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Messi, Martino y el dominio de las dificultades

"Una vida feliz no consiste en la ausencia, sino en el dominio de las dificultades" (Hellen Keller).

La frase pertenece a la mujer con sordoceguera cuya fecha de nacimiento fue elegida para el "Día internacional del sordo-ciego", que cada 27 de junio llama a divulgar y concienciar a todos los medios de comunicación a nivel mundial sobre la existencia de la sordoceguera.

"Vida feliz", en términos plenos, es difícil de definir de un modo absoluto, concluyente. Pero presumo, si me apuran un poco, que posiblemente la mayoría de los futbolistas de la selección argentina la tengan. O estén cerca de tenerla. Vaya uno a saber, en verdad.

Mejor vamos a ocuparnos del otro tramo de esa inspiradora frase de Keller: el "domino de las dificultades". Ahí está, quizás, la clave de un nuevo objetivo inalcanzado, de otra meta a la que no se pudo llegar. Sabido es que, siendo argentinos, tratándose de fútbol, teniendo al mejor futbolista de la actualidad, habiendo llegado a tres finales en 2 años y jugando contra un rival que ya habíamos vencido en la misma competencia, las expectativas estaban puestas en salir campeones. "Esta es la copa", decíamos, nos autoconvencíamos.
10 años de desazón en el banco para Messi: de Alemania 2006 a USA 2016.
Foto: 10 años de desazón en el banco para Messi: de Alemania 2006 a USA 2016.
¿Por qué no se pudo?

Hubo, una vez más y como en las finales anteriores, una suma de condimentos propios del juego: impericia para dar la puntada final (Higuaín, otra vez Higuaín), ausencia de fortuna (la definición por penales, otra vez), errores, flaquezas emocionales, algunas distracciones y buena dosis de capacidad mental y aptitud física del rival al servicio del juego (la atajada de Bravo al cabezazo de Agüero es notable, como el despliegue chileno para cubrir espacios, incluso en los minutos que estuvieron con un jugador menos).

Lo del árbitro fue parejo y debe entenderse como otro condimento posible del fútbol, en tanto juego. Hizo todo, o casi todo, mal para los intereses de ambos contrincantes. La suerte fue echada cuando la organización dispuso que Heber López dirigiese el partido decisivo. Atentó contra el espectáculo y empaño que la Copa Centenario tuviese un desenlace acorde a lo que fue la competencia: pocas interrupciones, buen juego, muchos goles y pocas expulsiones. El histriónico y payasesco desempeño del brasileño atentó contra ello. Difícil jugar bien y con continuidad cuando el partido no transitaba siquiera 5 minutos seguidos de acción. De cada interrupción hizo un momento para la tertulia, los gestos ampulosos, respirar hondo y beber agua como si su cuerpo no estuviese a la altura de tal exigencia.

Las dificultades que no dominó Argentina ayer fueron varias, esencialmente tácticas, aunque hubo también desde lo mental. Así fue que tras un arranque entusiasta, fueron apagándose y peligrosamente esperando a los movimientos del rival, incluso 11 contra 10. Higuaín que venía haciendo casi todo bien, se desplomó por varios minutos tras fallar el mano a mano que tuvo. La roja a Marcos Rojo fue otro momento de crisis en el juego del que los de celeste y blanco tuvieron dificultades para superar.

En lo táctico estuvo, a mi modesto entender, el meollo de la cuestión. En 20 días, argentinos y chilenos jugaron dos veces. Sólo la presunción de que su juego vertiginoso podría hacer efecto como entonces (le marcó un gol el lunes 6 de junio en la victoria 2 a 1) se entiende que Di María haya sido titular tras sufrir una lesión muscular. Difícil de justificar su inclusión, mirando que en el banco había opciones en mejor estado. Por más alta médica que haya tenido el rosario, ¿cómo le explica Martino a Lamela o Gaitán que el flaco que estuvo lesionado casi todo el torneo estaba mejor que ellos para jugar?
Está bien, lo digo con el diario del lunes. "Fideo" jugó horrible, no influyó y por su propio peso terminó siendo el primer sustituido. Pero hay más en el manual del #LeíMalElPartido que hizo Tata. Segunda dificultad: la expulsión de un futbolista. A diferencias, por ejemplo, del partido de semifinal (salió Rojo, entró Cuesta –también estaba Maydana de suplente- y Funes Mori pasó al lateral que había dejado libre el del Manchester United), el DT corrigió con lo que había en cancha. Mascherano fue a la zaga, como en Barcelona, y el mellizo pasó al lateral.

¡Error! El "jefecito" jugó de maravillas también en esa posición y la defensa se acomodó haciendo olvidar la ausencia del echado, ¿pero quién diablos cumplió la función del número 14 en el mediocampo? Respuesta obvia: ninguno. Ni Banega es Mascherano, ni tampoco Biglia que es su mejor aliado, no su sustituto. Tan obvia fue la respuesta que el propio entrenar buscó corregir esa ausencia poniendo a Kraneviter. Menuda tarea le dio al juvenil. Así fue que Mascherano siguió empujando, pero desde muy atras, lejos de la zona de acción ofensiva, Kraneviter alternó buenas y malas y Messi pasó a tener dos alternativas menos para jugar en ataque: no había lateral izquierdo que se proyectase (Funes Mori no lo hace como Rojo) ni tampoco un media punta por esa banda (afuera Di María).

El motor del medio no estaba y, casi como manotazo de ahogado, fue el cambio de siempre. Clásico y del manual de la #ValentíaMeLaGuardo para otra final. Salió un 9 y entró otro. ¡Error! Aún disperso y malhumorado por el gol fallado, Higuían seguía haciendo diferencias por su talla. Así aguantaba o bajaba la pelota para Messi y compañía. Kun Agüero no está ni hizo eso, aunque mostró buenas sociedades con el 10. ¿Imaginan lo que hubiera sido si, como en el ciclo Sabella hubiesen jugado los tres juntos?

Otra vez vamos al mediocampo. Sobraba población argentina allí. Pero ¡recién en el segundo tiempo del suplementario! entró un relevo con piernas frescas y mente lúcida: Lamela reemplazó a Banega. Lo poco que hizo fue bueno dando fe de que posiblemente el seleccionador jamás podrás explicarle por qué lo relegó al banco y vio en su lugar a un lesionado/recuperado.

La seguidilla de finales perdidas, varias de ellas por los mismos futbolistas; la elección del mejor jugador para ocupar el puesto que dejó Lavezzi por lesión; la decisión de cómo encarar el juego sin Marcos Rojo; la opción de sustituir a un mediapunta por un mediocampista defensivo, entre otras, fueron dificultades que desde afuera no fueron dominadas.

De ningún modo creo que debiera terminar el ciclo del entrenador que por juego, de a ratos, pero especialmente por resultados (dos finales sin perder partidos y una clasificación encaminada hacia Rusia 2018) le dan aval para seguir. Ojo, la excelente generación de futbolistas que dirige y los resultados que él mismo cosecha le ponen una vara muy alta a lo que vendrá (con Messi adentro, lo que no dudo será así más allá de la declaración "en caliente" de anoche): deberá seguir teniendo como objetivo alzar un título, ni más ni menos que el que Basile, Passarella, Bielsa, Pekerman, Maradona, Batista, Sabella y él mismo no consiguieron en los últimos 23 años.

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