Editoriales

Las "ganas" del señor Peccin

Debemos reconocer, y hacerlo con un poco de vergüenza, ya que atento al rol que ejerce le deberíamos haberle prestado más cuidado, que hasta hace muy pocos días atrás nada sabíamos de Fabián Peccin, un docente oriundo de Gualeguay y actual secretario general de AGMER, cargo que ocupa por segunda vez.

Una circunstancia, la de nuestro desconocimiento, que habla bien de él, por cuanto estando el vocablo "Agmer" en boca de todos, a veces provocando temor y en otras asociado a un reclamo de justicia, aunque siempre distintivo de una lucha que cabría calificar como persistente y hasta inagotable, viene a significar que durante su gestión por partida doble, mantuvo lo que suele señalarse como un perfil bajo.

Algo que, hasta cierto punto al menos, ha cambiado a raíz de recientes declaraciones suyas en la que expresa que "tengo ganas de seguir, y creo que tengo mucho para dar al sindicato" y a la sociedad y a los educandos, agregaríamos nosotros, aunque al hacerse presente este añadido no podemos menos que asociarlo con nuevos paros.

Pero, como más de uno de nuestros lectores puede haberlo sospechado, en las declaraciones de Peccin si bien no hay evidentemente gato encerrado, se hacía presente algo extraño. Es que su actual mandato concluye en noviembre de este año, y las normas estatutarias de AGMER dejan bien en claro que sus autoridades duran tres años en sus funciones y que solo pueden desempeñarse hasta dos periodos consecutivos en el mismo cargo.

De allí que para ver satisfechas "sus ganas" -una manera franca de dejar en claro sus deseos- Peccin tiene que logra una reforma de las normas de esa entidad, de manera de que queden abiertas las posibilidades de una nueva postulación, y porque no de su reelección indefinida por periodos consecutivos para el cargo. Si es que "las ganas" de Peccin y la de los afiliados del sindicato dan para tanto.

No es nuestra intención meternos en lo que es una cuestión interna de un sector gremial, y en la que lo único que importa es la decisión de sus integrantes. Ni tampoco formular ningún juicio en torno a la persona de Peccin por cuanto hemos dejado en claro que ni siquiera sabíamos de su existencia.

Pero si tenemos algo que decir acerca de "sus ganas". Las que parecen ir en favor de una práctica, a la que debe considerarse como institucionalmente perversa, si se atiende a sus resultados, y que en la actualidad se pretende desarmar en el campo sindical mediante la institución de nuevas reglas que la impiden. Es que como es sabido a través de la posibilidad de las reelecciones indefinidas se hizo posible la entronización de personajes que guardaban un no lejano parecido con los "señores de la guerra" de la historia china, y los hace mostrarse sino como "señores de los gremios" de cualquier manera como al frente de verdaderos sultanatos jaqueados por una oligarquía sindical y apoltronados en su almohadón hasta que, como en lo que consistió una vez el matrimonio -y que lo es cada vez menos—"hasta que la muerte lo separe del almohadón" o hasta que ingrese por las puertas de una cárcel.

Que lo diga, sino, el "Caballo" Suarez, dirigente sindical que ha quedado claro no tenemos ningún motivo y está ausente toda intención de asociarlo con Fabián Peccin. Por más que al mismo, por las razones expuestas, que bien cabe extenderlas a nuestras autoridades electas, no le deseamos vea satisfechas "sus ganas".

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