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18 de mayo de 2012

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Patrones poco saludables

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¿Cuál es el problema de tener como ideales de belleza a mujeres cuyo peso no es saludable?

Por Agustina Quiroga
aquiroga91@gmail.com 

Un meme (publicaciones de un blog que se van transmitiendo a otros y alcanzan grandes audiencia) que se difundió por toda la blogosfera fue la foto en la que se comparaba a 4 íconos de belleza de hoy, caracterizadas por su flacura extrema, con los de otras décadas, bajo la pregunta: “¿Cuándo esto se convirtió en más sensual que esto otro?”. Esta pregunta se repite en la cabeza de muchas mujeres.

La delgadez extrema como indicio de que alguien es “lindo” o tiene buen cuerpo es algo actual. Mientras que en 1921, la primera mujer en ganar el concurso  Miss América tenía un Índice de Masa Corporal (IMC) de 21, hoy la mayoría de las modelos poseen uno de 18 o inferior. La Organización Mundial de la Salud establece que un peso sano es aquel que hace que el IMC de entre 18 y 25. Es decir, pasamos de estar al límite de lo que es un peso saludable cuando antes estaba situado en la media. De lo sano, hoy se promociona enfermedad.

Actualmente, ser flaco representa lo opuesto a lo que antes significaba. La gordura era símbolo de “buena alimentación”, de prestigio, de clase, y las mujeres y hombres flacos eran sinónimo de pobreza, hoy es al revés.

Así, las actrices y modelos de antes no pesaban 40kg, sino que tenían, digamos, sus rollitos, sus curvas. Tal era el  caso de Marilyn Monroe, cuyo cuerpo no se compara con los esqueléticos de hoy en día.

¿Cuál es el problema de tener como ideales de belleza a mujeres cuyo peso no es saludable? Cuando se pone como patrón de lo que es bueno algo que no lo es uno termina pensando que sí lo es. Uno puede terminar, especialmente las mujeres más jóvenes, verse influenciadas por este patrón al que desesperadamente intentan llegar, aunque eso signifique poner en riesgo su salud. La anorexia y la bulimia son las enfermedades a las que se termina exponiendo a una sociedad.

En nuestro país, la influencia de estos ideales de belleza es mucho mayor que en otros países. La presión social por “ser flaco”, aunque la mayoría del país esté lejos de la delgadez, existe y es un tema de conversación constante, sobre todo entre las mujeres. La Argentina es el segundo país, superado solo por Japón, en anorexia y bulimia. Según la senadora Haidé Giri, uno de cada diez adolescentes sufre de estas enfermedades.

Las campañas publicitarias argentinas venden el prototipo de modelo raquítica, mientras que en otros países se busca justamente evitar que se venda ello. En España, se tomaron medidas para evitar justamente que se venda la delgadez extrema como producto. De hecho, la Pasarela Cibeles fue noticia en todo el mundo dado que exigía a las modelos pesarse antes de poder desfilar.  Si su peso no era el ideal, no se las dejaba trabajar.

Del mismo modo, los medios de comunicación ayudan en esta campaña de concientización.  Una nota del diario El País cuestionaba el triunfo de la quinceava edición del concurso norteamericano America’s Next Top Model, de Ann Ward, una joven que mide 1,88 mm y pesa 45 kg: “Esta chica es modelo, ¿modelo de qué? Nos preguntamos”.

Estamos lejos de parecernos a España, aunque hemos hecho varios progresos en los últimos años. La sanción de la Ley de Obesidad es un gran avance. Ahora, es sólo un paso.

Cambiar la imagen a la que la mujer debería parecerse debería ser el que sigue. Si bien, como sociedad, parece que estamos mejor, hasta que el producto comercial no sea la modelo esquelética sino alguien más parecido a la mujer normal, el problema persistirá. Un mejor mensaje para empezar a transmitir debería ser algo similar a lo que recomendaba una nota en la página web Víctimas del Espejo: “Una cosa es estar ocupado en tener un cuerpo agradable y saludable y otra caer en la obsesión para conseguir el cuerpo perfecto e inaccesible que impone la sociedad”.