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18 de mayo de 2012

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(Des)Confianza

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Dícese de la seguridad o esperanza firme que alguien tiene de otro individuo o de algo.

Del Blog de Rubén Denis

Señales contradictorias. Si aquel dicho que dice que los ciudadanos votan con el bolsillo fuera cierto, todo haría pensar que la gran mayoría de los argentinos deberían estar contentos y prestos a confiar en este nuevo gobierno de Cristina Kirchner. Sin embargo, si uno observa que la salida de capitales fue record durante el año que termina, unos 24 mil millones de dólares, entonces no puede menos que dudar sobre la veracidad sino sobre la legitimidad de la frase.

Debe haber una explicación. O varias. La más simple de todas parece sugerir que todos los que tienen algo para perder podrán tal vez haber puesto su voto por este gobierno, pero si han preferido poner su plata a resguardo de esa mano que consideran supuestamente amiga. Eso explica que esta fuga de capitales abarque tanto a los pequeños ahorristas en dólares como a las grandes empresas extranjeras que prefieren girar dividendos afuera para reinvertir sus ganancias en otros mercados que no son el nuestro. En el medio, una variedad de otros agentes con un comportamiento más o menos similar.

Sincerémonos. Al margen de un sector del empresariado nacional que de manera permanente se beneficia con subsidios, prebendas, u otros favores del gobierno, son muy pocos, sean argentinos o extranjeros, los que deciden invertir o reinvertir en nuestro país por estos días. Y la principal razón es la desconfianza.

Muchos se llenarán la boca con consignas y dichos anticapitalistas o anti mercado, pero la realidad es que todos los que tienen algo para arriesgar, perder, o dejar sobre la mesa, tienden a comportarse de la misma forma. Ante el más mínimo atisbo de desconfianza, la actitud que prime será siempre la de meter el capital o el ahorro en el bolsillo o en la bolsa, y ya sea esperar hasta que aclare o llevárselo a otro lado.

Producto de esa desconfianza, son muy pocos los que por estos días están decidiendo dejar sus ahorros o invertir en Argentina. Y la esencia de esa falta de confianza está en las conductas de este gobierno. Un gobierno que miente con las estadísticas, hasta los chinos tiene hoy más credibilidad en la materia, que cambia todos los días las reglas de juego, que acude a la intransigencia, la chicana, o a la amenaza para conseguir sus propósitos, que no respeta los contratos, que coopta a sectores del poder judicial, o que respeta la propiedad privada solo cuando se le da la gana.

En ese contexto, en todos estos años ha sido el estado quien ha suplantado al sector privado como motor de la economía. Una circunstancia discutiblemente válida para todos aquellos proyectos que se salen de su área natural de influencia, como son la educación, la salud o la seguridad, ya bastante mal atendidos por cierto. Es que el estado participa y hace de sponsor en innumerables emprendimientos basados en criterios puramente subjetivos y no precisamente de competencia o rentabilidad.

Una tarea inútil por cierto. La improbada eficiencia del estado como empresario habrá de durar tanto como dure la bonanza en los precios de las materias primas agrícolas y mineras. Tan pronto como la ola cambie, poco será lo que quede en pie de esta aventura. Incluso estas distracciones propias de quien de repente hereda una fortuna y no sabe qué hacer con ella, ha hecho que se desatiendan otros sectores donde la influencia de la cosa pública es esencial, como por ejemplo la inversión pública en infraestructura. Los números en este rubro hoy son paupérrimos y durante la próxima década seguramente habremos de pagar las consecuencias.

En un momento difícil, con una crisis internacional que promete no dejar a nadie a salvo, cuando las arcas del estado ya no presentan ese aspecto desbordante de otros años, el gobierno está parado frente a una encrucijada. Seguramente la estrategia no cambie y el camino siga siendo el mismo de siempre, pero los riesgos de un accidente mayor aumentan día a día. Aunque no haya antídotos ciertos, el recrear la confianza perdida ciertamente ayudaría para poder mantenernos dentro de un modelo de sustentabilidad. Sépase, esa posibilidad hoy está en peligro.