Del Blog de Rubén Denis
Mucha gente tiene buenas razones para no querer al Grupo Clarín. Por su posición de grupo dominante en el mundo de los medios, controla el diario y el canal de televisión más populares de Argentina, por su facilidad para acomodarse con el bando ganador, por la exhibición de la soberbia y altivez de aquel que se sabe poderoso, o por un sinnúmero de razones más.
Pero no dejemos que el árbol no nos deje ver el bosque. El allanamiento del martes a la empresa Cablevisión, integrante de ese mismo grupo, por orden judicial de un juez de Mendoza afín al gobierno nacional, y a instancias de la denuncia de otro grupo de medios con igual, o mejor dicho menor, catadura moral que Clarín, es un claro ataque a lo poco que queda del orden institucional en Argentina.
Reconozcámoslo. En este país todos y cada uno de nosotros hemos sido criados en la creencia de que las leyes se han hecho y pueden hacerse a medida. De ahí que cuando cualquiera tiene acceso aunque más no sea a un retazo de poder, utiliza todos los medios a su alcance para privilegiar sus intereses personales, incluida la búsqueda de revanchas y venganzas. Este gobierno, como tal vez ningún otro gobierno democrático antes, ha usado y abusado de las herramientas y mecanismos que le brinda el estado para saldar cuentas personales.
Mansamente, hemos dejado que el bien común -paulatinamente- haya quedado supeditado a las necesidades y apetitos de unos pocos, en el caso de hoy a un gobierno que con el apoyo partido de uno cada dos argentinos siente que tiene carta blanca para emprender lo que sea. Y por eso, en el día uno de su mandato ya muestra los dientes. Y el enemigo, el no muy querido Grupo Clarín, en este caso, lo sufre.
En el albor de un nuevo mandato, aparecen así atisbos de un estado policiaco, apurado, incluso improvisado, a sabiendas de que tal vez solo tiene dos años de rienda suelta e incontrolada y de que el tiempo les juega en contra. La oposición, mientras tanto, disgregada, o tal vez oculta en el seno de un gran número de peronistas callados y disconformes, quienes tal vez estén esperando su momento. ¿Sera también un momento de venganza?
Asistimos a una incipiente chavización de la Argentina, como bien ha sugerido esta semana el periodista Jorge Lanata. Eso implica, entre otras cosas, disciplinar a todos los que piensen distinto, terminar con la libertad de disentir, amedrentar y doblegar a todas las mentes críticas que se animen al contrapunto. Ir por todos y por cada uno. Hoy están yendo por Clarín, y mañana irán por algún otro enemigo de turno, debidamente seleccionado. Las instituciones merecen ser preservadas e ir por ellas como lo están haciendo, aunque no nos demos cuenta, es ir por todos y cada uno de nosotros. No importa por quien hayamos votado.



