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18 de mayo de 2012

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Urribarri, el pago de haberes, y las finanzas provinciales

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O como volver a vivir con el corazón en la boca.

Del Blog de Rubén Denis

Hace unos días, el gobernador Urribarri dijo en una nota concedida al vecino diario La Calle de Concepción del Uruguay que el pago de haberes de la administración publica en tiempo y forma se había hecho difícil.

Un comentario tal vez más adecuado para hacerle a un chico que le viene a uno con una preocupación,  algo así como “esta difícil hijo pero no te preocupes”. Sin explicaciones. Demás está decir que quien escribe esta nota se preocupó, lo que imagino le sucedió también a la gran mayoría de los comprovincianos que tuvo oportunidad de acceder a la nota.

Es que habida cuenta de los antecedentes recientes, una economía que lleva cerca de diez años creciendo casi a dos dígitos anuales y con nuestra provincia como importante beneficiaria de ese fenómeno, con asignaciones presupuestarias para donaciones y subsidios  que se desparraman por toda la provincia y son más bien propios de una economía bien opulenta, más la magnitud de los sueldos que cobran nuestros funcionarios más distinguidos, basta con referirse a los aumentos de los legisladores nacionales anunciados hace pocos días, uno pensaría que el estado de las finanzas provinciales debiera ser uno de envidia.

Pero no, no parece ser así.

Entre Ríos no dispone de una situación financiera sólida e independiente por dos razones fundamentales. La primera, porque el gobierno provincial se ha caracterizado toda esta década pasada por un manejo poco profesional y en extremo demagógico en materia financiera. Parecía que la plata iba a durar para siempre y por eso se destinaban, hasta hace muy poco, irrestrictas partidas hasta para las más extravagante de las cuestiones. La segunda, porque como es caso de casi todas las otras provincias y sus gobernantes, quienes han gobernado la nuestra se han preocupado siempre por trabajar en la relación personal con el Ejecutivo Nacional, el amigo o la amiga a quien poder apelar en caso de urgencia, y muy poco en generar consenso entre sus pares en el diseño de políticas que hagan más equitativa y justa la redistribución de los impuestos que se recaudan y que el estado federal  hoy monopoliza.

De la primera ya nos hemos ocupado in extenso en el tiempo y no vale la pena gastar demasiada tinta en ello. Todos en Entre Ríos sabemos cuánto se gastó y de la forma en que  se lo hizo.

De la segunda, vale la pena revisar algunos datos. En promedio, las provincias cubren un cuarto de sus gastos con los fondos que reciben de la Nación. Hay casos como el de Santa Cruz, La Rioja o Santiago del Estero donde la dependencia alcanza niveles mucho más disparatados superando incluso el  60%. La dependencia de la nación se hace menos evidente en el caso de las provincias más ricas entre las cuales está Entre Ríos. Pero coincidentemente, y esto no es un dato menor, la nuestra es la provincia de las ricas que más ayuda recibe del gobierno nacional.

La realidad es que Urribarri necesita cada vez más de la misericordia de Cristina y eso se nota en los números. Y para que no se le haga “difícil” el pago de los sueldos, nuestro gobernador tendrá que seguir trabajando, y mucho, en esa relación. Hoy Entre Ríos recibe del gobierno nacional 1.243 dólares por habitante por año. Cifra que empalidece frente a los casi 9.000 dólares de Santa Cruz pero que se vuelve de magnitud cierta cuando se la compara con los 226 de la ciudad de Buenos Aires, los 588 de la provincia homónima, los 546 de Mendoza, los 655 de Santa Fe, los 937 de Córdoba o los 988 de Tucumán, Entre Ríos es nación dependiente y eso queda bien claro en la estadística.

Torcer este rumbo no será fácil y es sin duda una tarea de años. Para peor de males, en los últimos años se han creado nuevos impuestos altamente efectivos como las retenciones y el impuesto al cheque, pero ambos con muy bajos niveles de coparticipación. Lo que en definitiva deja a nuestra provincia en una situación incómoda y que seguramente obligue a todos quienes dependen de la buena voluntad de la administración provincial a volver a vivir con el corazón en la boca. Sobre todo si los pronósticos de menor crecimiento son ciertos y los altísimos niveles de inflación continúan. Como dice Urribarri, se está haciendo “difícil”  la cosa.