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Alfonso Frank

Francisco nos invita a ser custodios

El Papa Francisco inició su ministerio petrino en la solemnidad de san José, que en la tradición es conocido como “custodio” de María y Jesús. Papa Francisco parte de este dato para desarrollar la verdad de esta su misión, reflejada en la actitud de José. Afirma que la ejerció “con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad y total, …”. Considera a José como prototipo o modelo para comprender nuestra propia misión de “custodiar”, porque es “simplemente humana, compete a todos”.

La palabra latina “custos” significa “protector”, el que tiene la guarda de alguien, el que cuida. El cuidado tiene distintos niveles, que van del mero proteger, al cuidado por el bien y el desarrollo de quien es protegido, hasta el elevado y noble respeto. Se puede decir que el ser custodio, del que habla el Papa Francisco, no es un custodiar por oficio, sino más bien una inclinación respetuosa por “todas las criaturas de Dios”.

Trataré de profundizar en este sentido de la mano de Romano Guardini, en “Una ética para nuestro tiempo”. Él parte de un vocablo alemán, que como todo lenguaje es memoria de una determinada percepción de la realidad. Parte, digo, de “Ehrfurcht”, paradójicamente compuesto de “Ehre” = honor, y “Furcht” = temor. Un “temor honorable”, la reacción de una persona de índole noble ante un valor elevado. En lenguaje común “respeto”.
“En el respeto – dice Romano Guardini – el hombre renuncia a lo que de otro modo le gustaría, esto es, a tomar posesión y usar para su propio provecho. En vez de eso, se echa atrás, toma distancia. Así surge un espacio espiritual en que se eleva lo que merece respeto, y puede subsistir libremente y resplandecer”.

Parece que hoy se nos impone la realidad contraria. Desde que el mundo perdió su significación, también la perdió el ser humano y caímos bajo el dominio. El que respeta retira las manos, el que domina aferra y somete. Es significativo que se hable hoy tan inocentemente de “construir poder”, en vez de crear condiciones para la libertad, de todos obviamente. Sigue Guardini: “Quizá se puede decir que toda auténtica cultura empieza cuando el hombre se echa atrás, no se precipita, no arrebata consigo, sino que crea distancia, para que se establezca un espacio libre en que puedan hacerse evidentes la persona con su dignidad, la obra con su belleza y la naturaleza con su poder simbólico”.

Debemos señalar todavía, que la raíz del respeto es de naturaleza religiosa. Su expresión máxima es el “mysterium tremendum et fascinans” de la historia de las religiones: el temor ante lo sagrado que repele al mismo tiempo que ejerce una irresistible atracción en cuanto valor absoluto. En la revelación judeo-cristiana se expresa en la adoración al Dios creador, que sostiene todo en su mano, “en el cual vivimos, nos movemos y existimos”, al decir del poeta Arato, originario de Cilicia, siglo III a.C., y citado por los Hechos de los Apóstoles 17,28. Es Dios que honra al hombre sosteniéndolo en su libertad, sea poderoso o débil, rico o pobre, santo o pecador. Por eso el creyente ora con toda confianza: “me refugio a la sombra de tus alas” (Sal 57,2), ¡oh Dios, “custodio del hombre”! (Job 7,20).

En ese sentido José fue para Jesús la sombra del Padre (Jan Dobraczynsky) y así modelo de inspiración para ser, en palabras del Papa Francisco, custodios de “toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón”. Sólo el respeto por todos puede abrir ese espacio de libertad para que cada uno llegue a ser lo que está llamado a ser.

Obispo de Roma

El Papa Francisco, con sus primeras palabras en el balcón de la basílica de San Pedro, sólo se presentó como obispo de la diócesis de Roma, la sede de Pedro, y por ello su sucesor. Dice textualmente en uno de sus párrafos: “Este camino de la Iglesia de Roma, que preside en la caridad a todas las Iglesias”. Con estas palabras expresa en núcleo el programa de su pontificado. En la celebración del inicio de su ministerio volvió a hablar del “ministerio del nuevo obispo de Roma, Sucesor de Pedro”. Resalta la esencia o naturaleza teológica de su función, que para poder ejercerse adecuadamente en la actualidad, debe pasar ineludiblemente por una modificación de la forma con que se venía ejerciendo a partir sobre todo del siglo XIX.

De esta manera el Papa Francisco se ubica claramente en la línea del Concilio Vaticano II y en el del planteamiento explícito de la encíclica Ut unum sint, del 25 de mayo de 1995, en la que Juan Pablo II pide se le ayude a encontrar nuevas formas del ejercicio del ministerio petrino. Esto implica pasar de una concepción más bien absolutista a una colegial. Basta citar la mencionada encíclica: “Cuando la Iglesia católica afirma que la función del Obispo de Roma responde a la voluntad de Cristo, no separa esta función de la misión confiada a todos los Obispos, también ellos ‘vicarios y legados de Cristo’. El Obispo de Roma pertenece a su ’colegio’ y ellos son sus hermanos en el ministerio.” Esto significa la colegialidad.

El tema de la reforma del ejercicio del ministerio va de la mano también con el ecumenismo: “Estoy convencido de tener al respecto una responsabilidad particular, sobre todo al constatar la aspiración ecuménica de la mayor parte de las Comunidades cristianas y al escuchar la petición que se me dirige de encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva. Durante un milenio los cristianos estuvieron unidos por la comunión fraterna de fe y vida sacramental, siendo la Sede Romana, con el consentimiento común, la que moderaba cuando surgían disensiones entre ellas en materia de fe o de disciplina “ y termina con el sorprendente pedido, no sólo a los obispos sino también a los ministros de las otras confesiones cristianas y a los teólogos: “Que el Espíritu Santo nos dé su luz e ilumine a todos los Pastores y teólogos de nuestras Iglesias para que busquemos, por supuesto juntos (una simul), las formas con las que este ministerio pueda realizar un servicio de fe y de amor reconocido por unos y otros” y cita al respecto la Homilía en la Basílica de San Pedro en presencia de Dimitrios I, Arzobispo de Constantinopla y Patriarca ecuménico (6 diciembre 1987), 3: AAS 80 ( 1988), 714.

A partir del siglo XIX, en efecto, el papado estaba caracterizado por una gran centralización, con la insistencia en la autoridad del Papa. Es notable el cambio de las formas de promulgación de los documentos entre el Concilio Vaticano I, cuando el Papa Pio IX promulga por sí mismo los documentos conciliares (por ejemplo la constitución Pastor aeternus: “Pio, obispo, siervo de los siervos de Dios, con la aprobación del sacro concilio…”), y la de Pablo VI “Y Nos, en virtud de la potestad apostólica recibida de Cristo, juntamente con (una cum) los venerables Padres, las aprobamos … y que lo así decidido conciliarmente sea promulgado …” (Sacrosantum Concilium: en Apéndice). En esta línea: “una cum, una simul”: “conjuntamente”, se ubica el Papa Francisco. En la línea de la colegialidad episcopal y de la unión de todos los cristianos.

Juan Pablo II hace una neta distinción entre la esencia o naturaleza del ministerio del Papa, por un lado, y las formas, sujetas a las cambiantes situaciones y necesidades, por otro.

¿Qué implicancia tiene este cambio? Fundamentalmente en poner el acento sobre el conjunto de los obispos, que unidos al obispo de la sede de Pedro, o sea el colegio episcopal, como sucesores de los apóstoles, y por lo tanto depositarios de su autoridad.

Mons. John R. Quinn, que fue presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos y trabajó mucho tiempo en la Santa Sede, tuvo una conferencia muy ilustrativa en Oxford, en 1996, con el título “Por una reforma del Papado”, publicada por la revista Il Regno-Documeti 17 (1996) 513-521. La encíclica Ut unum sint motivó una serie de publicaciones de teólogos, historiadores y sociólogos sobre el tema.

Esta reforma que pide Juan Pablo II en su encíclica mira también a una mejor relación y facilidad de contacto entre la sede Pedro y los cristianos ortodoxos y la demás confesiones cristianas, para responder a la voluntad de Jesús: “Que todos sean uno”. Significativa es al respecto la presencia en Roma del Patriarca Demetrio de Constantinopla, para la inauguración del ministerio de Francisco. Una novedad en los últimos mil años. La Iglesia de Roma tiene la misión de “presidir en la caridad a todas las Iglesias”.

La “glásnost” de Benedicto XVI

En su discurso en la Audiencia General del 27 de febrero pasado, Benedicto XVI confesó que durante su ministerio como Papa pasó por fuertes tormentas, como la experimentada por Pedro en el lago de Galilea. No lo dice, pero esas convulsiones fueron provocadas por él mismo en su afán por hacer profundas reformas en los organismos centrales de la Iglesia. Como intelectual, pudo haberle faltado capacidad de maniobra, pero esto no le quita el mérito de haber iniciado un proceso de urgentes reformas.

Una de las reformas más revolucionarias fue la de abrir la Santa Sede y la Ciudad del Estado del Vaticano a una evaluación externa. Lo hizo con el Motu proprio del 30 de diciembre de 2010, en el cual constata que “muy oportunamente la comunidad internacional se está dotando cada vez más de principios e instrumentos jurídicos que permitan prevenir y luchar contra el fenómeno del blanqueo de dinero y de la financiación del terrorismo… En ese marco y en ejecución de la Convención monetaria entre el Estado de la Ciudad del Vaticano y la Unión Europea del 17 de diciembre de 2009, he aprobado para este Estado la emanación de la Ley sobre la prevención y la lucha contra el blanqueo de ingresos procedentes de actividades criminales y de la financiación del terrorismo del 30 de diciembre de 2010, que hoy se promulga… y establezco que la Autoridad de información financiera (AIF) ejerza sus funciones respecto de los dicasterios de la Curia romana y de todos los organismos y entes …”.

De este modo comenzó el trabajo del Consejo de Europa, que se expidió con el “Informe Moneyval”, que consta de tres cuerpos y se puede bajar del sitio oficial del “Council of Europe”: Mutual Evaluation Report, The Holy See, 4 July 2012 (241 páginas); Annexes (291) y Executive Summary (24 páginas).

Al hacer la presentación de este Informe Mons. Ettore Balestrero, Subsecretario de la Secretaría de Estado para las relaciones con los Estados, el 18 de julio de 1012, afirma: “Es por lo tanto justo que la Santa Sede comparta esos esfuerzos, adoptando y haciendo propias tales reglas, útiles también para el desempeño de la propia misión”. Según el Informe Moneyval el Vaticano “ha recorrido un largo camino en un lapso verdaderamente breve”.

Son veintinueve los Estados sometidos periódicamente a la “task force” del Consejo de Europa, que evalúa la capacidad de cada uno de los Estados para controlar la circulación del dinero. El Vaticano está ahora en el décimo lugar, después de Alemania e Italia. Esto lo logró en apenas dos años.
Moneyval ha confirmado además que más de cuarenta instituciones bancarias en Europa, Estados Unidos, Australia y Japón intercambian informes de "reciprocidad " con el IOR, lo que le permite operar en todo el mundo a través de ellas.

“El Estado de la Ciudad del Vaticano – observa Ettore Balestrero – dispone de un pequeño territorio, con una población exigua y un volumen muy bajo de criminalidad interna, carece de una economía de mercado. No es un centro financiero y sus actividades sostienen el financiamiento de los organismos de la Iglesia y obras de caridad”. A modo de ejemplo cito sólo algunas cifras del informe “La actividad de la Santa Sede”, del 27 de agosto 2012, que se refiere al año 2011, nada más que para tener una idea: el Pontificio Consejo Cor Unum distribuyó, en nombre del Papa, 1.800.000 de dólares a favor de poblaciones castigadas por calamidades y 2.300.000 millones de dólares en subsidios para apoyar proyectos de promoción humana y cristiana. Además, la Fundación Juan Pablo II para el Sahel y la "Populorum Progressio" para América Latina han asignado respectivamente 1.860.000 y 2.100.000 dólares para financiar proyectos humanitarios. A su vez la Congregación para la Evangelización de los Pueblos ha concedido más de 75 millones de dólares de ayuda a las diócesis en territorio de misión. Otros 30 millones y más han sido distribuidos además a través de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol.

En cuanto al IOR, o Banco del Vaticano, específicamente, a noviembre de 2011 tenía 20.772 clientes (75% personas físicas y 25% personas jurídicas), 4.494 cuentas durmientes y un capital de 6,3 mil millones de euros (Mutual Evaluation Report III.124). Las correcciones principales que debía introducir, a juicio de Moneyval, son una verificación más rigurosa y selectiva del perfil de los clientes y de la rectitud de los flujos de dinero, especialmente desde y hacia países extra-europeos con escasos controles sobre los ilícitos financieros.

Pero antes que se iniciara el trabajo que culminó con el informe Moneyval, se desató una tormenta, precisamente a finales del 2010 con la promulgación de las nuevas normas mediante el Motu proprio y el anuncio de la creación de una Autoridad de Información Financiera, con ilimitadas atribuciones para inspeccionar cualquier movimiento de capital de cualquiera de las oficinas, internas o vinculadas con la Santa Sede. Esta AIF fue efectivamente creada en el 2011.

La reacción contra estas novedades por parte del director general del IOR, de los integrantes del Directorio y otros organismos vaticanos se debía a que no aceptaban la eliminación del secreto bancario. Según ellos, la reserva del IOR era un pilar irrenunciable de la autonomía del Estado de la Ciudad del Vaticano como Estado soberano. Su convicción era que la reserva y el carácter de banco "off shore" hacía que el IOR fuese más atractivo que otros bancos para su clientela internacional, y que sin ello estaría condenado a cerrar sus puertas.

Una de las consecuencias de este clima adverso fue la expulsión por parte del Consejo de Superitendencia y del Director del Banco, de su presidente, Ettore Gotti Tedeschi, que encarnaba las directivas del Papa.

Este es sólo uno de los frentes de tormenta que desató este Papa. De allí que haya empezado una obra gigantesca de reforma que no pudo llevar finalmente a cabo, por los motivos que expresó en su texto de renuncia. Se ha retirado dejando, como se dice, la agenda marcada para su sucesor. Benedicto se recluyó, silencioso vigía del desarrollo del programa que él comenzó.

Fuente: Sandro Magister en chiesa.espressonline.it.

Para Pascua ya debería haber un nuevo Papa

El próximo 28 de febrero, a las20 hs de Roma, 16 de Argentina, Benedito XVI cesa en el ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, y como en el caso del resto de los obispos, pasa a ser “obispo emérito”. Se espera un Cónclave con trámite rápido, porque para Pascua ya debería haber un nuevo Papa. Mientas tanto proliferan las especulaciones acerca de quién será. Es ya conocido el dicho que “el que entra Papa sale cardenal”.

Es difícil saber a quién van a votar los 117 cardenales. Para mencionar el caso más reciente. Cuando durante el cónclave, a la muerte de Juan Pablo I, apareció la “fumata” blanca, la multitud de aglomeró en la plaza de San Pedro a la espera del buen anuncio. Cuando se escuchó el extraño nombre de Karol Wojtyla, hubo un sorpresivo silencio: era el nombre desconocido de uno del Este. Pero después de supo que antes del cónclave hubo cardenales que pedían en las librerías los libros de Wojtyla. Estaban estudiando su perfil.

Pero a veces se da una llamativa anticipación, como la de Methol Ferré, fallecido el 16 de noviembre de 2009. Fue profesor de Historia de América latina, de Historia Contemporánea y de Historia de la Iglesia en la Universidad de Montevideo. En una entrevista hecha por Carmen María Ramos en el diario La Nación, del 6 de abril de 2005, hace las siguientes afirmaciones una semana antes de la elección del Card. Ratzinger como sucesor de Juan Pablo II:
“- Se dice que el futuro cónclave de cardenales será el más abierto y complejo que haya registrado la historia y que no entrarán en juego prejuicios de raza o nacionalidad. ¿Coincide?
- A mí me parece que lo más conveniente sería un papado de transición. Y un papa de transición sería, todavía, europeo”. Más adelante sigue la pregunta:
“- Su papa de transición europeo, ¿tiene nombre y apellido?
- Yo soy un gran partidario de Joseph Ratzinger. Pienso que es el hombre más indicado para ser papa en estos momentos.
- ¿Por qué?
- Porque es una de las últimas grandes expresiones de una generación intelectual que tiene un esplendor intelectual equiparable a los siglos XII y XIII de la Edad Media, equiparable también a la mejor época de la patrística griega y latina, que es cuando comienza la evangelización. Ratzinger es uno de los últimos hombres de la Iglesia actual que representan eso”.

¿Y cómo está el panorama ahora? Los que se inclinan por un Papa italiano mencionan al Card. Angelo Scola, de 71 años. Fue fundador de la revista internacional “Communio”, junto con el Card. Josef Ratzinger y el teólogo suizo Hans Urs von Balthasar. Discípulo de don Luigi Giussani, el fundador de Comunión y Liberación. Rector de la Universidad Lateranense de Roma. Fue patriarca de Venecia, donde demostró gran capacidad de gestión. Formó un centro teológico y cultural, llamado Marcianum, cuya expresión es la revista "Oasis" (http://oasiscenter.eu/es/:” Cristianos y musulmanes en la era del mestizaje de las civilizaciones”). Desde hace casi dos años es arzobispo de Milán.

De América resuena el nombre del canadiense Marc Ouellet, 69 años. Habla con fluidez francés, inglés, español, alemán, italiano y portugués. Estudió Pedagogía. De sacerdote fue a Colombia para enseñar Teología en el seminario mayor de Bogotá. Colaboró también en la revista de “Communio”. Comenzó a trabajar en el Vaticano en el 2001, en el Pontificio Consejo de la Unidad de los Cristianos. Juan Pablo II lo nombró arzobispo de Québec y Benedicto XVI lo nombró prefecto de la Congregación para los Obispos y presidente de la Comisión para América Latina.

En Asia, continente que se perfila como nuevo eje del mundo, también la Iglesia católica juega su futuro, especialmente en Filipinas. Alrededor del 80% de los filipinos son católicos, muy presentes en la sociedad y en todos los aspectos de la vida, con una forma de vivir el catolicismo muy cálida y social. El arzobispo de Manila, Luis Antonio Tagle, Chito Tagle, como le llaman sus fieles, de 56 años, es otro “papable”. Es uno de los miembros más jóvenes del Colegio Cardenalicio. Como teólogo e historiador de la Iglesia, Tagle ha sido uno de los autores de una conocida historia del Concilio Vaticano II, publicada por la llamada "escuela de Bolonia". Como pastor es muy popular en Filipinas. Le caracteriza un notable estilo pastoral de atención sobre todo a la gente más humilde. Su edad podría ser una dificultad para ser elegido, de todos modos sería un año menos de la edad con la cual fue elegido Papa Wojtyla.

Para los católicos, a fin de cuentas, no importa quién será el próximo Papa; sabemos que la Providencia procura que tengamos en cada época al que se necesita. Cuando en octubre de 1958 salió elegido el anciano Juan XXIII, con 77 años de edad, todos decían que era un pobre Papa de transición, nadie barruntó que fuera precisamente él el que convocaría un concilio universal, el Vaticano II.

Animales y reyes en el pesebre


A raíz del último volumen de Benedicto XVII sobre Jesús de Nazaret, el dedicado a los relatos de la infancia de Jesús, hubo una serie de reacciones en los medios en el sentido de que le Papa ha expulsado al asno y al buey del pesebre. Obvio de que nadie reparó que el evangelio según Lucas, el único que habla de un pesebre, sólo dice: "dio a luz (María) a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el albergue" y sigue narrando la llegada de los pastores.
Surge lógicamente la pregunta de cuándo y cómo aparecieron esos animales en la representación del pesebre. Eso responde a una forma de leer los relatos evangélicos, propio del ambiente judío y cristiano de los comienzos, que se llama técnicamente "midrash". Los primeros cristianos, compenetrados de los textos y profecías del Antiguo Testamento, percibían espontáneamente resonancias que les hacían ver su cumplimiento en los relatos evangélicos. Al leer en Lucas que Jesús recién nacido fue colocado en un pesebre y venerado por los pastores, les hizo recordar un texto del profeta Isaías, 1,2-3, donde Dios se queja de la indiferencia de su pueblo y dice: "¡Oíd, cielos; escucha, tierra; que habla el Señor: Hijos he criado y educado, y ellos se han rebelado contra mí. Conoce el buey a su amo, y el asno el pesebre de su dueño, mi pueblo no conoce, no recapacita".
El buey y el asno aparecen aquí, en contraposición al pueblo, como animales sabios que conocen a su dueño, ya sea porque saben que tiene en la mano la picana, o conocen donde está el alimento que su dueño les proporciona. Los animales aparecen de este modo en la representación del pesebre como imagen de los pastores, cuya sabiduría, propia de los sencillos, les hace reconocer al salvador.
Una representación, como una pintura, es siempre una interpretación en imágenes; de lo contrario, si quisiéramos la exactitud histórica, tendríamos que disponer de fotografías. Los evangelios son teología narrativa, la tradición cristiana no hace más que prolongar esta lectura, con referencias a las Escrituras, a veces con citas explícitas, otras implícitas, como en este caso.
No de otra manera sucede con la presencia de los magos. El evangelio según Mateo simplemente dice que de Oriente vinieron unos magos. Pero al querer hacer la representación forzosamente viene la pregunta de cuántos magos poner, de cómo se visten, en qué vehículo llegan, ... La cantidad de magos es fácil de resolver: trajeron oro, incienso y mirra, basta imaginar que cada uno trajo un regalo, y tenemos tres magos. Para las otras preguntas aparecen las resonancias bíblicas, que muestran el cumplimiento de las profecías que anuncian el acceso de los paganos a la salvación:
El Sal 72, 10 dice: "Que los reyes de Tarsis y las islas le paguen tributo; que los reyes de Sabá y Arabia le ofrezcan sus dones, que se postren ante él todos los reyes y que todos los pueblos le sirvan" Por lo tanto estos magos que vienen de Oriente, gentiles, son reyes que vienen a adorar al rey que ha nacido. Comenta Reymond Brown en su comentario: "La reflexión cristiana posterior sobre los magos detectó el empleo del salmo por parte de Mateo, pues los magos se transformaron pronto en reyes". Tendríamos aquí una cita implícita ya en el mismo texto evangélico.
Isaías 60, por su parte, canta con espléndidas imágenes la peregrinación de los pueblos a Jerusalén, la ciudad iluminada con una nueva luz: "¡Levántate, brilla, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor" (v.6). Por lo tanto loa magos vienen sobre camellos, en un procedimiento semejante al de la cita del salmo 72.
Normalmente en la representación del pesebre se combina el relato de Lucas con el de Mateo, confraternizando pastores con magos en una misma escena, brindando el sentido teológico del misterio del nacimiento del Salvador, al que todos estamos invitados a contemplar.
(*) Rector del Instituto de Profesorado "Concordia"  
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Amigo antes que maestro


Con el aporte de hoy he decido desviarme del trayecto emprendido con la contribución anterior sobre las Humanidades, aunque siguiendo con la misma temática. En vez de hablar ahora de la filosofía o de la palabra, quiero hacerme eco de la editorial de Osvaldo Bodean, en el Entre Rios Digital del 14 de agosto: "Lo grave es que se intente adoctrinar en vez de educar, ganar soldados para la causa en lugar de formar personas libres." En la nota Bodean muestra que la tentación de instrumentalizar a otros en función de un sistema u otros intereses es, en realidad, algo generalizado. Se observa en regímenes de derecha como de izquierda. A esta práctica perversa ya se enfrentó Sócrates en el s. V a.C., cuando los maestros sofistas atraían a los jóvenes con discursos engañosos. Al respecto dice en su Apología: "Pero, aunque jamás he sido maestro de nadie, si alguien, joven o mayor, ha sentido deseos de oírme u observarme, nunca se lo he rehusado. No soy hombre que hable por dinero o que calle si me lo dan. Estoy a total disposición tanto del rico como del pobre, para que me pregunten cuanto deseen, y todos podéis contrastar lo que digo. Jamás me he negado a dialogar. Y si alguno, por todo ello, se convierte en un hombre mejor o peor, no se me adjudique a mí el mérito ni la culpa, ya que jamás prometí a nadie ningún tipo de enseñanza ni de hecho la impartí." Su misión es desenmascarar a esos maestros: "Pero me preguntaréis: '¿Por qué a las personas les gusta conversar conmigo?' Ya os los he dicho, atenienses, y ésta es la única verdad: les resulta intrigante ver cómo interrogo a los que presumen de sabios, pero que de hecho no lo son."
Sócrates prefiere el diálogo amistoso y libre, de modo que ayude a los jóvenes a descubrir lo mejor en sí mismos. Algo así, se me ocurre, como en la rima de Gustavo Adolfo Bécquer:
"Del salón en el ángulo oscuro,de su dueña tal vez olvidada,silenciosa y cubierta de polvo,veíase el arpa.¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,como el pájaro duerme en las ramas,esperando la mano de nieveque sabe arrancarlas!¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genioasí duerme en el fondo del alma,y una voz como Lázaro esperaque le diga «Levántate y anda"!
Bodean cita el "Riesgo educativo" de Luigi Giussani. Claro que con la instrumentalización se corre menos riesgo, porque la persona está encorsetada en la dinámica planificada y al mismo tiempo embaucada por el discurso orientado del "maestro". El respeto por la persona implica apoyarla en su maduración, si es niño, adolescente o joven, y aportarle desinteresadamente todos los elementos para que pueda asumir posturas autónomas y lograr un proyecto propio, donde dimensión personal y dimensión social se conjuguen de forma armónica. No es lícito sacrificar a nadie en aras de un proyecto ideológico.
Por eso Sócrates prefiere ser amigo en lugar de maestro, y es asimismo un maestro de la amistad. Werner Jaeger en su Paideia sostiene que "lo que convierte a Sócrates en maestro de un nuevo arte de la amistad es la conciencia de que la base de toda amistad verdadera no debe buscarse en la utilidad externa de unos hombres para otros, sino en el valor interior del hombre." (México 1967, p. 436s).
(*) Rector del Instituto de Profesorado "Concordia" más información en www.ipconcordia.com.ar 
 
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Vigencia de las Humanidades


En tiempos de Cicerón la "humanitas" abarcaba el proceso educativo, continuación de la paideia griega. En su discurso en defensa del poeta Arquías, Cicerón habla de "artes quibus aetas puerilis ad humanitatem informari solet": "artes con las que la infancia suele ser formada en humanidad"; (thelatinlibrary.com/). Se trata de saberes para una formación, diríamos, general. En su desarrollo, hasta el comienzo de la modernidad, el curriculum se fue organizando en dos grandes departamentos: el de formación general (trívium – tres caminos - : gramática, retórica, dialéctica), que comprendía el arte de la palabra y del pensamiento, y el de las especialidades, con finalidad práctica (quadrivium: aritmética, geometría, astrología, música).
Según la concepción humanista, todos los saberes se relacionan entre sí y configuran a la persona culta, es decir, todos tienen que ver con la "humanitas". Pero la formación general tiene un valor especial, porque subyace a todos. Cicerón lo dice de esta manera: "Pues las demás (especialidades) no son propias de todos los tiempos ni edades ni lugares: estos estudios (humanísticos) alimentan la adolescencia, deleitan la vejez, adornan los hechos favorables, proporcionan en los adversos refugio y solaz, deleitan en casa, no estorban fuera, pernoctan con nosotros, peregrinan, viven en el campo".
En la actualidad pareciera que los tres ejes principales de las Humanidades son la lengua, la filosofía y la historia, que corresponden al arte de la palabra y del pensamiento.
La historia, según Marco Tulio Cicerón, en De Oratore, es "vero testis temporum, lux veritatis, magistra vitae ...": "auténtico testigo de los tiempos, luz de la verdad, maestra de la vida ....". También Miguel de Cervantes la considera así, en el capítulo IX de la I Parte del Quijote: "debiendo ser los historiadores puntuales, verdaderos y no nada apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rancor ni la afición, no les hagan torcer del camino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir." (Edición del IV centenario).
El conocimiento de la historia, en uno de sus aportes principales, nos ayuda a valorar las decisiones personales, sus consecuencias, su significado y trascendencia. En 1984, con motivo de sus ochenta años de vida se le hizo un reportaje a Joseph Pieper, publicado en el diario Deutsche Tagespost. Ante la pregunta acerca de sus lecturas preferidas, el filósofo respondió: "Lo que más me gusta leer, lo que más leo y con más interés, son relatos autobiográficos, cartas y biografías, preferentemente de nuestro tiempo. Lo que siempre me suele llamar la atención es lo siguiente: que uno estaba al tanto de lo que pasaba en la época del nacionalsocialismo, durante la guerra: uno leía los diarios. Pero cuando leo ahora los recuerdos de aquellas personas que entonces hicieron verdaderamente historia, constato que lo decisivo no estaba en los diarios. Lo decisivo permanecía oculto, y recién con el tiempo fue posible descubrirlo, a través precisamente de los recuerdos de los que han actuado en aquella época". Tomar nota de esta realidad es fundamental para un correcto ejercicio de la democracia y la salvaguarda de la libertad.
"Los individuos deben ser plenamente conscientes de las decisiones que toman y de que las decisiones que toman son suyas, de modo que apenas quede terreno para la manipulación. El estudio de la historia incide precisamente en esto, puesto que una sociedad sin referencias culturales y sin reflexión histórica es una sociedad fácilmente manipulable, en la medida en que no es consciente del alcance de sus procesos ni del papel que los individuos juegan en los mismos". (Joaquín Jareño Alarcón, Las Humanidades ante un Siglo Incierto, hottopos.com/).
(*) Rector del Instituto de Profesorado "Concordia" Más información en www.ipconcordia.com.ar

Los clásicos griegos y latinos, nuestros lares


Bernard Welte comienza sus Consideraciones Filosóficas (Freiburg 1965) con el pasaje del libro III de la Eneida de Virgilio, en el que Eneas está a punto de abandonar Troya en llamas. La ciudad natal destruida y el futuro incierto: "sin saber a dónde nos llevarían los hados, dónde podríamos establecernos". Al final la incertidumbre se transforma en esperanza: "como prófugo arrojado hacia alta mar, con mis compañeros, mi hijo y mis dioses domésticos". En la hora en que se enfrentan a un futuro desconocido tienen, como única ayuda del pasado, a los dioses patrios. Welte escribe con la experiencia de la guerra a sus espaldas, con la conciencia de que una civilización se había hundido y había que orientarse hacia una nueva, incierta, pero con los "penates", los grandes de la cultura occidental, guías para un nuevo comienzo: los clásicos griegos y latinos, y los grandes medievales como Tomás de Aquino. Esta herencia histórica la constituyen "las humanidades". En realidad el latín conoce sólo la "humanitas", no la humanidad como el conjunto de los seres humanos, sino la "condición o naturaleza humana". Eso que hace que de productores o consumidores que somos, nunca dejemos de ser humanos.
Esta preocupación motivó seguramente a Mons. Ricardo Rösch al fundar un Instituto de Formación Docente, en el cual todas las carreras tuvieran la enseñanza del latín. No para aprender meramente una lengua muerta, sino para tener una ventana abierta hacia esa "humanitas" de la cual habla Cicerón.
Alguien podría preguntarse qué sentido tiene aprender una lengua muerta, cuando las obras de los clásticos ya están traducidas. Es que nunca se puede traducir exactamente de una lengua a otra. Teresa de Lisieux parece haber intuido el problema, en aquella época en que las religiosas no solían estudiar teología, cuando dice: "Si fuera sacerdote habría estudiado hebreo y griego para conocer el pensamiento divino, tal como Dios se dignó expresarlo en nuestro lenguaje humano". Respecto al hebreo hay un caso típico en el profeta Jeremías, 1,11-12: "Me dijo el Señor, - ¿Qué estás viendo? - Una rama de almendro. - Bien visto, porque así estoy yo vigilante sobre mi palabra para cumplirla". ¿Qué tiene que ver "almendro" con "vigilante? En hebreo el almendro, por ser el primero en florecer a la llegada de la primavera, se llama "shéqed" = vigilante; de allí que el verbo en participio sea "shóqed" = vigilante. Luis Alonso Sckökel ensayó una traducción para conservar la asonancia y entender el sentido del verso: "veo una rama de alerce ... bien visto, porque así alerta estoy yo ...", pero sacrifica la especie vegetal.
Pero el tema es más profundo. Cicerón decía: "Aprender una lengua es conocer un alma". En efecto, el lenguaje no es un código de palabras, sino expresión de la experiencia que tiene un pueblo de la realidad. El lenguaje gauchesco, por ejemplo, tiene un número de palabras referidas a "caballo" muy superior al de otras lenguas. Esto indica que el gaucho ha tenido una experiencia muy variada y rica de su relación con ese animal. Nunca habrá equivalencia total en una traducción. Para ello el lector debe aprender el idioma y sumergirse de alguna manera en esa cultura.
No basta obviamente con sólo estudiar las lenguas clásicas, pero es al menos una aproximación, en sí mismo valiosa, al mundo clásico y suficiente para valorar su riqueza.
He querido hacer un acercamiento al tema para justificar el aprendizaje de las lenguas clásicas, e introducir el abordaje de la "humanitas", como tema de actualidad, especialmente en la educación. Termino con Jean Grondin, en Hans-Georg Gadamer. Una biografía (Barcelona 2000, p. 165): "... esto mostraba el sentido de Gadamer por lo 'clásico', por obras que tienen algo 'normativo' y 'atemporal' y que, sin embargo, dicen 'algo a cada época ... como si se lo dijeran específicamente a ella'. No cabe duda que esta vuelta o retiro a los clásicos también era una respuesta a la confusión y a la inseguridad del propio presente'".
(*) Rector  del  Instituto de Profesorado "Concordia"Más información en www.ipconcordia.com.ar 

La libertad supone consentir a la vida


El consentimiento a la vida que nos tocó no impide nuestra libertad, sino que es la condición de su realización, a pesar de que no hemos podido elegir nacer o no. Tampoco somos dueños de nuestra muerte. Entre los extremos del nacimiento y la muerte se da el crecimiento y con ello la edad: aquí tampoco podemos decidir nada. A medida que avanzamos en edad se nos va achicando el horizonte de nuestras opciones y el mundo termina por ser nuestro inmediato entorno.
Según algunos hubiera sido mejor nunca haber salido del régimen de la naturaleza. Somos, según Nietzsche, simples "animales inacabados", arrojados a una libertad con la que compensamos la pobreza de los instintos con la creación de la cultura, las costumbres y las instituciones. La historia natural habría desembocado así en el abismo de la historia de la libertad, que pone en riesgo al mundo y a nuestra misma existencia. ¡Cuántas opciones condenan a millones de personas a un destino insufrible! Sin embargo nos vemos forzados a elegir y optar indefinidamente. Maurice Blondel dice que, en realidad, todas nuestras opciones, fruto de una "voluntad querida", son en realidad síntomas de una "voluntad que quiere", inconsciente, la aspiración hacia una realización plena (La acción, Madrid 1996). Ésta es la única razón por la que en definitiva vivimos.
En marzo del año pasado se realizó el primer congreso de diálogo entre creyentes y no creyentes, querido por Benedicto XVI y por él mismo llamado "El Patio de los gentiles". Extraigo algunos párrafos de la ponencia de Fabrice Hadjadj, en la sede de la UNESO, el 24 de marzo 2011, donde se ve que se habló no sólo de Dios, sino también del hombre:
"..Lo que en realidad deseamos es una superación en la intensidad de nuestra manera de ser aquí y ahora,.. En esto consiste – así de sencillo – que el hombre supere infinitamente al hombre. Busca más allá de sí mismo las razones para vivir. Aspira a la alegría que todavía no posee y cuyo cumplimiento espera de algo – yo diría – 'sobrenatural'... ¿La grandeza del hombre está en la facilidad técnica de vivir? ¿O bien está en esta laceración, en esta apertura que es como un grito al Cielo, un requerimiento de lo que nos trasciende realmente?.. La maravilla del hombre no está en el rendimiento de que es capaz, pura proeza mecánica con la que llegaría a eliminar a todos los débiles e incapaces. Su maravilla reside, en cambio, en el misterio de su asombrosa presencia. No es en su eficacia en donde se manifiesta su maravilla, sino en la epifanía de su rostro, aún cuando éste sea deforme, incluso el rostro de un crucificado." (http://chiesa.espresso.repubblica.it/)
Nuestra libertad, entonces, es posible en la condescendencia a la vida, la nuestra, la de seres asombrados e inquietos que aspiran a una realización definitiva "no tanto por un desarrollo horizontal de nuestro poder, sino gracias a la elevación vertical de nuestro discurso." Por eso es notable el testimonio de Vasilij Grossman. En Dresden, Alemania, hay una pintura de la Virgen con el niño, de Rafael, llamada la "Virgen Sistina", por san Sixto. Durante la última guerra las tropas soviéticas llevaron la pintura a Moscú, devuelta posteriormente. Así fue que en una fría mañana de marzo de 1955 el autor de "Vida y destino" fue a verla al museo Puskin. Al contemplar la imagen anota: "Ella, la Virgen que camina con paso liviano, los pies desnudos sobre la tierra de Treblinka, hacia la cámara de gas. La reconocí por la expresión de su rostro y la mirada del niño ... Así eran las madres y los niños de Treblinka".
Luego continúa: "La humanidad no puede escapar a su propio destino, y cada época tiene un destino particular, distinto del de la época anterior. Pero un hecho permanece inalterado. Se trata siempre de un destino triste ...". Y con todo, contemplando a la Virgen Sistina, termina: "Conservamos la fe que la vida y la libertad son una sola cosa y no hay nada más elevado que lo humano en el hombre" (La Madonna a Treblinka, Medusa Edizioni, 2007).
(*) Rector del Instituto de Profesorado "Concordia"

Una libertad solamente humana


"Bajé al taller del alfarero, y lo encontré trabajando en el torno. A veces trabajando la arcilla, le salía mal una vasija; entonces con el mismo barro hacía otra, como mejor le parecía" (Jeremías 18, 3s). Estas palabras del profeta expresan de forma plástica la paradoja de la libertad, que se hace real al darle expresión humana a mociones y tendencias que emergen de nuestro fondo inconsciente e involuntario: éstos son la arcilla con la que configuramos nuestra personalidad.
En la contribución anterior me he referido al ejemplo del hambre como necesidad biológica, que por la voluntad se transforma en un hecho cultural de grandes valores. Lo mismo cabría decir, otro ejemplo, del deseo sexual, frente al cual nadie es libre de no sentirlo.
No tiene la justeza y la seguridad del instinto animal, pero en el ser humano tiene una plasticidad extraordinaria. Puede traducirse en una entrega personal en el amor, pero lleva también a relaciones humanas donde la femineidad y la masculinidad dan gracia a la vida. "Si estamos – por ejemplo – enfermos o deprimidos, la visión de un rostro o escuchar la voz de una persona del sexo opuesto a menudo nos alegra y consuela ... Se trata de la presencia de lo femenino, o recíprocamente de lo masculino, en la propia existencia, como factor indispensable de la propia identidad y de la experiencia del propio ser en el mundo. ... Se puede identificar aquí un momento gratuito y desinteresado del instinto que se transforma en gozo estético... Así nacen sentimientos de ternura, de apoyo, de comprensión y valorización emotiva de otro ser humano que gozan de la plasticidad del instinto sexual" (Rocco Buttiglione, La persona y la familia, Madrid 1999).
Podríamos mencionar todavía las emociones o pasiones. "Nada grande se ha realizado en la historia sin pasión", afirma Hegel en sus "Lecciones sobre la filosofía de la historia universal", (cap. 2). En efecto, sin la emoción nuestras acciones serían seguramente puras como el diamante, pero como el diamante también duras, frías y estériles.
Las emociones pueden volverse anárquicas, como caballos desbocados, pero esto mismo indica que aquellas están destinadas a ser asumidas y canalizadas por la voluntad. San Agustín dice que el ser humano no es exclusivamente un animal racional, sino también un animal que desea, en tensión permanente hacia algo que siempre está "más allá" (Amedeo Cencini, El mundo de los deseos, Lima, 2003).
Ahora bien, no sólo los motivos y las emociones son involuntarios, el mismo proyecto consciente de realizar su impulso se topa con la resistencia de una serie de poderes, que no dependen de nosotros. Así la torpeza de nuestro cuerpo: pobre genéticamente y al nacer desprovisto de una serie de cualidades que ya poseen los animales. "Esta prolongada torpeza física del ser humano ¿no es el signo de que su verdadera grandeza reside más allá de las proezas del cuerpo? ¿Su indigencia inicial no es el anuncio de su elevado destino espiritual?" (A. Léonard, El fundamento de la moral, Madrid 1997).
Otro de los poderes, típico de nuestra experiencia cotidiana, lo constituyen los hábitos adquiridos, a veces difíciles de cambiar, pero también admirables aliados de nuestra libertad. Basta pensar en el ejemplo de quien ha aprendido a manejar: un buen conductor lo hace mecánicamente. ¡Qué difícil sería vivir sin hábitos! Es cierto que el hábito tiene también el riesgo de convertirse en automatismo que mata la espontaneidad y la flexibilidad para adaptarse a la realidad. Mientras que la emoción tiene el peligro del desorden, el hábito tiene el peligro del orden rígido, de lo estereotipado. Tenemos otra vez un indicio de que sólo la voluntad puede encausar estas fuerzas para ponerlas al servicio de nuestra libertad y sólo de esta manera realizan su naturaleza.
Tenemos, por lo tanto, una libertad real, maravillosamente humana.
(*) Rector del Instituto de Profesorado "Concordia"
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