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Emprender en el siglo XXI, ¿odisea o aventura?

Quienes alguna vez hemos iniciado nuestro propio emprendimiento, hemos soñado con una aventura llena de logros, de objetivos cumplidos, de satisfacciones. Sin embargo, los emprendimientos no están exentos de traspiés, obstáculos y desafíos no previstos. Es justamente al afrontar la adversidad que nos sentimos más del lado de la odisea que de la aventura empresarial que habíamos proyectado.

En la adversidad es donde se pone a prueba nuestro verdadero espíritu emprendedor y se separan las aguas entre quienes, con perseverancia y tenacidad afrontan los desafíos y avizoran las oportunidades, de quienes abandonan sus proyectos y simplemente bajan sus expectativas.

En el siglo pasado, J.M. Keynes, un economista inglés, habló de los "animal spirits" (del espíritu animal) haciendo referencia a aquello que impulsa los empresarios emprendedores a tomar decisiones de inversión. Más tarde, Joseph Schumpeter desarrolló la idea del proceso de "destrucción creadora" donde las innovaciones de los emprendedores son capaces de destruir lo establecido y crear nuevas empresas y negocios. Según Schumpeter, el emprendedor innovador es un individuo fuera de lo común por su vitalidad y por su energía, incluso ante fracasos temporales.

Es de destacar que en ambos casos el espíritu emprendedor adolece de cierta racionalidad, es decir, tiene es sus entrañas una cuota de irracionalidad. La fuerza impulsora de los "animals spirits" y la destrucción creadora no tienen una explicación racional, son inherentes al carácter de los emprendedores. Sin ella es difícil romper con los paradigmas existentes. Es la cuota de sana locura, irreverencia, osadía necesaria para evolucionar.

No obstante, mucho podemos hacer para abonar esta pasión, este espíritu, esta energía asociándolo con nuestro lado derecho del cerebro -el que nos dicta la racionalidad- para transformar nuestro proyecto emprendedor en una aventura antes que una odisea. Es decir, para construir "el ying y el yang" que todo lo que hacemos requiere.

En este sentido, en mi opinión es deseable -para todo aquel que quiera emprender o haya emprendido- tener en cuenta algunos aspectos que pueden facilitar la mejor comprensión de los proyectos y ponerlos más cerca del lado de la aventura:

1) Estar formados para emprender. Los sistemas educativos nos hablan poco y nada de oportunidades y riesgos. Las herramientas de gestión con las que se inicia un proceso emprendedor son generalmente escasas. Capacitarse, formarse para emprender es esencial para poder tener una mejor valoración de los proyectos y manejo de situaciones.

2) Emprender con visión global. El mercado local tiene que ser la palanca de nuestro proyecto, pero no tiene que ser el único destinatario. Tenemos que poder pensar en llegar a otros mercados en algún momento. Hoy día hay suficiente información gratuita disponible para tener una aproximación básica de cuál es el estado del arte, las tendencias y las oportunidades del negocio que decidimos emprender en el mundo. Quien emprende debe pensar en Liderazgo, en desarrollar nuevos aportes al mundo; ése es el pensamiento que predomina en nuestros días.

3) Pensar en ser innovadores desde el primer día. Un emprendedor que no piense en innovar desde el comienzo, aunque el inicio del proyecto no realice innovaciones significativas al negocio, producto o proceso, podría tener fecha de caducidad más temprana que tarde. "Innovar es romper huevos", sugiere Rodolfo Carpentier. El mismo asegura que esta todo por hacerse, sólo hemos conseguido el 3% de todo lo que se inventará en el siglo XXI. Un emprendedor de nuestra era tiene que pensar en eso, en "romper huevos", en cambiar el estado de las cosas, en desmenuzarlas, en repensar todo, en desatarse de todo lo instituido, liberarse de la presión de lo existente.

4) Poner el foco en crecer y escalar el negocio. La prosperidad vendrá de un crecimiento sostenido y sano sustentado por una buena estrategia de negocios. Quienes lideran son los impulsores de la función de crecer. Si no se ocupan por encontrar nuevos caminos para el emprendimiento, en generar, es muy difícil que lo haga un empleado. Para ello, hay que asignarle tiempo a pensar como crecer y diseñar el modo de que ese crecimiento pensado se transforme en realizado. Muchas veces se piensa que sólo haciendo se crece. Pensar, diseñar, planificar el crecimiento es una forma útil y concreta para acortar y potenciar caminos.

Estos cuatro aspectos requieren de nuestro liderazgo, de un liderazgo adecuado. Sin líderes no hay emprendimientos, no hay empresa.
El primer paso del liderazgo es liderarse uno mismo. Los seguidores son cada vez más exigentes, quieren mejores líderes, tienen nuevas demandas y no avalan esquemas arcaicos. Inspirar, compartir, escuchar, comunicar, delegar son comportamientos que forman el "deber ser" de un líder emprendedor de nuestro siglo.

Emprender no es fácil, pero es posible. Estar del lado de la aventura no es fácil, pero ¡es posible!

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