparentes es una buena noticia, que termina, por añadidura, sirviendo a las franjas de menores ingresos de la economía.

Porque si algo debe quedar claro es que, como muchas veces ocurre en situaciones similares a las que provocó la falta de transparencia en los precios y las falsas cuotas sin interés, no son los consumidores que prefieren voluntariamente no endeudarse los únicos que han pagado de más. Las principales afectadas son aquellas franjas de la población que no pueden endeudarse para pagar en cuotas; aquellos que no cuentan con una tarjeta de crédito y que, obligados a pagar al contado, estuvieron todo este tiempo pagando de más sin saberlo y sin poder solucionarlo.

A apenas unos meses de las elecciones, el Gobierno necesita de buenas noticias. Resulta curioso que no haya puesto un énfasis mayor en esta iniciativa, que beneficia a la mayoría de consumidores y recorta los beneficios de las grandes cadenas minoristas y los bancos.

La oposición se empeña en acusar al Gobierno de gobernar para los ricos. Precios transparentes es una política que favorece a los que menos tienen.

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