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Que el diablo no meta la cola

El "efecto Trump" no ha sido neutro para el Gobierno ni para la economía

A los brotes verdes les está costando convertirse en fruto. El informe de prensa del INDEC muestra que la Producción Industrial mantuvo en octubre una fuerte caída en la comparación interanual y apenas se recuperó respecto de un flojo septiembre.

Algo similar ocurre con la construcción, que cayó 19% respecto de 2015 y acumula en el año la mayor caída desde 2002. El aumento de los permisos de construcción, el auge de los fondos inmobiliarios destinados a captar fondos del blanqueo y el leve aumento del empleo en el sector siguen siendo pequeños indicios de un futuro mejor que aún no llegó.

Para acelerar la recuperación de la economía, necesaria para alcanzar el éxito en las elecciones legislativas del año entrante, el Gobierno decidió, hace unos meses, echar por la borda el ajuste fiscal. Aumentos a jubilados y bonos de fin de año se sumarían a la obra pública en el afán de lograr, a costa de las arcas públicas, el ansiado rebote.

El Presupuesto Nacional para 2017 prevé un desbalance entre recursos y gastos corrientes de 4,2% del PBI (unos 400.000 millones de pesos). Restando los ingresos por ganancias del BCRA y la ANSES, y sumando los fondos que insumirá el pago de intereses sobre la deuda pública, el déficit trepa a más de 7 puntos de PBI.

Se trata éste de un nivel similar al que experimentamos en 2015 y 2016. En la historia argentina, es un récord que se haya logrado mantener dos años seguidos esta situación de déficit sin detonar una crisis financiera. Ahora vamos por el tercer año.

Ciertamente, condiciones internacionales favorables fueron esenciales para permitir que el desbalance pudiera ser financiado con emisiones de deuda, sin zozobra alguna. En 2016, con una política radicalmente distinta de la que traía la administración previa, el Gobierno optó por aumentar el financiamiento en el mercado de capitales y disminuir la dependencia de la emisión monetaria. Lo mismo aspira a realizar en 2017. Es un proceso clave, que cumple dos funciones: suma divisas a las arcas del BCRA y combatir de manera eficiente la inflación.

A todo lo bueno de la reinserción de Argentina en los mercados tiene la contrapartida de que lo que pasa en el resto del mundo ya no le resulta indiferente. El éxito del plan económico depende del buen funcionamiento del plan financiero, que a su vez depende de las condiciones financieras internacionales. Deben colocarse bonos para cubrir el déficit fiscal y atraer inversiones reales para crecer. No es en vano que el portal de Internet del Ministerio de Hacienda tenga un contador de anuncios de inversión para el período 2016-2019.

En 2017, el Gobierno aspira a repetir la experiencia de 2016, cuando el financiamiento fluyó con naturalidad. En el Gobierno hay confianza en que entre el alud de dólares de la inversión y el aumento del gasto en obra pública se podrá consolidar la mutación de los brotes verdes en crecimiento sostenido.

Sin embargo, el diablo parece querer meter la cola. Desde la elección de Donald Trump como futuro presidente de los EE.UU., los mercados financieros han venido transitando un camino diferente del que traían. Entre los cambios, el más relevante para nosotros es que el costo del endeudamiento para gobiernos y empresas de países emergentes se disparó.

El mercado supone que el eslogan Make America Great Again ("Volvamos a hacer grande a EE.UU.") significará más proteccionismo, una mayor inflación en dólares y mayores tasas de interés.

Falta más de un mes para que Trump asuma, pero los precios se adelantaron. Una Argentina más vinculada al mundo reaccionó como la mayoría de los mercados emergentes. Desde el 8 de noviembre el peso se depreció 6%, el índice MAR de acciones cayó 7% y el rendimiento promedio de los bonos en dólares trepó más de 1,5 puntos porcentuales. La deuda que se emitirá el año próximo para financiar el déficit tendrá cupones de interés superiores a los de la deuda emitida en 2016.

Que la economía crezca no depende sólo de una cuestión volitiva: que el gobierno gaste más y más no es garantía de resultados. En la economía real no sólo juegan las blancas y el ceteris paribus queda para los libros de texto, en los que no existe la política, la justicia, los sindicatos y líderes sociales, la restricción externa, ni hay elecciones. Todos factores que también influyen sobre la economía a través de la formación de expectativas.

El diablo todavía no logró meter la cola, pero mejor estar preparado por si aparece.

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