Columnistas Ver todas las columnas

Profetas fuera de su tierra

Los bonos en pesos que emite el Gobierno atraen más demanda extranjera que local

El jueves pasado el Tesoro emitió bonos por un monto total de 76 mil millones de pesos en dos tramos, uno a 7 años de vencimiento con tasa fija de 16%, y otro a 10 años de vencimiento con tasa fija de 15,5%. Completa así una curva de bonos en pesos a tasa fija que ya componían las emisiones a 18 meses, 2 años y 5 años hechas con anterioridad.

El ministro Prat Gay subrayó que por primera vez en 200 años el país consigue colocar papeles a 5, 7 y 10 años de plazo en pesos a tasa fija. Un logro no menor que debería comenzar a dar pie a un mercado crediticio más fluido para proyectos a largo plazo, como las hipotecas.

Hay un motivo central para explicar el éxito de demanda que recogieron estas emisiones, en pesos y a tasa fija: la demanda extranjera. Más del 80% de los 17 mil millones de dólares que recogieron estas emisiones provino de inversores del exterior. Un factor que también explica por qué el tipo de cambio se encuentra en una meseta. Pese a los reclamos de exportadores y el consenso de economistas respecto de que se están perdiendo parte de las ganancias de la devaluación, las fuerzas del mercado son las que actúan sobre la cotización.

Por el contrario, la demanda de los inversores locales no ha sido tan entusiasta. Quizás no sea porque tienen una visión del futuro distinta de la que parecerían tener los extranjeros sino, sobre todo, por tener horizontes de inversión más cortos. Para los inversores con fondeo en pesos, el costo de oportunidad es la tasa de interés de las Letras del Banco Central (LEBAC), que orilla el 27% a corto plazo. Ningún administrador que no quiera perder su trabajo resignará durante un período incierto la diferencia de cupón corriente, por más convencido que esté acerca del sendero futuro de la inflación y las tasas de interés.

Los extranjeros, por el contrario, tienen, además del juego del sendero de tasas a futuro, otros juegos para jugar. En primer lugar, el juego del tipo de cambio. Los inversores que se miden en dólares deben creer que la tasa que reciben le ganará a la devaluación, y no pueden protegerse en el corto plazo porque eso los dejaría con un retorno negativo.

Pero no sólo por las previsiones de tipo de cambio se crea la demanda. Hay otros motivos que juegan un rol preponderante. Entre ellos, el de la posibilidad de que estos títulos pasen a formar parte del índice GBI de bonos en moneda local que elabora el banco J.P. Morgan. Para hacerlo, deberían cumplir tres requisitos: que en el país emisor haya libre convertibilidad de los flujos a moneda extranjera, que los títulos sean emitidos a tasa fija y que el monto mínimo de cada emisión sea equivalente a 1,5 mil millones de dólares. Los bonos a 2, 5, 7 y 10 años cumplen con estos requisitos, por lo cual los numerosos fondos que siguen al índice, previendo que en el futuro podrían verse forzados a comprar estos bonos, se han anticipado.

Pero hay, sin dudas, un motivo superior, que excede a estos factores técnicos. Los inversores extranjeros que arriban cada semana a Buenos Aires se van encantados con el país y con los equipos técnicos del Gobierno.

En el camino hacen caso omiso de la incumplida promesa de no emitir más que había hecho el equipo económico hace unos meses. En lo que va del año, se emitieron bonos por 42,5 mil millones de dólares. Más de lo que se necesitaba, pues ya se ha comenzado a financiar el año 2017.

Se estima que a fines de 2016 la deuda del sector público con el mercado y los organismos internacionales será de 25 puntos del PBI. Una cifra que volverá a crecer en 2017, a juzgar por el déficit fiscal que prevé el proyecto de Presupuesto y la intención de reducir el financiamiento del Banco Central, como parte del combate contra la inflación.

Los inversores extranjeros no lucen nerviosos con el aumento del endeudamiento. Parecerían creer casi ciegamente en la capacidad del equipo económico y del Banco Central en cumplir sus promesas de normalizar la situación macroeconómica. Mucho más de lo que parecen creerlo los propios argentinos. Éstos, quizás por experiencia, o porque les cuesta sacarse el cortoplacismo de encima, parecen más escépticos.

En el libro de Lucas, Jesús dice que ningún profeta es aceptado en su propia tierra. Es lo que ocurrió con las emisiones de bonos en pesos. De lo que no hay dudas es de que las profecías del equipo económico siguen siendo más que abonadas en el exterior.

¡Comentá esta nota!

Para escribir un comentario, antes deberás seleccionar una identidad.

[X]

* 600 caracteres disponibles

Comentarios

El comentario no será publicado ya que no encuadra dentro de las normas de participación de publicación preestablecidas.