El Entre Rios Digital :: elentrerios.com el diario con las noticias de la ciudad y el mundo.

18 de mayo de 2012

Headlines
Usted esta aquí: Columnistas Andrea Cattani Eliminar la pobreza, eliminando a los pobres

Eliminar la pobreza, eliminando a los pobres

Correo electrónico Imprimir PDF


Frente a la deslumbrante propuesta de gobernantes, legisladores y ONGs de varios países del mundo de “igualar” a ricos y pobres repartiendo anticonceptivos e intentando a diestra y siniestra legalizar el aborto, intento dilucidar si dicha igualdad de oportunidades es tal.

Les presento parte de un material publicado hace ya varios años por el diario La Voz del Interior:

En 1985, Estados Unidos y los países desarrollados de Europa decidieron que el inicio de un nuevo ser humano se determinaba en el momento en que el embrión se fijaba en la pared superior del útero de su madre (endometrio), alrededor de siete días después de la concepción. La concepción es entendida como el proceso que culmina con la fusión del óvulo y el espermatozoide en una nueva célula. Es decir que en estos países, el embrión humano está desprovisto de la protección inherente al ser humano hasta la anidación en el útero de su madre.

El resultado de este cambio ha sido la destrucción de embriones “sobrantes” en las técnicas de fecundación in vitro y de otros tantos que se gestaron al sólo efecto de que sus células puedan ser usadas como repuesto biológico para otras personas. Se gestan seres humanos a los que destruyen de inmediato para usar sus células germinales en terapia de personas ancianas.

Por haber corrido en forma antojadiza el comienzo de la vida, ahora mismo vemos que carecen de argumentos contundentes para oponerse a la clonación de personas porque el embrión clonado y no implantado en el endometrio no es, para ellos, un ser humano protegible.

Más aún, al no protegerse la vida de un ser humano desde la concepción sino desde la anidación del embrión en el endometrio, la industria de los laboratorios comenzó a producir anticonceptivos que no impedían siempre la concepción, pero que sí alteran químicamente el endometrio haciéndolo no receptivo para que el embrión se implante.

En 1995, en el Foro de Belaggio (Italia), el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud -ambas al servicio de las estrategias de los países desarrollados que los solventan- reúnen y exigen a los países subdesarrollados de América latina que autoricen las “píldoras del día después”. Se trata de la continuidad de la permanente obsesión de los países ricos de detener en la forma que sea el crecimiento poblacional de los países en vías de desarrollo, por el riesgo que temen de que cambie el eje del poder en el mundo.

No podemos olvidar que para la filosofía que domina las estrategias del Banco Mundial, la forma más eficaz y económica de eliminar la pobreza, es eliminar a los pobres. Si no, basta recordar las palabras del presidente Lyndon Johnson en la Asamblea de las Naciones Unidas, cuando afirmó que no podían olvidarse que “cinco dólares por cada pobre en anticonceptivos, representaban 100 dólares por cada pobre en proyectos de desarrollo”.

A partir de 1995, el Banco Mundial exigió para conceder créditos la autorización de la píldora del día después”, lo que explica que en 1996, Argentina la autorizara. También explica que, entre 1996 y 1999, nuestro país haya recibido del Banco Mundial casi 20 mil millones de dólares. Esa cifra lo convierte en el país que más fondos recibió, después de China. Además, esos fondos correspondían a las 44 naciones más pobres y hambrientas del planeta y se desviaron a la Argentina, uno de los principales productores mundiales de alimentos. Sólo el 60 por ciento de ese dinero se invirtió en los destinos que se prefijaron, habiéndose diluido el restante 40 por ciento vaya a saber dónde.

Se preguntará el lector cómo han hecho los laboratorios para vender en la Argentina la “píldora del día después” y decenas de anticonceptivos orales, así como dius que tienen el efecto confesado por sus fabricantes en Europa y los Estados Unidos de destruir el embrión humano, alterando el endometrio y evitando así que el niño concebido anide en el útero de su madre.

Ha sido tan burda la maniobra que una familia puede, por Internet, ingresar a cualquier laboratorio extranjero y ver una composición de drogas como las que contiene el seudo anticonceptivo que toma en la Argentina.

Podrá observar con sorpresa e indignación que allí los laboratorios venden los fármacos, con el mismo nombre comercial y las mismas composiciones hormonales. Cuando describen los mecanismos de acción, les dicen a los consumidores claramente que una de las acciones del fármaco es impedir que el embrión anide en el endometrio.

Pero cuando esos mismos laboratorios lo venden aquí, desaparece toda referencia en la descripción de los mecanismos de acción respecto al efecto abortivo al destruirse el embrión por alteración del endometrio.

Hoy también reciben estos fármacos y dius los sectores más humildes, llegando así por fin la tan apreciada “igualdad de oportunidades” de poder planificar una familia como lo hacen los sectores medios y altos de nuestra sociedad.

Lamentablemente, no se trata de la igualdad de oportunidades que todos merecemos para planificar una familia: tener acceso a la salud y a la educación (pero de la misma jerarquía que la gente de más recursos), una vivienda digna y un trabajo en el que no sean esclavos.

La igualdad de oportunidades que se quiere mostrar es más aparente que real porque los humildes sólo han alcanzado a las familias de clase media y alta en la triste posibilidad de matar a sus propios hijos sin saberlo.

Con la misma estrategia de generar lástima por los pobres –a los que en realidad aborrecen- se está imponiendo el aborto legal en muchos países del mundo.

No nos dejemos engañar. Nadie podrá cambiar que la vida comience en el momento mismo de la concepción (unión del óvulo y el espermatozoide). Allí queda conformada la carga genética que lo distinguirá de cualquiera de nosotros. A partir de entonces tiene derechos. Cualquier acción contra él posterior a este momento, es un delito contra un menor, a los que decimos defender con cientos de tratados internacionales.

Somos -para ellos- sólo un maldito negocio.