Tomaselli, un juez que no pudo ser juzgado.
Por Claudia Yauck
claudiayauck@gmail.com
El juez, sentado en el banquillo de los acusados, balbuceó una reseña de su trayectoria judicial, que antes, con aplomo leyó un legislador como para ilustrar a los presentes en la audiencia. No alcanzaron los pergaminos para atemperar los reclamos y tampoco las preguntas morigeradas, casi sutiles y tangenciales de los senadores, para aliviar las tensiones. El juez, cuyo pliego espera desde 2009, salió mejor parado de la audiencia pública que los senadores con su benevolencia. Sin embargo, no le alcanzó para callar el reclamo de las organizaciones sociales que ahora, cumplida la instancia legislativa, irán ante el Ejecutivo con un recurso de gracia para frenar su designación al frente de un juzgado en Concordia, si es que el Senado le presta acuerdo para el cargo.
La audiencia pública que tuvo lugar este jueves, en las que un juez delineó a grandes rasgos su criterio de justicia, estuvo más destinada a evitar el conflicto político y social, que a superar los cuestionamientos de las organizaciones de la sociedad civil.
Frente a ellas, el abogado y aspirante hubiera podido defenderse, lucirse, retractarse y hasta justificarse. Sin embargo, anidó su futuro en la coraza política de los senadores que, sin ánimo de ahondar en el problema, deslizaron, sin repreguntar, un par de cuestionamientos que tocaron, tangencialmente, los temas en cuestión.
El abogado relativizó los cuestionamientos hacia su desempeño por el sólo hecho de que no le fueron plantados personalmente. "Lo que he sufrido ha sido mediático. Personalmente nadie me lo planteó, gracias a Dios", admitió el aspirante a juez a cuya espalda, estaban prolijamente sentados los hombres y mujeres propietarios de tales cuestionamientos públicos.
Tomaselli, se amparó en cierto manual autodidacta que según el "color del moretón da cuenta de cuándo se produjo la lesión", y contó con reminiscencia de una ciencia rudimentaria algunas conclusiones que le permiten diagnósticos sobre hechos de violencia o abuso a lo que sumó que aquellos que abusan de menores cambian los horarios de asistencia a los nosocomios para evitar que los atienda el mismo médico. En fin, un halo de ingenio doméstico atravesó el recinto en medio de esas descripciones tan alejadas del espíritu de las normas y huérfana de todo protocolo de acción.
Como un espadachín, Tomaselli, saltaba entre un párrafo y otro. En otra parte de la provincia transcurría, al mismo tiempo, como ahora, a vida de la niña madre, en cuyo destino, el juez del banquillo, es para siempre una parte.
Los senadores, indulgentes con el propuesto, no repreguntaron, no fueron mordaces y tampoco lo obligaron a ir por sus criterios para los diferentes casos. Por eso Tomaselli pudo, en cambio, rechazar la baja en la imputabilidad de los menores, opinar sobre una reforma al Código Penal, contar de su manual casero de prevención de la violencia y jactarse de que nadie le había reprochado su proceder en el polémico caso de la niña madre de General Campos.
Lo que no aprovechó el candidato, en cambio, fue la única oportunidad que tuvo, organizada especialmente para él, en presencia de la prensa y de sus detractores, de lucirse y reclamar, como buena parte de la sociedad hoy exige, leyes claras que garanticen la igualdad ante la ley frente al abuso, la vejación el dolor, y la trata y de pedir definiciones políticas que tiendan a terminar con la lacra de la violencia de género, el abuso de los niños, la explotación infantil y un sin fin de males que habitan en las guaridas del silencio.
"Si dañan a una, nos dañan a todas" dijeron mujeres guatemaltecas que se sumaron a las organizaciones sociales provinciales y nacionales que rechazan la designación de Tomaselli, que este jueves, con su divagar frente a la comisión de Asuntos Constitucionales, ató de manos a los senadores.
Osvaldo Bodeán, periodista, columnista de este diario, tiene una clara posición sobre estos temas. Y conmueve discutirlo con él porque arroja, con su mordaz inteligencia, una posición contundente y firme que mueve, con convicciones, otras posiciones igualmente firmes, quizás, pero distintas. Así como he podido apreciar en él esa entereza, me hubiera gustado escucharlo hoy al candidato de Concordia. No sólo porque el cargo al que aspira es un tema de todos, sino porque de sus convicciones penderá la vara con la que imparta la Justicia.
No es tema hoy, en esta columna, la cuestión del aborto en sí mismo. Sino, caminar sobre los vacíos legales que dejan a muchos librados a quién sabe qué destino. Este jueves, Tomaselli y los senadores hubieran podido escoger otros caminos: Agotar las preguntas, sacar las dudas, dejarlo hablar e invitarlo a que lo haga, ponerlo en una situación difícil para que demuestre cuán hábil es con la ley y sus mandas, porque en definitiva, este hombre, que está a un paso de ser juez, no lidiará en su juzgado con problemas que se acomoden a su suerte, sino con aquellos que acontecen, sin preguntar a quién le toca la causa.
Los insultos de las mujeres y hombres de las organizaciones sociales pusieron fin al encuentro y fueron la nota de la jornada. Se escuchaban en el recinto y en los pasillos, a pesar de que no sumaban medio centenar de personas. Ahí también se escabulló Tomaselli, el juez que no pudo ser juzgado.


