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Sin espacio para aumentar el déficit

Gobierno y oposición han decidido dialogar cuando el daño de la intempestiva votación en Diputados ya se había producido

El Comité de Política Monetaria de la Reserva Federal de los EE.UU. decidió aumentar la tasa de interés de referencia de 0,50% a 0,75%, a la vez que se mostró preocupado por las presiones inflacionarias y no descartó que fueran necesarias nuevas subas en 2017. Esta preocupación tomó por sorpresa al mercado financiero, que respondió haciendo caer todos los bonos cayeron de precio y fortaleciendo al dólar contra casi todas las monedas del mundo.

Como viene ocurriendo desde el día de la victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses, los grandes perdedores resultaron ser los títulos de deuda, las monedas y las acciones de los países emergentes.

Argentina no se salvó. Es cierto que la malaria generalizada de los mercados emergentes influyó para que esto ocurriera, pero también lo es que Argentina ha hecho su parte para perder en parte su condición de niña mimada de los mercados. En el último mes, el peso se depreció 7% y el rendimiento del índice de bonos soberanos argentinos aumentó casi dos puntos porcentuales.

Este movimiento, que a primera vista parece irrelevante, ha puesto un signo de interrogación sobre cuestiones que hasta ahora se daban por descontadas. En especial, el acceso irrestricto al financiamiento externo ya no es un hecho.

Por lo pronto, el costo de tomar dinero prestado es ahora 2 puntos porcentuales mayor al de hace un mes. No es un dato menor si se tiene en cuenta que en 2017 el país deberá emitir la friolera de 40.000 millones de dólares para renovar vencimientos y cubrir el déficit fiscal. El efecto Trump y la suba de tasas de la Fed incrementará el costo de esta deuda en 800 millones de dólares por año.

Argentina estaba en una situación fiscal frágil por el aumento brutal del gasto público que hubo durante el kirchnerismo, que entre 2003 y 2015 aumentó el gasto público en 19 puntos porcentuales del PBI. Pero lo sigue estando porque al cabo de un año de gobierno de Macri, poco cambió. Apenas si se han cambiado las formas de financiar el déficit: menos emisión monetaria y más emisión de deuda.

La vulnerabilidad que representa el déficit fiscal, con condiciones de mercado más restrictivas, se vuelve visible. Como también se vuelven visibles las dificultades que por cuenta propia y ajena enfrenta el Gobierno para achicar la brecha fiscal. No sólo porque su principal arma política parece ser la de pagar a todo el que lo extorsiona, sino porque ahora también enfrenta fuerzas legislativas a las que el déficit no las conmueve. Según el Gobierno, el proyecto de Ganancias aprobado en Diputados aumentará el déficit fiscal en más de un punto porcentual del PBI.

Está claro que no ejercer el Ejecutivo incita a la oposición a legislar con una prodigalidad que en este tema nunca tuvo y con la irresponsabilidad de intentar provocar daños a quien lo ejerce, aún a costa del bienestar de la Nación. La enmienda que pidió Kicillof, por un "error de cálculo", deja en evidencia esa irresponsabilidad y el objetivo de poner un palo en la rueda del Gobierno.

Tan en evidencia quedaron que esta semana se los vio incómodos. Al yerro de Kicillof se le suma el arrepentimiento de Massa, que ahora dice estar abierto al diálogo.

El diálogo que se invoca para discutir el tema Ganancias llega tarde. Quienes aprobaron la ley primero dispararon y ahora dicen querer consultar. Y el Gobierno, que busca un resultado muy distinto del aprobado en Diputados, utiliza como arma negociadora la amenaza de corte de fondos a las provincias.

Estas posiciones no prometen un diálogo fructífero, en el que los dialogantes tengan un acuerdo sobre los principios de la discusión. Si detrás de la llamada a la tertulia subyace la intención artera de imponer la propia opinión, del diálogo no saldrá ninguna luz. Los recelos de uno y otro lado hacen dudar que se pueda llegar a un resultado satisfactorio para todos.

No hay espacio para aumentar el gasto público ni para reducir drásticamente la recaudación de Ganancias. Si Cristina Kirchner sufriera un voto como el que Macri sufrió en Diputados, acusaría a la oposición de golpista. La cordura requiere que ante el endurecimiento de las condiciones de financiamiento se busque achicar la brecha fiscal, no ampliarla. Si la ley pasa tal cual fue aprobada en Diputados, es responsabilidad del Gobierno vetarla.

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