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Ruben Denis

De Venezuela y una película que adelanta

Argentina, lenta pero segura, parece seguir uno a uno los pasos del comandante

La semana pasada estuvo en Argentina el controvertido estratega político venezolano J.J. Rendón.

Rendón que acaba de asesorar a Capriles en la campaña presidencial de Venezuela, no es precisamente santo de devoción del chavismo y cuenta entre sus laureles haber conducido la campaña del ahora presidente de Colombia Juan Manuel Santos. Rendón ha participado en más de veinte campañas presidenciales, y la derrota de Capriles, que el alega que no fue tal, ha sido una de las pocas que muestra en su curriculum.

Rendón participó por aquí de la Cumbre Mundial de Comunicación Política y dejó algunas interesantes precisiones respecto del paralelismo entre Venezuela y nuestro país. Según este asesor, cada vez que viene a Argentina se siente parte de una película que atrasa veinte minutos con respecto a la de Venezuela. Ve tanto rasgos autoritarios como excesos similares en ambos gobiernos. Gobiernos que, aun en su gran ineptitud, son portentosos constructores de poder y saben transmitir ideas sin ceder nunca la iniciativa. Enfrente, una oposición que en el caso de Venezuela se ha unido muy recientemente, en el pasado llegó a regalarle una elección a Chávez al negarse a participar, y otra atomizada y sin convicción de unión en el caso argentino.

El que viene de visita a Argentina no puede no sentirse parte de una pelicula que atrasa veinte minutos con respecto a la de Venezuela

Contó también qué nos espera si es cierto esto de que Venezuela nos marca el camino, aunque esa sintomatología ya se está haciendo más que evidente por estos lados. Inflación galopante, escasez de dólares, y por ende góndolas vacías de supermercados donde escasean hasta los productos más básicos. Sin dólares no hay importaciones y sin ellas falta hasta lo más elemental ya que salvo petróleo hoy Venezuela no sabe producir otra cosa. Esto en el medio de una guerra entre las dos facciones más poderosas del chavismo, Maduro apoyado por el gobierno cubano por un lado y el presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello por el otro. Lo que ha hecho que solo un mes después de la elección el gobierno de Maduro sea el más débil de los últimos veinte años y con pronóstico reservado. Lo que ha provocado una parálisis en la gestión de gobierno mientras la economía se cae, la inflación se espiraliza, y el hambre crece entre los sectores más postergados, con la capacidad del gobierno para seguir apoyando grandes planes asistenciales más cuestionada que nunca.

Al decir de Rendón, en el plano institucional la cosa no ha sido muy distinta, por lo menos en las intenciones de controlar totalmente los tres poderes. La democratización de la justicia en Venezuela ya se hizo y allí ahora todos los jueces son amigos y hasta se ha colonizado a la Corte Suprema. Por aquí, tal conquista parece un poco más dudosa, pero ciertamente las posibilidad de una cosa así, y también de una reforma constitucional, aumentarían exponencialmente si el kirchnerismo lograra imponerse en las elecciones de medio término de Octubre.

Entender la realidad de Venezuela hoy es entender el infierno en que quieren terminar de arrojarnos

De cara a estas elecciones legislativas que parecen ser claves para el futuro del kirchnerismo en la Argentina –y ahora ya no es Rendón quien habla-, la oposición, además de redoblar sus esfuerzos de unificación, debería sugerirle al electorado argentino una mirada más profunda de la actualidad de la sociedad venezolana para entender mejor en qué infierno estamos siendo arrojados. Es que lo que no dice el relato venezolano, ni tampoco el argentino, es que sin tamaña alharaca el resto de los gobiernos de América Latina, casi todos mucho más moderados y muchos menos corruptos, han logrado índices iguales o mejores en la lucha contra la pobreza y la exclusión social. Milagros de un relato que hasta ahora –solo hasta ahora- ha logrado que la careta no se caiga del todo.

La libertad de expresión es patrimonio de todos

Está en el interés de toda la sociedad defenderla.

Enceguecido frente a su imposibilidad de terminar de destruir al Grupo Clarín, el gobierno nacional no deja atajo por tomar o pared por derribar en lo que parece hoy un casi excluyente objetivo político, uno que lo aleja cada vez más de las necesidades reales de un pueblo sofocado por una inflación asfixiante y a todos nosotros de los estándares de toda sociedad civilizada, donde la libertad de expresión es uno de los pilares.

Escondido detrás de la ley de medios y del escudo de Clarín, el gobierno ha avanzado sistemáticamente contra toda la prensa independiente. Ha constituido un enorme aparato de comunicación, financiado con los impuestos de todos, mientras se dedica a demoler a todos aquellos medios que no le son funcionales, ya sea negándoles pautas publicitarias, incitando a privados por vía coercitiva a que los sigan con medidas parecidas, o denostándolos públicamente a través de voceros por lo general muy poco creíbles. Tampoco se salvan del improperio quienes se muestran públicamente preocupados o dispuestos a frenar estos accionares, sino que lo diga Mauricio Macri, quien recibió una andanada de críticas oficialistas cuando anunció su intención de hacer aprobar una ley de defensa de la libertad de expresión en la ciudad de Buenos Aires.

La embestida continúa materializándose por estas horas en la amenaza de expropiar Papel Prensa y de intervenir a Clarín. Visto objetivamente, el proyecto de ley para expropiar Papel Prensa es un papelón. La demanda de papel de diario se cae en picada en el mundo entero y lo mismo sucede con el precio mientras los stocks se disparan, ya que no hay a quien venderle. Solo basta con abrir la importación para que el mercado local se inunde. Todo es una gran excusa para poder tener en un puño a toda la prensa independiente que tiene en el papel un recurso crítico. También es un mamarracho amenazar con intervenir el grupo Clarín a través de la CNV, acudiendo a una ley viciada de inconstitucionalidad y a la que a diez minutos de su aprobación se le incluyó un artículo habilitando la intervención de empresas que cotizan en bolsa. No hay argumentos valederos para hacerlo. Ninguno. Clarín o no Clarín, todo se reduce a un apriete incalificable. En el colmo de cinismo, días atrás Moreno se apersonó en la asamblea de Clarín para acusar a sus funcionarios de malos administradores mientras por otro lado trata de hacerles todo el daño posible, apelando a artimañas tales como la del cepo publicitario.

La lucha con Clarín es en definitiva una bomba de humo. La libertad de expresión está seriamente amenazada, y como ha sucedido muchas veces en los últimos años, el gobierno lo disimula poniéndose una capa de cordero y clamando a los cuatro vientos ser víctima de un atropello. No nos dejemos engañar, en esta materia, y no es la única, este gobierno no es otra cosa que un lobo famélico que se come todo lo que se le cruza y no atiende razones, solo las propias.

Para ilustrar el momento que vivimos, bien vale la pena traer a colación dos analogías escuchadas de boca de dos respetados periodistas pocos días atrás. La primera habla de que una sociedad sin libertad de expresión es como vivir en un cuarto oscuro. En un cuarto oscuro uno no ve lo que sucede alrededor, y todo tipo de tropelías e ilícitos son imaginables ante las narices de todos, sobre todo a manos de quienes son los que administran el poder. La otra dice que una sociedad amordazada es como un viaje en el desierto sin hoja de ruta. Sin ella uno pierde las referencias respecto de donde está parado y eso le impide tomar decisiones claves en cuanto a cómo y hacia donde moverse. La sociedad toda se inmoviliza y queda así a merced de todo tipo de alimañas.

La libertad de poder expresarse según su antojo no es un capricho ni una prerrogativa de una minoría. Quienes la denostan, minimizan y vilipendian lo hacen porque tienen cosas que ocultar o quieren que se conozca solo su versión de la historia. Ciertamente no viven en una sociedad justa, libre y moderna y tampoco les conviene o les importa. A nosotros, los ciudadanos de a pie, debería importarnos y mucho. Y defender la libertad de expresión es una manifestación en esa dirección que es la correcta.

El Entre Ríos: 130 años de independencia

Tal vez independencia sea la palabra, pero seguro no es la única, que mejor resuma el espíritu de El Entre Ríos, medio periodístico decano en la Mesopotamia y uno de los más antiguos de la Argentina. No hay muchas instituciones en el país, salvo el estado y la Iglesia, que puedan ostentar títulos similares de longevidad, en un mundo donde la inmensa mayoría de las organizaciones tienen serias dificultades trascendiendo en el tiempo.

El camino ha sido arduo, con algunas épocas mejores que otras, pero El Entre Ríos, no sin dificultades, ha sabido adaptarse -de la mano de sus lectores- a los vaivenes de la sociedad toda y del país, sin resignar nunca su esencia. Si se les preguntara precisamente por esa esencia a todos los que de alguna forma u otra han colaborado en este acto de construcción y permanencia que ya excedió con creces el siglo y va incólume hacia el siglo y medio, seguramente casi todos coincidirían en su descripción.

La esencia de la tarea periodística promovida desde la redacción de El Entre Ríos ha echado raíces, desde siempre, en los conceptos de independencia, honestidad intelectual, tolerancia, respeto hacia la opinión de los demás, pero nunca renunciando a ser consecuentes con una manera de pensar. Ese actuar se ha vuelto aún más difícil en épocas recientes, de la mano del vértigo acarreado por los permanentes cambios tecnológicos, de la terrible necesidad de acceder a la información de manera inmediata, de la pérdida de la pausa necesaria para el análisis crítico y objetivo, y de la intromisión de un estado que de a poco se ha ido quedando con el control de un parte importantísima del sistema de medios gráficos, digitales, radiales y televisivos.

Los nuevos tiempos han representado un desafío tremendo para poder sobrevivir con altura y dignidad. En épocas recientes, hemos visto a muchos, por necesidad económica a veces, por picardía otras, vender el contenido de su página al poder de turno, situación que ha colaborado para que el cuarto poder, como se lo conoció al periodismo en una época, se uniera al creciente deterioro institucional que lentamente nos ha depositado en una situación pre-republicana.

Si El Entre Ríos ha soportado estoico este embate, ha sido únicamente por la firmeza de sus convicciones y por la solidez de un plan de ruta que ya lleva muchas décadas de exitoso ejercicio. Como lo ha sido dese un principio, los lectores de El Entre Ríos no estarán siempre de acuerdo con lo que leen, pero saben que a ciencia cierta que el ánimo de sus editores ha sido y seguirá siendo el de cargar sus notas, opiniones o comentarios con la mayor cuota de objetividad posible. Saben también que cuando disientan y lo quieran hacer saber, la tribuna estará siempre lista para que puedan hacerlo en el mayor de los respetos y libertades. Tal vez la clave ha estado en saber ejercitar esa cuota de humildad que todos llevamos adentro, y en saber aceptar que no hay verdades únicas, que no hay opiniones inapelables, ni tampoco razones absolutas.

Fueron muchos, pero tampoco tantos, los que han levantado todas estas banderas enumeradas aquí y ahora. Comenzando por Apolinario Sanguinetti, fundador y director durante 50 años hasta su muerte en 1933. Su hijo Carlos, director entre 1933 y 1939, Francisco Scala durante breves dos añosy Ricardo Maxit entre 1940 y 1960. Su hijo Ricardo, director entre 1960 y 1981, y desde entonces y hasta la fecha, su mujer, Graciela Marcó de Maxit. Fueron muchos otros los que participaron de este proyecto centenario, destacándose las figuras de Luis M Olivera, redactor y administrador entre 1921 y 1965, y la de Armando Cergneux, quien aportó una encomiable labor periodística durante casi cuatro décadas.

Los desafíos por venir parecen múltiples y seguir de pie sin perder el rumbo casi un imposible. La clave para El Entre Ríos estará en seguir, como hasta ahora, adaptándose a los cambios rápidos y vertiginosos que plantea el siglo XXI sin resignar su esencia de ética periodística. También en que las sucesivas generaciones que integren sus equipos de dirección y trabajo sigan sintiendo el mismo amor por la profesión que han profesado y profesan todos quienes han sido, y son, parte integrante de esta gran familia periodística. El derrotero habrá sido sin dudas exitoso si alguien siente que debe escribir una nota parecida a esta en otros 130 años.

¿Para qué se endeuda Entre Ríos?

Cuando la plata se va en gastos operativos

El último fin de semana se hizo público que el gobierno de Entre Ríos inició el proceso para emitir deuda por 900 millones de pesos, mediante la colocación de títulos públicos, y con el objetivo de refinanciar algunos compromisos y "financiar el déficit acumulado y consolidado de las rentas generales".

Si uno revisa el presupuesto provincial de este 2013, podrá observarse que esa posibilidad de endeudamiento ya se había hecho explicita allí.

Tamaña noticia no debería por ende sorprender a nadie. Lo que tampoco es sorpresa, aunque esto sea algo sobre lo que nunca se habla, es que la emisión de deuda se hace para ayudar a tapar el agujero fiscal que la provincia tiene a nivel operativo.

Mientras tanto, el gobierno provincial, apelando a la contabilidad creativa aplicada en la confección de presupuesto, pretende de alguna forma disimular la cosa. Pero la verdad incuestionable es que de los 17 mil millones de pesos de gastos corrientes, el gobierno provincial solo atiende el 65% con recursos propios. Y de los 5.400 millones de erogaciones de capital, el 99% se atiende con fondos externos, incluido aportes del Tesoro Nacional, fondos regionales y fondos fiduciarios, y amén de los excedentes de Salto Grande.
Lo que deja aún más en claro que si la provincia no se endeuda con terceros no tiene forma de cubrir el bache operativo. Uno usualmente saca un préstamo si quiere arreglar la casa, cambiar el auto, o cosas por el estilo, y no para financiar el consumo de todos los días. Quien no tiene opción, e igual lo hace, sabe que está en problemas. Eso es precisamente lo que le sucede a Entre Ríos, que necesita endeudarse para pagar sueldos, o puesto en términos más sutiles para ¨financiar el déficit acumulado y consolidado de las rentas generales¨ según las propias palabras de la provincia en un contexto todavía favorable para Argentina.

Lo del déficit operativo parece una cuestión más bien crónica y responsabilidad exclusiva de un gobernador que ha dirigido o ha ayudado a dirigir esta provincia por más de diez años. Mientras tanto, la dependencia con el gobierno nacional no solo no se ha reducido sino que se ha exacerbado más que nunca. Lo que de alguna forma obliga a una obsecuencia desmedida y explica ciertas conductas de Urribarri.

La falta de independencia económica financiera de la provincia se refleja también en la total falta de capacidad para afrontar inversiones de capital con fondos propios. Todo se hace con la ayuda del gobierno nacional, y si uno revisa los números de la unidad ejecutora salta a la vista que el grueso del gasto, casi un 50%, se habrá de ir durante este año en el mantenimiento de caminos y en la construcción del estadio deportivo único de Paraná. Lo que deja una disponibilidad, aportada directa o indirectamente por el estado nacional, de solo unos 1.800 millones de pesos o poco más de 200 millones de dólares, al tipo de cambio paralelo, para otras obras.
O sea que de un presupuesto total de gastos de 22.500 millones de pesos, solo el 8% se destina a inversiones varias de infraestructura, además de las ya mencionadas, y acudiendo exclusivamente a la ayuda, solidaridad, y solvencia de otros.

Que una provincia como Entre Ríos, que sigue siendo importante a pesar de los desmanejos del último par de décadas, destine una parte tan ínfima de su presupuesto a defender y jerarquizar su infraestructura es ciertamente lamentable. Queda como consuelo que casi todas las provincias de Argentina están en una situación similar, siendo las notables excepciones, San Luis y, hasta por ahí nomás, la ciudad de Buenos Aires.

Hoy más que nunca, todos deberíamos estar bien conscientes que todos los impuestos que recauda la provincia, muchos de los cuales se han vuelto prohibitivos, cuando no extorsivos, se destinan pura y exclusivamente a mantener el estado en mínimo movimiento. No hay ni habrá entonces un peso para obras en la escuela de la esquina, la cuneta de allá a la vuelta, el hospital, la plaza, o el puerto del pueblo si lo tuviera, a menos que nos bendiga la divina providencia presidencial. Las autoridades provinciales también deberían tomar nota.

Brasil crece poco y Argentina lo sufre

Una nube de pesimismo envuelve a la economía brasileña

Mucho se habla de que son dos las variables que hay que mirar en los próximos meses para tener una idea más acabada de cuánto va a crecer Argentina este 2013. Uno es el volumen de la cosecha agrícola en general y el precio de la soja. La otra que pasa con Brasil, si su velocidad de crecimiento, hoy estancada, gana velocidad o no y si alcanza ese 3% tan esperado.

Si bien había esperanza generalizada de que la economía de nuestro socio y amigo se recuperara con fuerza a partir del segundo semestre, hay cada vez más dudas respecto de que ese sea el escenario con mayor probabilidad de ocurrencia. Todos los actores de la economía brasileña se muestran apesadumbrados ante las perspectivas, sino deprimidos. El nivel de pesimismo es alto, y la insatisfacción con la clase política va en aumento día a día.

Me decía un empresario brasileño el otro día: “Es ciertamente decepcionante que día a día crezca la posibilidad de que Dilma Kirchner”, así la llamo, “consiga otro mandato de cuatro años en las elecciones presidenciales del 2014”. Si bien no está nada definido, es vox populi en Brasil que las candidaturas alternativas de Aecio Neves y Eduardo Campos están teniendo dificultades en generar tracción.

La percepción que se tiene del gobierno local en el país vecino es una de parálisis e inmovilidad. Se hace poco o nada, la cruzada anticorrupción ha diezmado a los grupos de gestión del PT y de los partidos afines en el gobierno, no hay agenda, no hay plan estratégico, la inversión se desacelera y los brasileños se muestran cada vez más interesados en ahorrar menos en reales y más en moneda extranjera, aunque no ciertamente en nuestro pesos.

Donde se ve con mayor claridad el parate oficial es en el sector de infraestructura. A un año del mundial de futbol y a tres de las olimpiadas, ambos eventos se habrán de realizar en Brasil, es preocupante ver como no se ha aprovechado la oportunidad para seguir realizando mejoras en el sector. Salvo refaccionar estadios, es muy poco lo que se ha hecho, con sectores como el aeroportuario en urgente necesidad de una lavada de cara, u otros como el de turismo en tierra de indefiniciones. Como dato curioso, en Río de Janeiro la falta de oferta de camas para los visitantes se piensa solucionar no construyendo más hoteles, no dan los tiempos, sino alquilando grandes cruceros que se piensa amarrar en el puerto de Río para que sus camarotes suplanten a los cuartos de hotel que no existen.

Las tremendas deficiencias de infraestructura, autopistas derruidas y puertos colapsados, atentan también contra la productividad y hacen más difícil el movimiento de la economía. A diferencia de Argentina, Brasil carece de un sistema de transporte, específicamente trenes y caminos, que le permita poner rápida y eficientemente en la bodega de un barco los productos que se venden en el exterior. Argentina hizo las mejoras estructurales en los noventa, Brasil nunca. En esa época, Argentina invirtió también en puertos, y Brasil también lo hizo aunque en menor escala y mucho más tarde. Es recién ahora que el país vecino está cayendo en la cuenta de que este es un proceso que debe ser acelerado.

En el puerto de Santos, el más grande de Brasil, hay barcos que tardan hasta dieciséis días en cargar sus bodegas y soltar amarras dado el alto grado de congestión, producto de una estructura colapsada.

En definitiva, el pesimismo que reina entre los actores económicos más importantes del principal socio del Mercosur puede tener su correlato en forma directa en un pálido crecimiento en Brasil y en forma indirecta en una más tibia reacción de la economía argentina. También es una clara muestra de que cuando los gobiernos comienzan a generar desconfianza, no hay buena voluntad ni espectacularidad de anuncios que logren evitar la caída. Si Brasil no se puede salvar de esta, ¿qué nos queda entonces a nosotros?

Los políticos al tope de la lista de miserias

De lo que queda cuando baja el agua

El drama de las inundaciones ha dejado muchas miserias expuestas una vez escurrida el agua. Una de ellas es el uso que la política hace de los damnificados, al mismo tiempo que se aprovecha de la solidaridad del resto del prójimo.

Claro que la gran mayoría de la gente está alerta ante esta circunstancia, lo que explica que el gran cúmulo de donaciones se haya hecho vía Cáritas, Red Solidaria, u otras ONGs que no profesan ningún credo político, solo el deseo último de ayudar a los que más lo necesitan.

Todos estos grupos sin excepción mostraron una capacidad de organización envidiable, aunque lamentablemente no es lo que puede decirse del poder de respuesta del estado.

"El kirchnerismo utilizó, otra vez y tarde, los recursos del estado como si fueran propios"

Por una cuestión de orden, casi todas estas organizaciones proveyeron a sus voluntarios de pecheras identificadoras, aunque en ningún momento quedó en evidencia una intencionalidad política. Por una cuestión de orden, dicen, también lucieron pecheras identificadoras los miembros de La Cámpora. Pero en este caso, los motivos no fueron solamente altruistas o puramente solidarios. Escudándose en la importancia de la militancia, esta organización, brazo juvenil del kirchnerista Frente para la Victoria y con una gran mayoría de sus adherentes hoy funcionarios o empleados del estado, repartió la ayuda de todos con fines egoístas y de claro corte proselitista.

Tal vez hubo candor e inocencia entre los más jóvenes, pero definitivamente no entre quienes los dirigen y orientan. El kirchnerismo utilizó una vez más los recursos del estado como si fueran propios, tratando de extraer el máximo beneficio posible, de una situación que afectaba sobre todo a los más pobres e ignorantes de todos.

Utilizar una desgracia como esta para hacer política y obtener rédito es una bajeza inigualable. Tal vez sea solo superada por el fraude moral que significó hablar de década ganada mientras se repartían plasmas a troche y moche y se hacía la vista gorda a las inmensas necesidades estructurales, y no coyunturales, de los vecinos.

Lo hace más criticable aun, que se haga sin remordimiento alguno. Lo dejó bien claro el líder camporista, el Cuervo Larroque, cuando sacó arando en público a un periodista de la televisión pública que le había preguntado si estaba bien que sus dirigidos exhibieran su insignia partidaria mientras hacían caridad.

Tampoco mostró dosis alguna de remordimiento Cristina Kirchner, cuando se aupó a un grupo de jóvenes de La Cámpora para exhibirse en control y en movimiento, tal vez preocupada por no quedar pegada con la estructura más tradicional e ineficaz del estado y la misma dirigencia peronista que ella orienta y dirige.

El intendente de La Plata, Pablo Bruera, también hizo de las suyas cuando por las redes sociales pretendió mostrarse al pie del cañón mientras en realidad estaba en Rio de Janeiro de vacaciones. Ni siquiera ante el horror de su error aceptó mostrar culpa o remordimiento.

La total falta de autocrítica, el que se tiren la pelota de unos a otros, no son ciertamente síntomas muy positivos de lo que pueda estar por venir. Si nuestros dirigentes finalmente toman conciencia, si no lo hacen definitivamente deberían ser castigados por la vía del voto, son dos los vectores sobre los cuales deberían trabajar con dedicación y ahínco.

“El estado no tiene capacidad de respuesta alguna frente a las catástrofes, tampoco de planeamiento estratégico".

El primero, recuperar, sino generar, capacidad de respuesta del estado frente a la catástrofe, fenómeno que promete volverse moneda corriente de aquí en más. La anécdota de La Cámpora es prueba viviente de lo bajo que hemos caído como país en cuanto al poder de gestión de su estado. El otro, elaborar, de una vez por todas, un plan de acción a nivel infraestructura que nos permita al menos volver al punto donde estábamos hace diez años.

Las pruebas de ineptitud demostradas por nuestros principales políticos durante estos últimos días han sido aterradoras. Pero más miedo mete ver el cocktail que hacen cuando le agregan altanería y soberbia. Todavía no llegamos a la nueva etapa del que se vayan todos. Pero estamos cerca.

Preocupante proliferación de los barrios marginales

Cuando la política mete la cola

Los que tienen sus años, aunque no sean tantos, seguramente recuerden aquellas épocas no tan lejanas en las que todas los pueblos y ciudades de Entre Ríos cobijaban casi exclusivamente casas de material, todas ellas más o menos decorosas, y muy poca gente vivía explícitamente bajo la línea de pobreza. En todo caso algunos cuantos vivían en una pobreza digna, con problemas de acceso a la educación, pero siempre con un plato de comida a mano, resultado no de la dadiva política sino del trabajo y el esfuerzo individual de cada uno.

Hoy, de aquellas localidades quedan muy pocas, con tal vez la ciudad de Villa Elisa como uno de los ejemplos sobresalientes. Situación similar viven comunidades más pequeñas y de claro perfil agrícola. No así las ciudades más grandes de la provincia, que hoy muestran en algunos de sus suburbios una fisonomía cada vez más parecida a algunas de las zonas menos prosperas del conurbano bonaerense.

En la costa del Uruguay, Concordia y Concepción del Uruguay son las ciudades más afectadas por este fenómeno de aumento en la marginalidad y la pobreza. Los asentamientos se han multiplicado en el tiempo y la escasez de viviendas está a la orden del día. En menor medida, ciudades como Colón y Gualeguaychú sufren también el fenómeno.

Ciertamente, el poder político no ha hecho todo lo necesario para evitar que esta problemática no tome un carácter casi endémico. En vez de construir para resolver las cuestiones de fondo de manera definitiva, han echado mano de paliativos, tales como dadivas, planes y subsidios varios, como un perfecto método de colonización política. La línea más común de pensamiento parece haber sido ¨sino hay o no conozco las herramientas que puedan terminar con el fenómeno definitivamente, al menos utilizo aquellas que, aunque tal vez sub-optimas, me permitan tomar alguna ventaja política¨.

Hasta acá, nuestros políticos podían ser acusados más de no hacer nada, o muy poco, que de cualquier otra cosa. Pero en estos últimos tiempos, ha surgido un nuevo elemento que es prueba viviente de que muchos de nuestros dirigentes no solo no trabajan para nosotros, sino que lo hacen en contra nuestra.

Son cada vez más las evidencias de que asentamientos de varias ciudades de la provincia se deben en buena medida a una migración venida de zonas carenciadas y marginales del Gran Buenos Aires. Que nuestros dirigentes sean cómplices en tamaña maniobra obedece puramente a la conveniencia política de serlo.

Yendo en contra de los intereses de los vecinos y de las comunidades todas, se ha pergeñado la constitución de asentamientos en ciudades y pueblos que no están preparados para afrontar una inesperada e importante demanda de servicios públicos esenciales, la que viene precisamente de la mano de esos recién llegados.

Tales maniobras se han hecho por lo general en el mayor de los silencios, y si alguna voz se ha alzado alguna vez para denunciar este tipo de maniobras, desde el poder se ha optado por no contestar, o en su defecto, de hacerlo ocupándose de resaltar la insensibilidad social del denunciante.

Sería entonces importante que la provincia, la que ya es cómplice desde el momento en que ha decidido no tomar cartas en el asunto, explique de una manera lógica y convincente, por qué se están tolerando este tipo de maniobras que terminan afectando a todos los que hemos elegido vivir y trabajar en esta provincia.

Alguna vez, cuando era chico, escuché que los políticos no solo no combatían sino que encima promovían la proliferación de los pobres y los más necesitados. Me resistí a creerlo. Hoy, con algunos años más sobre el lomo, lo perverso del sistema está bien claro frente a mis ojos. Y para peor, este sistema obsceno de envilecimiento humano, alguna vez exclusiva prerrogativa de la gran ciudad, ha llegado a nuestras costas para quedarse.

Venezuela, el milagro que no existe

Cuando los árboles no crecen hasta el cielo

Cuando Chávez murió pareció que la noticia se apropiaría de la tapa de los diarios por semanas, no solo en Venezuela, sino en América Latina toda. Pero la inesperada elección del Cardenal Bergoglio como Papa hizo que muchas de las repercusiones por la muerte del venezolano también se fueran con él. Lo mismo sucedió con buena parte de los múltiples análisis que discurrían sobre la gran obra del seguidor de Bolívar, unos de odio, otros de adoración, dejando para más adelante las discusiones sobre si nuestra presidente seria la heredera natural de Chávez o si tal posición honorifica le correspondería de ahora en más a Rafael Correa, presidente de Ecuador.

Chávez ha dejado tras de sí una herencia problemática y que vale la pena estudiar y analizar cuando se percibe que son muchos los dirigentes políticos argentinos, mayormente pero no exclusivamente del oficialismo, que parecen admiran el modelo económico institucional que se fundara durante la administración de Chávez en la búsqueda de la llamada revolución socialista del siglo XXI.

Es interesante entender el legado que la ¨boligarquia¨ se ha dejado a sí misma, considerando que no es del todo descabellado suponer que Argentina está recorriendo el mismo camino que Venezuela, pero con un atraso de cuatro o cinco años. Muchos dicen que la fortaleza institucional que tiene Argentina habría de prevenirnos de recorrer esa misma ruta, pero la duda existe y no es menor, lo que vuelve el estudiar el caso una necesidad casi imperiosa.

Primero y principal. Cuando se habla de la reducción de la pobreza y de una mayor equidad social, seguramente muchos se sorprendan de saber que Venezuela no figura en los primeros puestos del ranking de la región. Apenas en los del medio. Países como Colombia, Perú, Uruguay, o Chile han hecho muchísimo más para atender este flagelo que la revolución de Chávez. La diferencia es que no tienen un aparato estatal propagandístico como el de Venezuela y parecen hacer mucho más foco en resolver el problema que en llenarse la boca hablando de hacerlo.

Lo que crea ciertas percepciones erróneas o equivocadas. Que por supuesto luego terminan cayendo por su propio ´peso. Y Argentina en este rubro parece estar siguiendo el ejemplo bolivariano.

Todo el mundo habla también de la revolución energética que ha permitido, entre otras cosas, que los venezolanos paguen prácticamente cero por el combustible que consumen a diario. Algunos datos relevantes que ayudan a ilustrar las dificultades en el tema: Venezuela produce hoy menos de tres millones de barriles de petróleo por día. Menos que Irak, país otrora gran productor que todavía está tratando de recuperarse de una guerra de diez años. Y con una empresa petrolera estatal que cuenta con una nómina de 120.000 empleados, contra los 23.0000 de hace una década cuando se producía mucho más que ahora.

No solo eso. Se ha creado una dependencia tal del petróleo y de su renta, a nosotros nos pasa lo mismo en menor medida con la soja, que se ha desestimulado el normal funcionamiento del resto de la economía. Nadie quiere trabajar, para que hacerlo si se puede vivir regiamente del estado, ni nadie quiere invertir, lo que ha provocado que el sector industrial hoy se haya visto reducido a la mitad de lo que era cuándo Chávez llegó al poder.

Quienes siguen la economía de cerca dicen que pone los pelos de punta ver como el trabajador venezolano ha ido perdiendo sus calificaciones en el tiempo. Como dato anecdótico, hoy Venezuela importa hasta pan desde Colombia. Si, leyó bien, ya ni el pan de cada día se hace en Venezuela, hasta de eso se han olvidado cómo se elabora.

La lista de desaguisados es eterna y necesitaríamos mucho más que este espacio de hoy para enumerarla, solo queda disimulada por el tremendo gasto realizado en subsidios y ayuda social que aun así no ha sido suficiente como para equiparase con lo que anónimamente –sin estridencias- han logrado sus vecinos.

El milagro venezolano no existe. Y se volvería insostenible si el precio del petróleo bajara solo unos pocos dólares de los niveles actuales. Los dirigentes de nuestro país deberían revisar un poco más seriamente los fundamentos del modelo bolivariano antes de abrazarlo con tanta pasión. Un modelo que mezcla algunas buenas intenciones, con corrupción, desmanejo, y sobre todo con mucha ignorancia. En su estado actual, le llevará varias generaciones a Venezuela volver a tener un funcionamiento de país normal. Por la dirección que hemos tomado, al menos por ahora, parecería que a nosotros muy probablemente nos pase lo mismo. Es que los arboles nunca crecen hasta el cielo.

Francisco, líder positivo

¿Un desafío al populismo en América Latina?

Argentina tiene un nuevo campeón, tal vez el más grande que haya tenido y habrá de tener en toda su historia. Francisco es el campeón de los humildes, de los modestos y de los necesitados. Francisco es muy rico, no porque tenga mucho sino porque no necesita casi nada, solo nuestro perdón. Y nuestras plegarias.

Como dijo el teólogo brasileño Boff, el nombre Francisco es de por si un programa de gobierno. Un programa nuevo y renovado que la Iglesia necesita con desesperación. Muchas y muy positivas son las expectativas que se han puesto en este nuevo Papa, pero si hay un lugar donde no quedan dudas va a dejar una huella profunda y duradera es en la Iglesia.

Muchos anhelan no solo eso, sino mucho más. No son pocos los que ya hablan de un Francisco que habrá de jugar en América Latina un rol muy parecido al que le cupo al polaco Juan Pablo II en la caída de la cortina de hierro en Europa del este. De él se espera que, además de revertir la incómoda situación en que ha sido puesta la Iglesia gracias a los desmanejos de la Curia, se ocupe también de luchar contra los regímenes populistas que hoy amenazan con arrasar lo poco que de las instituciones en la América Hispana.

Tal vez sea mucho pedir para un hombre de 76 años. Pero es muy posible que sus mensajes, simples, directos, pero llenos de contenido, puedan construir la barrera moral necesaria que le ponga coto a la cabalgata descontrolada de algunos de los líderes populistas que nos han tocado en suerte en la región en esta última década.

Líderes que, como Cristina Kirchner, cabalgan sobre la confrontación, la crispación, el conflicto, la intolerancia, la intransigencia y el autoritarismo. Un estilo a contramano de otro, el del Papa Francisco, al que estos mismos líderes escucharon decir el martes pasado, en vivo y en directo, que ¨el odio, la soberbia y la envida, destruyen la vida¨.

Líderes que no entienden a Francisco, o que escuchan lo que quieren escuchar. El intelectual Jose Feinmann, por lo general vocero fiel de las opinión de la Presidenta, dijo horas después de la primera homilía papal que “Cristina se está jugando la apropiación de Francisco”. ¿Pensará Feinamnn, y todos los que piensan como él, que Francisco no solo es comprable sino que además, aunque más no sea en el fondo, tiene las mismas ideas y creencias?

Dicen que la primera reacción siempre es la que vale, y la reacción del kirchnerismo frente al nombramiento de Francisco como Papa fue cuanto menos desafortunada. Ahora, por conveniencia o por renovada convicción, han decidido alinearse detrás de Francisco. El Papa seguramente no le dirá que no a una oveja descarriada que quiere sumarse nuevamente al rebaño. Ni siquiera la mirará con desconfianza.

Pero quede claro, aun cuando decidieran cambiar para bien el estilo y las políticas que han venido practicando todos estos años, las que bien podrían ser definidas como de liderazgo negativo, nunca podrán superar el altísimo listón moral que el nuevo Papa les ha impuesto. El relato tal como lo hemos conocido hasta ahora ha muerto y Cristina deberá encontrar alguna nueva forma de encantar a las multitudes. La de pegarse a Francisco no parece ser una alternativa válida. Probablemente nunca lo haya sido.

La salida de la brasileña Vale: cuando ir por más es menos

Cuando un gobierno se queda sin respuestas

Francisco Pérez, gobernador de Mendoza, dijo: “Cristina Kirchner me dijo que vamos por más, que el proyecto se hará con o sin Vale”. Se refería así al anuncio de ayer, cuando la compañía brasileña Vale, una de las más grandes productoras mundiales de mineral de hierro, anunció que suspendía su proyecto de potasio en Mendoza. Vale llevaba invertidos en este emprendimiento, conocido como Río Colorado, unos dos mil doscientos millones de dólares y le quedaban por in-vertir unos cuatro mil más.

De Vido fue más cáustico y se refirió a la cuestión con un exabrupto que día a día lo acerca más a la agresiva dialéctica bolivariana. Según De Vido, Vale, la segunda empresa más grande de Brasil donde el estado es un socio importante, “quiere robar y expoliar a los argentinos”. Mientras lo de Francisco Pérez sonaba a amargura y resignación, lo de De Vido era una expresión de rabia pura. Tal vez porque se dio por aludido al escuchar las razones dadas por la compañía para parar el proyecto, la que alegó un incierto marco macroeconómico, alta inflación, altísimos costos y un tipo de cambio poco competitivo.

O Globo de Brasil fue tal vez el vocero no oficial de aquel país frente al anuncio. El principal diario brasileño que la decisión se debía al “clima antinegocios” y a “la cultura económica de presión del gobierno”. Otro motivo de enojo para De Vido.

Cristina tenía pensado reunirse con Dilma Rousseff hace unos días para tratar el tema, pero ese encuentro nunca se concretó porque fue cancelado debido a la muerte de Chávez. Se esperaba que en esa reunión Cristina lograra convencer a Dilma para que intercediera ante Vale para evitar una decisión hoy ya tomada.

La suspensión de este proyecto tiene consecuencias muy negativas para Mendoza, con una pérdida potencial de entre seis y once mil puestos de trabajo directos e indirectos, dependiendo de cuáles son los proveedores tenidos en cuenta. Para el gobierno nacional, lo negativo del anuncio deja traslucir lo que todo el mundo sabe y nadie se atreve a decir. Que salvo entre la espada y la pared, hoy no hay nadie en el sector privado que quiera invertir un peso en la Argentina. Y que un proyecto de tal magnitud está condenado a dormir el sueño de los justos por unos cuantos años en el mejor de los casos.

Desnuda además otra cuestión no menor. Lo precario de nuestra relación con Brasil, la que habría sufrido otra traspié en los últimos días cuando el gobierno vecino se enojó con el nuestro a raíz de la presión que la petrolera brasileña Petrobras estaría sufriendo por parte de funcionarios argentinos, interesados en que ésta le venda sus activos locales al empresario favorito de Cristina, Cristóbal López.

El affaire Vale pone al descubierto el agotamiento de un modelo que pretende apalancarse puramente en el gasto y la inversión pública, y en total desmedro del sector privado, al que miran no como generador de trabajo y bienestar sino como agentes de los cuales se puede extraer renta. ¿Estará el estado en condiciones de ser el único generador de riqueza en los tiempos que vienen? La respuesta es obvia.