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Nosotros y las finanzas globales: de buitres, Cortes y respuestas nacionales

Esta es una cuestión jurídica, económica y política. Sopesar pragmatismo e ideología serán el gran desafío. El riesgo de default de Argentina subió, aunque a priori a nadie le conviene esa anormalidad, en particular internamente. Argentina no debe perjudicar a los que confiaron en el país en sus reestructuraciones, eso es peor que no pagarle a los #buitres. Argentina necesita encarrilarse en una profunda reforma microeconómica que le permita afrontar las condiciones financieras futuras.

En la disputa con los fondos buitres se entrelazan cuestiones jurídicas, económicas y políticas. Jurídicas porque se trata de bonos argentinos emitidos bajo legislación de EE:UU. y es la justicia de ese país quién tiene que juzgar ante conflictos entre las partes. Económicas porque se trata de la relación de un país con sus acreedores y la discusión sobre cómo pagar esa deuda y las posibilidades reales que tiene un país de hacerlo. Política porque se discute el poder que tienen los fondos buitres, ante la inexistencia de una regulación global establecida, de interceder (hacer lobby) sobre los poderes de terceros países -Estados Unidos-para lograr beneficios pero que impactan en otros -Argentina-. Hasta ahora, la promoción de un cambio de política global ha sido la gran apuesta del Gobierno Argentino que ante el fallo de la Corte Norteamericana, quedó desactivado.

El proceso de pagos netos de deuda, conocido como desendeudamiento, se constituyo como una política de Estado, mediante la cual Argentina ha mostrado interés por saldar en los mejores términos para el país y sus acreedores, la deuda contraída durante los procesos de destrucción del aparato productivo local. Argentina, o mejor los ciudadanos argentinos, por el gobierno de las mayorías, ha avalado en sucesivas ocasiones esta política, destinada a liberar a la producción local de las restricciones desplegadas por los capitales especulativos internacionales que poco le aportan a un país que desea crecer y desarrollarse.

En el pasado, el endeudamiento indiscriminado con el exterior se vendió como puro pragmatismo, como pura conveniencia dentro de la racionalidad económica imperante. Si es barato y abundante, pues tomemos deuda, probablemente seremos capaces de devolver los montos comprometidos bajo las condiciones firmadas, sin importar en que se invertirá ni qué condiciones comprometimos.

Cuando se discute sobre la respuesta de Argentina frente a la disputa con los buitres, post reestructuración de la deuda, se la interpreta como ideológica. Por ejemplo, cuando Argentina plantea que esta es una forma de ganar dinero que es ejecutada por un poder internacional concentrado con fuerte capacidad de lobby, que no está preocupado y ocupado por el desarrollo mundial sino por la dinámica de su propios intereses y que lo hace de forma espuria (ver video debajo), se califica a esta apreciación como ideológica.

En ambos casos, hay ideología y pragmatismo, mezclados. Están el prisma con que miramos al mundo y lo construimos, y también, la conveniencia como país defensor de sus intereses. En este último ejemplo esta nuestra conveniencia y nuestra forma de ver el mundo, enlazados. Este caso no está exento de ambas dinámicas, aunque existe una tendencia simplificadora a racionalizar todo o ideologizar todo.

La situación que vivimos es posible específicamente por la fisura que persiste en la arquitectura financiera global, la inexistencia de una “ley de quiebras global”, que entre otras cosas avala unas finanzas significativamente desvinculadas de la producción real. Es parte de la crisis global de la innovación que expusimos en “Crisis… y más allá la innovación”. Como contraparte, si existen reglas que disciplinan al comercio global para todos los países miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC), de la cual participa Argentina y otros 180 países. Los flujos financieros privados permanecen liberados completamente. Existe una asimetría que hay que corregir para re-vincular nuevamente ambos mundos.

Está claro que cumplir con lo deseado por los #buitres lleva al default al país, como también puede hacerlo no cumplirlo. Por tanto, encontrar “el equilibrio jurídico-económico-político” es una estrategia conveniente para el país, y por qué no, para los acreedores #buitres.

En algunos ámbitos se propone llevar este proceso a una negociación dilatoria con los fondos buitres, que le permita al país llegar el 31/12/2014 cuando cae la cláusula pari passu de la reestructuraciones anteriores. Esta cláusula obliga al país a darle el mejor tratamiento otorgado a cualquier acreedor, a todos los demás, es decir iguala los derechos adquiridos. Esta maniobra se la expone como pragmática, conveniente. El costo de ésta cláusula se calcula hoy de entre 40 y 70 mil millones de dólares. Fíjense, en este caso esto implicaría un tratamiento desleal por parte de Argentina hacia quienes creyeron en su promesa y pagaron los costos, esta es una valoración ideológica, tiene que ver con valores. En definitiva, sopesar el pragmatismo y la ideología serán parte del desafío para encontrar una salida que no comprometa los compromisos asumidos y a la vez, arrime una resolución definitiva al default 2001 y la historia de endeudamiento indiscriminado.

Está claro que los buitres son buitres, y con una resolución adversa del juez Griesa como la existente, Argentina va a una negociación en desventaja. Sin embargo, el juez Griesa, si no quiere empujar con su decisión al default de Argentina desde Nueva York, tendrá que habilitar la posibilidad de que Argentina continúe pagando a los que ingresaron a la reestructuración 2005 y 2010 mientras se negocia con los #buitres. Obligar a un país a caer en default bajo estas circunstancias, máxime cuando este tiene la voluntad de pagar bajo determinadas condiciones, pone en serias dudas el orden financiero internacional, el rol de las instituciones financieras, de varios Gobiernos centrales y el futuro inmediato de varias economías europeas como España o Grecia.

Esta situación toma a la economía local en una momento de debilidad para crecer por desaciertos económicos acontecidos entre 2011 y 2013 que limitaron las posibilidades de expansión a mediano plazo desincentivando las inversiones y que en definitiva socavaron el potencial productivo local. Asimismo, en algún punto, la política de desendeudamiento fue perdiendo sentido, ya que la misma sirve si hay un círculo virtuoso entre la producción y las finanzas, es decir, si la producción local es capaz de reemplazar, para el crecimiento, en las necesidades de divisas internacionales, al endeudamiento internacional. Esto dejo de ocurrir desde 2011, año en el cual las exportaciones perdieron dinamismo y también las finanzas locales se expandieron financiando en desbalance el consumo presente en relación al consumo futuro (la inversión).

En el corto y mediano plazo, lo más relevante es reformar la microeconomía local relocalizando incentivos, aplicando estímulos a sectores exportadores competitivos y facilitando los negocios locales, ayudando a emprendedores locales que quieran innovar, desarrollar cadenas de valor y globalizarse a considerar a la Argentina como un país deseable para estar e invertir. Obviamente hay que hacerlo en masa, por goteo no es ni suficiente ni conveniente. También profundizar los lazos comerciales y financieros con los socios estratégicos como algunos países de Europa, Brasil, China e India, entre otros. Si ofrecemos buenas oportunidades, las inversiones llegarán y con ellas las divisas necesarias, aunque este conflicto persista.

Este no deja de ser un capítulo más de una historia que tiene más de 30 años, de la cual los argentinos somos los principales responsables, aunque no los únicos. Todo esto operó en un contexto de funcionamiento de la economía global, donde la periferia económica, hoy más importante económicamente que en el pasado, jugaba un rol subsidiario dentro del fenómeno de la globalización y que sumado a los intereses locales atados al capital financiero internacional hicieron de la deuda un fenomenal negocio para pocos (y perjuicio para muchos). Es cierto que este fenómeno en Argentina jamás se trato e investigo seriamente, desde su generación original.

Concluyendo, nuestro país se enfrenta a un desafío: que no nos vuelvan a exportar el futuro de desarrollo, que una mayoría considera que tenemos por delante, independientemente de su lugar y creencias políticas. Hay que trabajar para ello a partir de lo logrado, sumando.

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