Por Claudio Maulhardt
El resultado de las cuentas públicas en 2011, anunciado durante la semana por el Ministerio de Economía, que dirige Hernán Lorenzino, muestra una profundización del déficit primario respecto de 2010. El déficit primario, que contabiliza ingresos operativos menos gastos operativos, superó 8 mil millones de pesos en diciembre y 18 mil millones en el año. Por su parte, el déficit financiero, que suma a lo anterior el pago de servicios de la deuda, alcanzó en diciembre 22 mil millones de pesos y superó en el año 53 mil millones. Diciembre posee una estacionalidad negativa, por cuanto en tal mes recaen el pago del aguinaldo y, este año, el pago del servicio del cupón ligado al crecimiento del PBI, que insumió unos 2.500 millones de dólares y en 2010 no debió pagarse.
El déficit global del sector público orilló así el 2.7% del PBI. Paso a paso ha vuelto a instalarse el déficit fiscal, aunque los anuncios oficiales lo nieguen. Es que así como en el INDEC se manipulan las estadísticas, a nivel del Tesoro se utiliza la “contabilidad creativa” como artificio para ocultar el real deterioro de las cuentas fiscales. No se trata de una novedad de 2011. Tampoco de un engaño grosero como los que gesta el INDEC. De lo que se trata es de la contabilización de algunas fuentes de financiamiento como ingresos corrientes.
La distribución de ganancias del BCRA y la transferencia de utilidades de la ANSES constituyen las dos fuentes más relevantes de financiamiento para el Tesoro Nacional. Registrar una fuente de financiamiento como ingreso corriente revela cierta osadía contable.
Esto es lo que explica por qué, al momento del anuncio, Lorenzino mostró cifras bien distintas de las mencionadas más arriba. Tan distintas que en lugar del precitado déficit primario destacó un superávit de 4.900 millones y en lugar de 53 mil millones de pesos de déficit financiero subrayó que el mismo fue de 30.600 millones. Una “nimia” diferencia de 23.000 millones que no por casualidad coincide con el superávit del sistema de seguridad social.
El principal problema de esta contabilidad radica en que las ganancias de la ANSES no constituyen recursos de libre disponibilidad. Por el contrario, constituyen recursos que deberían destinarse a capitalizar el sistema, en lugar de ser transferidos al Tesoro. El hecho de que en la actualidad el ingreso de recursos supere con holgura las obligaciones del sistema previsional no significa que el sistema sea sustentable en el tiempo. En el futuro la ANSES deberá pagar a más jubilados. Si en lugar de ahorrar para ese momento el organismo asigna los recursos actuales al financiamiento de gastos corrientes del Tesoro, sólo cabe concluir que las jubilaciones futuras estarán de antemano condenadas a sufrir.
En la misma línea apunta el exagerado énfasis puesto por el Ministerio de Economía sobre los logros en materia de desendeudamiento. Es cierto que se han reducido el monto de la deuda en poder del mercado y el monto de la deuda como porcentaje del PBI. Pero también es cierto que el monto nominal de la deuda sigue en ascenso, como cabe suponer en un país con déficit fiscal. Como el mercado no nos financia, pero sí lo hacen el BCRA y la ANSES, el desendeudamiento esconde el hecho de que se está transfiriendo deuda desde un tipo de acreedor, el privado a quien se le paga, hacia otro, la agencia del sector público que acumula reclamos contra el Tesoro que se suponen de renovación automática. En otras palabras: un “pagadiós”.
Igualmente, mostrar como un logro la caída del tamaño de la deuda pública en términos del PBI esconde el hecho de que el atraso cambiario licua el tamaño de la deuda en dólares, un beneficio visto el larguísimo plazo de la deuda en tal moneda podría no resultar permanente.
Aun en su versión más benévola, el superávit primario de 4.900 millones del sector público quedó muy por debajo del superávit de 24 mil millones que se preveía en la Ley de Presupuesto de 2011, pese a que tanto la tasa de crecimiento del producto como la tasa de crecimiento de los ingresos superaron con holgura los supuestos tomados en cuenta para su confección. Con tal antecedente, cabe preguntarse cómo hará el Tesoro para alcanzar en 2012, un año de menor crecimiento, la ambiciosa meta de 46.000 millones de superávit primario. Máxime cuando la legislación en vigencia no permitirá tomar demasiados recursos del BCRA, pues las reservas de libre disponibilidad han sido agotadas.
Los recortes de subsidios y la suspensión del plus anual para los empleados públicos son parte de la respuesta. Una respuesta que a fin de año encontrará al lector con su bolsillo enflaquecido.


